La contracultura, traída por Frida Khalo y Santa Teresa

Hay dos imágenes muy potentes que pueden invitarnos a descubrir el contenido de ‘A contracultura. Insurrectos, subversivos, insumisos’, de las autoras Ángeles Mateo del Pino y Victoria Galván González. La primera está en la portada de este libro: proviene del acrílico de Trek Thunder Kelly: The Suicide of Frida Kahlo, en el que vemos el rostro de la pintora mexicana travestido en un cuerpo masculino, modelo Calvin Klein en calzoncillos. La segunda está apenas sugerida en el último ensayo del volumen como alegoría para imaginar la mezcla entre placer y dolor: la imagen es un tanto morbosa nos advierte el autor, Santa Teresa como una practicante sadomaso.

En la Kahlo travestida y en Santa Teresa con látigo en mano (o en nalgas) encontramos las imágenes que nos sugieren el contenido teórico de los ensayos que conforman este libro; tenemos dos nombres importantes por su condición, mujeres y disidentes que realizaron la producción poética que hoy las caracteriza, pero tenemos también las obras de estas mujeres que han entrado en la rueda del capital de la actualidad que las engulle y las asume como mercancías culturales. Este libro analiza los significados de eso que llamamos “contracultura” y señala también el comportamiento de las obras “contraculturales” que van de la resistencia a la asimilación una y otra vez, incansablemente como el ave fénix que renace de las cenizas. A la Kahlo travestida y a Santa Teresa sadomasoca se les han agregado nuevos rasgos que las vuelven contraculturales un vez más: performatividad de género en la Kahlo, es decir travestismo femenino o cuerpo del homosexual masculino prostituido, codiciado y vendido como mercancía, y, sexualidad heterodoxa en Santa Teresa, misticismo subversivo que renueva la lectura del deseo sadomasoquista en perspectiva con el juego del poder. Dos nombres expuestos en cuerpos marginales, vestidos y desnudados con el simulacro que confunde tanto como trasciende los límites categorizados para la cultura en turno, trasposiciones a partir de las que se abre un abanico de lecturas y reflexiones desarrolladas en ‘A Contracultura. Insurrectos, subversivos, insumisos’.

Eso que llamamos “contracultura” tiene que ver con cierto espíritu de oposición que se refleja en diferentes obras, comportamientos o prácticas humanas, los temas pueden ser tan variados como se refleja en estos quince ensayos. Cada autor nos abre las puertas para que echemos un vistazo a paisajes poco comunes como las calles de los suburbios sudamericanos en donde se paseaban los homosexuales de barrio que se prostituían durante las dictaduras chilena y argentina, cuerpos vagabundos, cuerpos de la urbe por los que transitan deseo, voz y escritura de Pedro Lemebel y Néstor Perlonger.

En el interior de estos ensayos se tejen diversas historias al margen de la historia universal como la historia de las drogas en el mundo antiguo, donde medicina y magia son una y la misma práctica; o bien, la historia del tratamiento de la eutanasia en el cine a partir de los años setenta cuando aparecen las primeras películas norteamericanas ligadas a temas bélicos y de hospitales, hasta la actualidad con autores como Paul Wendkos, Roberto Bodegas, Clint Estwood y Alejandro Amenábar. Y ligado a este tema tenemos la crítica al ámbito del derecho civil actual en la medida en que se fomenta la mercantilización del dolor con la compensación económica a los “daños y perjuicios”, compensaciones que se persiguen en nuestras sociedades de consumo contemporáneas, como se persigue enfermizamente cualquier entrada de dinero, fomentando así también la figura del victimismo.

En otros ensayos, los autores nos muestran los momentos en los que las personas fueron disidentes o contestatarias, por ejemplo, las mujeres a las que llamaron brujas en la modernidad británica, a las que ahora, a partir de reflexiones como las que aquí encontramos, reconocemos como mujeres que defendieron su dignidad y su entidad en un mundo que las consideraba inferiores; otro ejemplo lo tenemos con la historia de los travestismos femeninos que van desde personajes reales hasta personajes de ficción, en los que se pone de relieve la simulación sobre la que se estructuran los roles de género y de poder de las sociedades. Así también, leemos el artículo que analiza la primera puesta en escena en la ópera clásica en la que se narra el amor homosexual, la ópera de David et Jonathas en 1688. Y así como el autor nos señala el momento contracultural en la historia de la ópera, en otro artículo se señala también el punto contracultural de la poesía de vanguardia, un tanto controvertible, este autor nos muestra el machismo y la misoginia en algunos poemas de Oliverio Girondo, Pablo de Rokha y Nicanor Parra.

