“El bosque de la noche”, entre la belleza y el horror

En el corazón de El bosque de la noche duerme la Bella Esquizofrénica en una cama del Hôtel Recamier de París. Es Robin: su carne tiene “la textura de la vida vegetal”, su cuerpo exhala “un aroma de hongo terrestre”, su piel es azulada como teñida por un fluido subcutáneo. “Salvaje criatura atrapada en la piel de una mujer”, Robin lleva por todas partes la calamidad y la fascinación, avanzando con paso de sonámbula siempre más allá en su depravada inocencia.

Para su publicación, T. S. Elliot escribe un largo prólogo a El bosque la de la noche calificando la novela “de estilo excelente, con frases bellas, ingenio brillante y un sentido del horror y la fatalidad digno de la tragedia isabelina”. No se sabe si por este famoso prólogo o por razones intrínsecas, la obra de Djuna Barnes, publicada en 1936, , aparece hoy en día entre los grandes libros del siglo XX, como un ser solitario, exótico y orgulloso.

Djuna Barnes, (Cornwall-on-Hudson, 1892-Nueva York, 1982), recibió su primera educación en su casa hasta que posteriormente se traslada a Nueva York para estudiar arte. Rápidamente entra a formar parte de la vanguardia del Greenwich Village, donde conoce, entre otros, a R. Frost, O’Neill, M. Loy, G. Stein y M. Moore. Alrededor de los años veinte, como casi todos los artistas y escritores norteamericanos, se trasladó a París. Durante los años de entreguerras, frecuentó a las principales figuras del mundo del cine y de la literatura, desde Charles Chaplin y Marcel Duchamp hasta James Joyce, Ezra Pound, Alexis Carrel, S. Beckett o E. Hermingway.

La escritora, nacida en un villorrio junto al rio Hudson, lo sabía todo sobre la noche del París de los años veinte. Era una mujer alta y elegante, solía llevar una larga capa negra que, en ocasiones, envolvía también a Thelma Woods, el amor de su vida, y en quien se inspira para el personaje de Robin Vote en su famosa novela. Ambas eran seres nocturnos. Entre los bares y cafés de la bohemia de la época, vivieron una tormentosa relación, nadando en los delirios del alcoholismo.

D. Barnes by Ray man
D. Barnes by Ray man

Obra autobiográfica

“Das belleza al horror, ese es tu mayor talento”, le decía a Djuna su amiga Emily Coleman. Tenía razón. Uno podría imaginar a Djuna Barnes alcoholizada, escribiendo el libro con los dientes y los puños apretados, “golpeándose el corazón con la cabeza”. Todo para condensar la pasión, el odio y el desengaño en palabras que atravesaran el tiempo. “Djuna Barnes ha descubierto su propio dolor, lo ha identificado y le ha dado una palmada en el hombro”, afirmaba T.S. Eliot.

El bosque de la noche es una obra que tiene mucho de autobiografía y todos los personajes se identifican con personas que rodearon a la escritora. Ella misma es Nora Flood, la protagonista del libro, y queda definida por el doctor O’Connor, oscuro y lúcido personaje, (imagen de su amigo Dan Mahoney) como “una buena persona, incapaz de poner fin a nada, porque te pueden derribar, pero tú seguirás arrastrándote siempre, mientras sirva de algo”.

El doctor O’Connor/Dan Mahoney le dice a Nora Flood/Djuna Barnes : “Al final todos los hombres mueren de ese veneno que se llama “corazón en la boca”. Tú llevas el tuyo en la mano. Guárdalo”. El bosque de la noche es un libro en el que ese veneno se transforma en palabras y que, sobre todo, trata del lado oscuro de las personas, de las transformaciones que la noche produce en ellas : “Cada día está pensado y calculado, pero la noche no está premeditada… La noche ¡cuidado con esa puerta oscura !… La noche hace algo con la identidad de la persona, aunque duerma”.

El libro es también una historia de amor imposible : “Sólo lo imposible dura siempre ; con el tiempo se hace accesible. El amor de Robin y mi amor fue siempre imposible y, amándonos, ya no amamos. Sin embargo, nos amamos la una a la otra mortalmente”.

El gran amor de Djuna Barnes fue Thelma Wood, Robin Vote en la novela : “La gente se sentía violenta cuando ella les dirigía la palabra, enfrentados a una catástrofe que aún no había comenzado”. Se conocieron en los años veinte en París, cuando Djuna tenía 30 años y Thelma 19. Antes de convivir con Djuna, Thelma había sido amante de la fotógrafa Berenice Abbot. Mucho más tarde, Djuna comentaría con ironía esa circunstancia : “Yo le di a Berenice y ella me dio a Thelma. No sé cuál de las dos salió ganando”.

Esta singular pareja convivió durante ocho años en una auténtica relación de amor-odio. “¿Lesbiana ? Nunca, sólo amé a Thelma Wood”, declaraba la escritora, o también : “Yo amo a las personas, no al género al que pertenecen”. Djuna exigía a Thelma una fidelidad que ésta nunca le prometió. Muchas veces salía a buscarla por todos los bares de la ciudad y otras muchas, como dice en la novela, “tenía que verla deseando marcharse y quedándose”. Fue entonces cuando Djuna comenzó a beber.

