Sylvia Plath: la tragedia, los hombres y la muerte

A los 30 años, un 11 de febrero de 1963, Sylvia Plath, habiendo sellado las puertas del cuarto de sus pequeños Frieda Y Nicholas con sumo cuidado y dejando al lado de sus dos pequeños, sus vasos de leche, abrió la llave de gas y metió la cabeza en el horno, tomó todas las precauciones para que el escape de gas no dañara a sus hijos, y terminó así con su existencia.

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El escritor mexicano Juan Rulfo cumple su centenario

Hoy martes 16 de mayo se cumplen 100 años del nacimiento del escritor Juan Rulfo, en Sayula, estado de Jalisco, México. Con una obra muy breve, sólo dos títulos extraordinarios, puros, pegados a la tierra mexicana, es reconocido desde sus primeras publicaciones como uno de los más grandes autores de la literatura en castellano, y de la literatura contemporánea en general.

En su novela Pedro Páramo, Juan Rulfo descubre la belleza recóndita en un paisaje desolado, de seres solitarios

 

A Juan Rulfo (Apulco, Sayula según otros, Jalisco, 1917-1986) le bastó una novela, Pedro Páramo, y un libro de cuentos para ocupar un lugar de privilegio dentro de la literatura. Creador de un universo rural inconfundible, el narrador plasmó en sus narraciones no sólo las peculiaridades de la idiosincrasia mexicana, sino también el drama profundo de la condición humana. El llano en llamas (1953) reúne quince cuentos que reflejan un mundo cerrado y violento donde el costumbrismo tradicional se desplaza para vincularse con los mitos más antiguos de Occidente: la búsqueda del padre, la expulsión del paraíso, la culpa original, la primera pareja, la vida, la muerte.

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Pedro Páramo se publicó en 1955, dos años después de los relatos de El llano en llamas. En el arranque de la novela, Juan Preciado promete a su madre en el lecho de muerte ir en busca de su padre, Pedro Páramo, un pequeño cacique pueblerino a quien no conoce. «El olvido en que nos tuvo cóbraselo caro» le dice ella, y Juan parte hacia Comala, un pueblo imaginario que es el verdadero protagonista de estas páginas.

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Los ochenta mundos de Julio Cortázar

Hace sólo cuatro años se conmemoraron los cincuenta de la publicación de un libro que quizás sea el más conocido del escritor argentino Julio Cortázar: su novela Rayuela,  publicada por Editorial Sudamericana en junio de 1963, la cual se convirtió, entre otras cosas, en una de las principales obras que contribuyó al boom latinoamericano. 

Desde el principio, Rayuela fue para los lectores una novela diferente. Para empezar, y de un modo sorprendente, el autor de la novela planteaba dos modos de leer el texto, según fuera el orden de los capítulos que el mismo proponía.

En varias manifestaciones contemporáneas a la publicación de la que muchos han considerado su obra más reveladora, Julio Cortázar comentó que él no quería engañar al lector sino que su propósito era escribir una contranovela, lejos de los cánones de la novela, que no se pareciera a las novelas y que fuera distinto a todo lo que él había escrito hasta entonces, fundamentalmente relatos y escritos de aluvión.

Rayuela se convirtió, lentamente, en un éxito mundial. A mediados de los noventa, contra el pronóstico de que el tiempo pasado había enterrado la obra de Cortázar, con el boom latinoamericano bastante desacreditado, hubo una campaña sostenida por algunos editores, artistas y figuras del mundo literario como Carmen Balcells y Aurora Bernárdez, que emprendieron una campaña, con el lema Queremos tanto a Julio, para difundir su obra. Aquello significó la vuelta de Cortázar a las estanterías.

Por otra parte, Julio Cortázar ya había ganado antes de su novelas un sólido reconocimiento por sus cuentos, los cuales han creado escuela por sus propuestas sorprendentes y por su aprovechamiento de los recursos del lenguaje coloquial. Sus escenarios fantásticos e inquietantes pueden emparentarse con algunos de los relatos de su compatriota Jorge Luis Borges.