Habría que señalar cada uno de los singulares paisajes por los que transitamos en este libro, metrópolis y ciudades capitales que concentran la re­producción cultural contra la cual siempre aparecen disidentes, pero vayamos sobre todo al origen de la contracultura, a saber, a los límites y a las fronteras de esas urbes. Migración y prostitución se encuentran en las zonas rosas y en los suburbios, reconozcamos la literatura como la única elaboración cultural que transita por los márgenes, la literatura se abre a lo marginal por ser ella misma un territorio al límite, así se ha demostrado en los momentos de dictaduras y prohibiciones, en la dictadura franquista de España, en la dictadura de Pinochet en Chile o en el período especial en Cuba donde la “revolución” arremetía contra los homosexuales y disidentes en general. Momentos de horror y marginación de donde nacen obras literarias que acusan y describen los crímenes que quizá nunca hubiesen sido públicos; literatura, quizá la única posible herencia contracultural en medio de la barbarie, producciones literarias donde se desarrollan los vínculos y límites entre la locura, la marginalidad y el posicionamiento político.

Y es que la insurrección y la subversión tienen que ver sin duda con un posicionamiento político que define que algo o alguien son contraculturales. Resulta curioso remontarse al origen de “lo políticamente correcto”, LPC, a finales de los años ochenta en el ámbito académico norteamericano donde se leían pensadores como Michel Foucault, Jacques Derrida o Julia Kristeva. Herederos de estos filósofos y teóricos del lenguaje, los intelectuales norteamericanos quisieron corregir el uso de la lengua, intentaron localizar las expresiones con contenido excluyente, quisieron favorecer a las minorías raciales, a las mujeres y a los grupos de enfermos detectando expresiones que se consideraban ofensivas, proponiendo correcciones o modificaciones al lenguaje “políticamente correctas”, por ejemplo, partiendo de una etimología que se sabe falsa, las feministas propusieron “herstory” en lugar de “history” para evitar el uso del masculino his y ocupar en su lugar el femenino her creyendo que con esta provocación lingüística se daba lugar a la historia de las mujeres en el compendio de historia universal (hombre, heterosexual, blanco y rico) del cual fueron excluidas. Lo que en un inicio pudo tener un origen insumiso, insurrecto y disidente, es decir, contracultural, poco a poco fue dando lugar a confusiones y posicionamientos tan férreos que LPC fue acusado precisamente de aquello que denunciaba: dictadura lingüística.

Querer que la lengua sea neutra, complaciente y diplomática es cualquier otra cosa excepto disidencia, nuestras palabras tienen que vivir vivas en nuestra lengua, no se eluden compromisos públicos ni morales, se asumen al mismo tiempo que se pronuncian y eso nos coloca en la cultura o contra ella, según sea nuestro libre posicionamiento. Es decir, que es más útil y subversivo producir la historia de las mujeres, realizar una historia insumisa y escribir sobre ello es mejor que cambiar la palabra “history” por “herstory”. La reflexión por LPC se presenta en dos artículos de este libro de manera explícita, y así como aquellas imágenes de Frida Kahlo travestida y Santa Teresa de cuero negro recibiendo los latigazos del placer nos pueden servir para imaginar el contenido de este libro, también la reflexión por el lenguaje que excluye, que se revierte y se posiciona sin ser lo políticamente correcto, nos puede servir para comprender las temáticas aparentemente tan variadas que componen estos quince ensayos sobre la disidencia, la diferencia y la insumisión de diversas épocas y culturas. Contraculturas.

Gloria Luz Godínez Rivas

14 Comments

  1. Interesante desarrollo de la contracultura. Me parece que si bien es cierto la literatura incursiona en lo marginal, lo hace para gusto y disfrute de una sociedad de consumo que aun gusta de los circos romanos. No se produce para emancipar.

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  2. Me gustaría recordar que, por lo que respecta a los Estados Unidos, los teóricos de la contracultura presentaron a la juventud como depositaria de la sociedad alternativa. Aunque los acontecimientos estudiantiles propiciaron una mayor expansión contracultural no es menos cierto que, tal y como cantaba Bob Dylan, la respuesta estaba ya en el aire. Con la Beat Generation se desplegarían definitivamente los deseos de marginación, de no integrarse en el sistema porque había que oponerse a las formas de pensar y de vivir de este país, así como a sus planteamientos políticos y a la conformación de la sociedad, llena de puritanismos, prejuicios y convencionalismos.