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Pero el carácter de Djuna tampoco era fácil. A veces relacionarse con ella era imposible, se volvía insoportable e insultaba a todos aquellos que la rodeaban. De estos insultos no se libraba ni siquiera Peggy Guggenheim, heredera de una gran fortuna tras la muerte de su padre en el hundimiento del Titanic, amiga y mecenas de la escritora, a quien asignó una pensión.

Peggy Guggenheim

En 1933, cuando comenzó a escribir El bosque de la noche Djuna ya había soportado el adiós de Ernst Hanfstaengl, llamado Putzi, el hombre al que más había amado, el abandono de su gran pasión, Thelma Wood, y la ruptura con el escritor Charles Henri Ford, 18 años menor que ella. Se cuenta que él le dedicó un libro de poemas, y que ella añadió a la dedicatoria : “Se menciona la palabra cabello diecisiete veces en treinta poemas”. La relación estaba condenada al fracaso; como le dijo a Djuna su amigo Mahoney : “Eres el árbol destinado a permanecer solo”.

En 1936, al publicarse la novela, Djuna Barnes estaba totalmente alcoholizada. Tres años después intentó suicidarse, estando en Londres, y tuvo que ser ingresada en varias ocasiones a causa de sus crisis nerviosas. Peggy Guggenheim la embarcó hacia Nueva York, donde su familia decidió ingresarla en un sanatorio, lo que Djuna no perdonó jamás.

Del deseo de venganza surgió en 1958 la obra de teatro The Antiphon. “Escribí La Antífona con los dientes apretados y me di cuenta de que lo que escribía era tan salvaje como un puñal”. En la obra un personaje pregunta : “¿Por qué no nos quieres ya ?”, y otro contesta : “La pregunta es por qué os quiero”.

Durante su vida, tanto en París como en Nueva York, Djuna, gracias a su profesión de periodista, conoció y frecuentó a las principales figuras artísticas y literarias de su época, desde James Joyce (que le regaló las pruebas de imprenta del Ulises) hasta Charles Chaplin, Marcel Duchamp, Gertrude Stein, Ezra Pound, Samuel Beckett o Ernest Hemingway. Sus impresiones sobre estos personajes se encuentran recogidas en el volumen Perfiles.

Djuna Barnes vivió hasta una semana después de cumplir los noventa años. Nunca perdió su sarcasmo y si le preguntaban por su salud contestaba : “Desmoronándome bien, gracias”. Con el tiempo se fue encerrando cada vez más en sí misma y no permitía que nadie la visitara, ni hombres ni mujeres, pero especialmente mujeres. No consintió que la visitara la escritora Carson McCullers (autora de El corazón es un cazador solitario). Djuna consideraba que las mujeres eran malas escritoras, y que en toda la historia de la Literatura sólo había habido dos buenas escritoras : Emily Brontë y ella.

Con El bosque de la noche nos aproximamos a una imagen extraña del mundo y de las personas, pero, a fin de cuentas, como se afirma en el libro, una imagen no es más que “un alto que hace la mente entre dos incertidumbres”. Una obra que nos aparta y nos acerca a la vida : “Hay que estar un poco apartado de la vida para conocer la vida, la vida oscura, vislumbrada confusamente”. DBD

(Fuente principal: Nuria Rita Sebastián)

(foto primera: Djuna Barnes by magnanimousportraits©)

 

11 thoughts on ““El bosque de la noche”, entre la belleza y el horror

  1. Nos alegra saber que la reseña sobre ‘El bosque de la noche’ ha despertado tu interés, Marina. Djuna Barnes, a nuestro juicio, es una autora absolutamente recomendable. Un abrazo y nuestra sincera felicitación por tu excelente blog.

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  2. Gracias por este auténtico ‘scoop’, Fernando. Estaremos muy pendientes del estreno en España de “Women Almanack”, al parecer un fresco de la sociedad parisina de aquella gloriosa época. La presencia de nuestras admiradas Hélèn Cixous y Eilleen Myles será un aliciente más para disfrutar de la película. Saludos, amigo.

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  3. Interesante y oportuno artículo sobre Djuna Barnes, una de las escritoras más innovadoras y atrevidas del período modernista. Y digo oportuno porque, precisamente, la pasada semana se estrenó en el “Leslie & Lohman Museum of Gay and Lesbian Art” de Nueva York el “Ladies Almanack”, el primer largometraje basado en la novela de la rebelde y brillante escritora norteamericana. Daviel Shy ha dirigido este interesante film –rodado en Nueva York, París y Chicago– en el que participan autoras de culto como Hélèn Cixous y Eilleen Myles.

    Un cordial saludo y el trailer de “Ladies Almanack”

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  4. Hola Andrea. Al igual que tú, conservaremos siempre en la memoria esta excepcional novela escrita por una mujer única que plasmó magistralmente en su obra las complejas relaciones entre los seres humanos. Por algo ‘El bosque de la noche’ está ya considerado un título clásico en la literatura del siglo XX. Un fuerte abrazo.

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  5. Nunca olvidaré ‘El bosque de la noche’, una novela que está entre la prosa y la poesía, la narrativa y la lírica, la historia y la fábula, la tragedia y la meditación, el fragmento y la totalidad… Gracias por recordar a Djuna Barnes.

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