El ritmo del lenguaje recuerda constantemente la oralidad y, por lo tanto, el origen del cuento: leídos en voz alta cobran otro significado. Lo curioso de estos relatos es que el lector siempre queda atrapado y a pesar de la alteración de la sintaxis, de la disolución de la realidad, de lo insólito, del humor o del misterio,  reconstruye o interioriza la historia como algo verosímil.

Entre las colecciones de cuentos más conocidas se encuentran Bestiario (1951), Las armas secretas (1959), uno de cuyos relatos, El perseguidor, se ha convertido en un referente obligado de su obra; Todos los fuegos el fuego (1966); Octaedro (1974), y Queremos tanto a Glenda (1981). Tambien hay que citar -ya lo hemos hecho parcialmente-  el relato y el ensayo imaginativo de difícil clasificación, entre ellos, Historias de cronopios y de famas (1962), La vuelta al día en ochenta mundos (1967) o Último round (1969).

La vuelta al día en ochenta mundos

Estas dos últimas obras  han sido consideradas, desde su aparición, clásicos ejemplos de la anarquía textual cortazariana, pues aparentemente fueron libros “armados” sin seguir una composición previa, mezclando diferentes y  géneros y estructuras literarias, en contraste entre ellas. Además de su componente literario obvio, los libros tuvieron una estructura artística novedosa porque a la exposición literaria se añadió un importante y atractivo ingrediente visual, integrado por un conjunto de imágenes de diversos géneros y estilos. El responsable de esta composición visual fue Julio Silva, diseñador gráfico, artista plástico y gran amigo de Julio Cortázar, presente en casi toda la organización y diagramación de la obra cortazariana (….).

En la edición de bolsillo, de formato más pequeño, no fue posible mantener los efectos visuales que fueron diagramados en las primeras versiones, y en diversas ocasiones se sacrificó la idea original de Cortázar y Silva en aras de que los libros fueran económicamente más accesibles.

En La vuelta al día en ochenta mundos y Último round, Julio Cortázar publicó por primera vez algunos de los textos que son ahora canónicos de la literatura latinoamericana en el género del ensayo y la prosa poética, como “Para llegar a Lezama Lima”, “Del cuento breve y sus alrededores” y “/que sepa abrir la puerta para ir a jugar”. En ellos, Cortázar hizo una crítica y balance de las letras latinoamericanas, confesó su deslumbramiento por Paradiso y reveló su admiración por su autor; además, señaló la ausencia de la producción de prosa erótica en Latinoamérica, falta que intentó compensar con la publicación de Tu más profunda piel, donde concretó literariamente sus reflexiones sobre el erotismo.

También fueron incluidos en estos volúmenes algunos cuentos inéditos y otros que habían sido publicados en revistas desaparecidas: “Tema para san Jorge”, “La caricia más profunda”, “El país de los cronopios”, “Silvia”, “El viaje” y “Siestas”, casi todos de filiación fantástica, donde la realidad cotidiana es interrumpida por una anomalía inexplicable que modifica arbitrariamente el curso lógico de los acontecimientos. En estos libros, Cortázar exorcizó dos episodios ligados con su origen argentino.

Desde su publicación, La vuelta al día en ochenta mundos y Último round han estado cubiertos por un velo de misterio con respecto a su fabricación. Ante la imposibilidad de encasillarlos en un solo género o estructura, la crítica los ha llamado de diversas formas: “volumen cronopiesco”, “libros complementarios”, “libros mosaico”, “libros-collage” y “almanaques literarios”. Las declaraciones hechas por Cortázar y Silva, afirmando que los libros fueron “ensamblados” de forma “espontánea” y “natural”, reafirmaron desde su aparición la idea de que ambos fueron creados improvisadamente, sin un patrón previo.