    Saludos desde California

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  3. La contracultura ha existido, entonces, desde tiempo inmemoriales. Los escritores del realismo mágico, por ejemplo, serían contraculturales (algunos mas que otros). Pero yo me pregunto sobre los símbolos escogidos, que acaban convirtiéndose en iconos casi sin contenido contracultural, al ser asumidos por la Cultura. Y también me pregunto qué habría pensado Santa Teresa de todo esto. Un saludo

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  4. Situada como latinoamericana, en nuestros países la juventud es más protagonista de procesos, sin embargo estos procesos son manipulados, tarde o temprano se constituyen en intereses de otros, o ya lo eran desde su concepción. Pero me refiero especificamente a la literatura y la cinematografía, estudian a los grupos marginales para hacer obras de mercadotecnia. Pero abajo, donde se genera la historia nada cambia… Como dijo un famoso teórico, dejen a los pobres tranquilos que son parte del paisaje, en tanto otro diría: “La pobreza vende”.

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  5. Concuerdo con “Concordia1945”. Uno de los problemas de la contracultura es que no tarda en convertirse, aunque sea a pesar suyo, en cultura (o aspira desde sus orígenes a ser cultura). El capitalismo tiene esa fuerza, es capaz de asimilar la crítica y transformarla en una producción más, un producto más. El cinismo actual de algunos artistas es un ejemplo extremo. La literatura ¿puede escapar a ello? Hoy día, el trasvestismo, la transexualidad, me parecen ser la punta de lanza de la contracultura (pienso en Pedro Lemebel). Hay algo en ellos que nos inquieta, que provoca incomodidad, que no logramos entender, aprehender. Todavía viven en el margen, pero ¿hasta cuándo?

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  6. En este sentido me parece que la contracultura no alcanza a constituirse en movimiento dialéctico, una contracultura dialéctica supondría cambiar sustancialmente las condiciones sociales, si ella fuera la protesta de lo que está mal en la cultura. Veámos por ejemplo el caso de Frida, que finalmente es iconizada y plasmada en toda artesanía que sea posible vender, ¿finalmente alguien recuerda lo que ella representa y lo que significa en la Sociedad? Sin embargo recuerdo a una Guillermo Fontanarrosa que escribe sobre “la dialéctica particular del vencido”, quien nos enseña a levantarnos, pero sus escritos no se han popularizado, tanto como una estampita de Frida.

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  7. El problema también radica en lo que la “cultura” hace con la “contracultura” cuyo sentido es el de subvertir un orden establecido (¿Frida Kahlo hace obra consciente de contracultura? -yo creo más en una obra muy personal y perturbadora. Basquiat ¿no es ahora un producto culto de la recuperación, precisamente?) Quizás la marginalidad de ciertos pensadores o artistas es lo que los protege y los confirma. Hoy día la cultura abarca muchos territorios donde está incluido lo marginal, lo que la contesta y contradice. El siglo XX ha jugado su papel. Los conservadurismos que aparecen cada vez más fuertes, las autocracias y otras democraturas, la mercantilización a ultranza, la financiarización predadora de la economía, quizás nos brinden, de nuevo, la posibilidad de “levantarnos” y proponer algo alternativo y coherente y nuevo… y que no tenga la vocación de convertirse en norma…

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  8. Estimados meatovmarov, Octavio, Julio, Conconrdia1945, Leonardo… Ha sido muy gratificante para nosotros poder leer sus interesantes y clarificadores comentarios sobre la “contracultura” que han servido –sin duda– para enriquecer el artículo firmado por Gloria Luz Godínez.

    Mil gracias y un fuerte abrazo!

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  9. Frida Kahlo elaboró y desarrolló diversos procedimientos performativos que contribuyeron a superar la idea de que arte es solamente aquello duradero, elitista, museístico, comercial. Kahlo fue una pionera de la ‘performance’, de un concepto vida-arte-cuerpo/arte-cuerpo-vida, ella fue su propio medio, artefacto, presentación y producto. Ahora se ha convertido en arte-objeto, arte-acción, creadora de un nuevo realismo de lo que más tarde se llamaría body-art, happening o fluxus.

    Saludos

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