Pier Paolo Pasolini o el sombrío discurso de la perversión

Yo empezaría diciendo que Pasolini no era un provocador, es decir, alguien que sin arriesgar nada se limitaba a hostigar al orden y la ley, sino un continuo querellante, es decir, alguien que en cada momento asumía el riesgo de su propia destrucción, el riesgo del castigo, y que miraba de frente a la muerte, entendida ésta como el grito de su deseo, en los dos sentidos del término: el riesgo como lo que da valor al deseo y al mismo tiempo como lo que hay que pagar por el deseo. Es por eso que, acerca de su muerte, pienso que fue lo más significativo y ejemplar de toda su vida.

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Los encargados

Este vídeo fue grabado en la madrugada del 14 de agosto de 2012 y presentado como pieza central de la exposición Los Encargados, una acción artística de Jorge Galindo (1965) y Santiago Sierra (1967), dos artistas que quisieron señalar de esta manera a los responsables de la situación límite española.

El cine no es la vida ni tiene que ver con ella

arrebato

El tiempo no pasa para el buen cine, créanme. Lo he podido comprobar, una vez más, al visionar recientemente la película Arrebato, de Iván Zulueta, un film que acaba de cumplir nada menos que 34 años. Inicialmente, “Arrebato” fue concebida por el inolvidable cinesta y artista vasco como un cortometraje, pero el guión fue creciendo y el arquitecto Nicolás Astiárraga le ofreció a Zulueta medios económicos para convertirlo en un largometraje que, en principio, debía estar finalizado en quince días.

Pero esas dos semanas se sobrepasaron con creces y, lógicamente, el presupuesto inicial se multiplicó por cinco. La falta de dinero a mitad del rodaje y el caótico ambiente que se generó durante la filmación provocó la huida de varios técnicos. No obstante, el film logró terminarse gracias a una subvención ministerial, pero el público –no así la crítica– la recibió con indiferencia. El aumento en el presupuesto de producción supuso, según cuentan, la ruptura del realizador con Astiárraga, y al mismo tiempo, el inicio de la fama de Zulueta como director maldito.

“Arrebato” es la película más insólita del cine español de finales de los años 70. En su momento me pareció absolutamente única; hoy, situados en una perspectiva que nos aleja un poco pero que enriquece nuestra visión, la revisitamos con no menos interés, si bien situándola ya en su contexto cultural –en el que se inserta con un grado menor de excentricidad–, y apreciando más claramente su ironía.

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