La vuelta al día en ochenta mundos surgió de una mezcla heterogénea de materiales literarios e imágenes visuales, y fue la respuesta a la petición de Orfila Reynal, director de la entonces joven editorial Siglo XXI; el éxito de este primer texto, elaborado al alimón entre Cortázar y Silva, determinó la creación de Último round, que incluyó textos más recientes e información biográfica novedosa. En estas páginas está aún vital el conflicto universitario del mayo parisino de 1968 (“Noticias del mes de mayo”) o el drama de la guerra de Vietnam con sus imágenes bélicas y sus víctimas cotidianas (“Vuelta al día en el tercer mundo”). Cada uno de estos textos es una excusa para tejer temas, estructuras y estilos sin relación aparente (…) [Marisol Luna Chávez]

Rayuela

Pero es precisamente lejos del relato corto donde reside la huella revolucionaria e irrepetible que Julio Cortázar dejó en la literatura en lengua española, desde su novela inicial (Los premios, 1960) hasta la amorosa despedida textual de Nicaragua, tan violentamente dulce (1984).

El momento álgido de esta propuesta innovadora que aniquilaba las convenciones genéricas fue la escritura de Rayuela (1963).

Protagonizada por un álter ego de Cortázar, Horacio Oliveira, Rayuela narra el itinerario de un intelectual argentino en París (primera parte) y luego en Argentina (segunda parte), para agregar, en la tercera parte y al modo de misceláneas, una serie de anotaciones, recortes periodísticos, poemas y citas que pueden intercalarse en la lectura de las dos primeras, según el recorrido que decida el lector, a partir de los dos que propone el autor.

Las desavenencias amorosas entre La Maga y Horacio Oliveira, los conflictos intelectuales de Horacio, una amplia red de referencias culturales, con el jazz en posición preferente, y la invitación a la participación del lector como coautor de esa obra abierta, encontraron en el clima de efervescencia cultural de la década de 1960 su perfecto campo de desarrollo. Rayuela ha quedado así como uno de los emblemas imprescindibles de la cultura argentina de ese momento, en el que la novela de Julio Cortázar ocupó un lugar central y fue objeto de toda clase de asedios y comentarios críticos.

Los discursos literarios, filosóficos, políticos y hasta eróticos que se insertan en la novela se corresponden en gran medida con cuestiones heredadas de la literatura del absurdo, concretamente de autores como Franz Kafka y Albert Camus. Se trata de representar el absurdo, el caos y el problema existencial mediante una técnica nueva. El autor pretende echar abajo las formas usuales de la novela para crear una narración basada en una especie de ars combinatoria infinita por la cual se generan las múltiples lecturas capaces de articular la trama, la intriga, los personajes, el desdoblamiento autor-narrador (dualidad que, sin duda, remite una vez más a Cervantes como creador de la novela moderna) y hasta la reconstrucción de la cronología.

El propio Cortázar declaró que quería superar el falso dualismo entre razón e intuición, materia y espíritu, acción y contemplación, para alcanzar la visión de una nueva realidad, más mágica y más humana. Al final de la novela, en oposición a la novela clásica o tradicional, quedan interrogantes sin resolver: nada se cierra, todo está abierto a múltiples mundos. Cortázar llevó después estos planteamientos estéticos a su novela 62 / modelo para armar (1968), obra que toma su nombre del capitulo 62 de Rayuela, que no se lee si se sigue el orden fijado por el autor. Con el trasfondo político de la situación latinoamericana y de la vida de unos exiliados en París, pero con las mismas inquietudes literarias, publicó en 1973 El libro de Manuel.  © M.E.

La obra de Pierre Michon bordea el abismo existencial

La editorial bonaerense ‘Bulevar’ ha reeditado recientemente “Vidas Minúsculas” y “Rimbaud hijo”, dos afamadas novelas de Pierre Michon. El ‘auteur secret’ francés no sólo publica muy de tarde en tarde, sino que sigue manteniéndose al margen de todas las tentaciones del mundo literario parisino.

Sin duda, hay algo de asceta en esta manera de vivir que tiene que ver con la propia forma en que el autor vive y siente la creación: una cierta tentación por establecer un sentido sagrado con lo escrito, la letra que se preserva del tiempo y de la desaparición, dos temas que podrían obsesionar a Michon. En “Vidas minúsculas” empezamos por el origen, esa infancia, esos recuerdos del tiempo vivido en imágenes a modo de cuadros impresionistas, con colores vivos, y una prosa poética que tiende a la extensión más que a la elipsis, atrasando el instante en que la escritura deja el movimiento para convertirse en fijeza.

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Esto no es una novela sino la purga de mi corazón

Estas son las palabras que Camilo José Cela coloca en el frontispicio de su obra Oficio de tinieblas 5, quizás el más experimental de sus escritos, donde se vale de las más extrañas y abundantes herramientas para acercarse a la descripción, en el sentido más amplio, del oficio de escribir; aunque también es una confesión y un vómito existencial. Y aunque también persigue sus propios fantasmas y vuelca la sabiduría y los consejos de un hombre advertido, de vasta cultura, observador, recolector, socarrón y firme en la brega.

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“El bosque de la noche”, entre la belleza y el horror

En el corazón de El bosque de la noche duerme la Bella Esquizofrénica en una cama del Hôtel Recamier de París. Es Robin: su carne tiene “la textura de la vida vegetal”, su cuerpo exhala “un aroma de hongo terrestre”, su piel es azulada como teñida por un fluido subcutáneo. “Salvaje criatura atrapada en la piel de una mujer”, Robin lleva por todas partes la calamidad y la fascinación, avanzando con paso de sonámbula siempre más allá en su depravada inocencia.

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Hilda Hilst, poeta en una sociedad obscena

“Cuando tierra y flores
sienta yo sobre mi cuerpo,
me gustaría tener a mi lado tus manos,
para guardar después mis ojos dentro de ellas.”

 

Hilda Hilst es una de los protagonistas fundamentales del paisaje literario brasileño y de la lengua portuguesa del siglo XX. Con más de cuarenta libros escritos en verso, prosa poética, dramaturgia y crónica, publicados entre 1950 y 2000, Hilda Hilst es una poeta consciente de sus acciones y palabras, lúcida, culta, con fervoroso amor por la originalidad, toda su obra registra un intenso trabajo del lenguaje y de musicalidad, un imaginario poético donde cuestionamientos metafísicos se mezclan con sucesos de su cotidiano.

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Un cantante desconocido y muerto…hasta ahora

La película sobre la resurrección de Sixto Rodriguez como cantante, cuya actividad había abandonado durante años, fue un trabajo personal del periodista sueco Malik Bendjelloul, desgraciadamente muerto hace tres años. A pesar de todas las dificultades, sobre todo de tipo económico, su empeño y perseverancia en el proyecto de rescatar la figura de Sixto Rodriguez  le permitió llevarlo a término y poco después, en 2013, su película conseguiría el Oscar al Mejor Documental.

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Nick Adams, el ‘alter ego’ de Ernest Hemingway

No tengo dudas al respecto: la cuestión del alter ego es una de las más irritantes para los críticos literarios estamentales. A mí por lo menos me basta con eso para interesarme por ella.
No resulta problemático entender la urticaria crítica frente al asunto: se sabe que los teóricos pretenden extirpar de la “literaturidad” cualquier maleza que la contamine en tanto objeto de estudio, especialmente al autor. De allí que la noción de alter ego quede reducida a una nota de color pocas veces admisible o directamente sea desestimada.
El ego, cualquiera lo sabe, es el punto arquimédico del pensamiento moderno; desde Descartes el ego es la piedra basal desde el cual el hombre puede reconstruir el mundo con certeza. En pocas palabras, el ego es lo único de lo que el hombre puede estar seguro.

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Los antihéroes de Rubem Fonseca

“Mis pasiones duran poco, pero son fulminantes” (RUBEM FONSECA)

La gran aceptación de la obra de Fonseca es indiscutible no sólo en el ámbito del idioma portugués, sino también en el de otras lenguas, como revelan las numerosas traducciones que se han hecho de sus cuentos y novelas. Una amplia obra literaria que ha contribuido decisivamente a la renovación de la prosa narrativa brasileña, caracterizada por una manera de contar que aprovecha y reelabora formas provenientes de la literatura popular como la novela negra, y también las de la novela política, la social, la existencial y la erótica. Su mundo está poblado de personajes –auténticos antihéroes– extraídos de la realidad más sórdida, aunque tratados con una compasión y un humor exquisitos. En el  siguiente artículo –publicado originalmente en la revista “Letras Libres”– Javier Aparicio Maydeu, profesor universitario  y prestigioso crítico literario, nos acerca a la magistral obra del autor brasileño.

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