Hilda Hilst, poeta en una sociedad obscena

“Cuando tierra y flores

sienta yo sobre mi cuerpo,

me gustaría tener a mi lado tus manos,

para guardar después mis ojos dentro de ellas.”

 

Hilda Hilst es una de los protagonistas fundamentales del paisaje literario brasileño y de la lengua portuguesa del siglo XX. Con más de cuarenta libros escritos en verso, prosa poética, dramaturgia y crónica, publicados entre 1950 y 2000, Hilda Hilst es una poeta consciente de sus acciones y palabras, lúcida, culta, con fervoroso amor por la originalidad, toda su obra registra un intenso trabajo del lenguaje y de musicalidad, un imaginario poético donde cuestionamientos metafísicos se mezclan con sucesos de su cotidiano.

Refiriéndose con amarga ironía a la consideración que ha merecido su trabajo a lo largo de su vida, Hilda Hilst escribe: “Cuando era joven ya escribía bien. Los críticos decían que no era posible que una mujer bella y joven escribiera de esa forma. Ahora que estoy vieja y fea, dicen que mis textos son de difícil acceso, que soy una loca”.

“Te lego mis dientes./ En oro, esmalte y marfil.” Mucho más que la imagen de un bello rostro , Hilda Hilst (1930-2004) nos legó su obra en versos que fueron tornándose cada vez más complejos; en piezas de teatro escritas con la intención de denunciar las atrocidades de la dictadura militar brasileña y, de 1970 a 1997, en prosa poética en la cual lo sagrado y lo profano, la trascendencia y la sexualidad frecuentan el mismo espacio textual, reconocida como innovadora por la crítica literaria de Brasil.

Además de esta producción, de 1990 a 1992, la autora de O caderno rosa de Lori Lamby osó tocar un tema tabú, en una fase conocida como obscena, con tres obras en prosa y con Bufólicas en verso, que escandalizaron a gran parte de sus lectores y a la crítica. “La sexualidad que la inspiraba nunca se tornaba pornográfica, incluso si ella a veces, por razones esdrújulas, quisiese hacerse pornográfica”, afirma Jorge Coli, crítico y profesor de historia del arte en la Universidad brasileña de Campinas.

Hilda Hilst, siempre inquisitiva, se pregunta en notas manuscritas: “¿Y qué es lo OBSCENO? ¿OBSCENO? Nadie sabe hasta hoy qué es lo OBSCENO. OBSCENO para mi es la miseria, el hambre, la crueldad, NUESTRA época es OBSCENA.”

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Varias obras de la autora de Tu não te moves de ti fueron traducidas a distintos idiomas –francés, italiano, inglés, y alemán–, aunque en español sólo se conocen dos traducciones recientes, en Argentina, La obscena señora D y Cartas de un seductor (ambas en Buenos Aires: Cuenco de Plata, 2014).

Algunos de sus libros, y su obra, conquistaron los mayores premios literarios del Brasil, entre ellos el Premio Pen Club de São Paulo en 1962, el Premio Anchieta de Teatro en 1969, el APCA (Asociación Paulista de Críticos de Arte) en 1977 y 1981, el Premio Jabuti, de la Cámara Brasilera del Libro en 1984 y 1993, el Premio Cassiano Ricardo del Club de Poesía de São Paulo en 1985,  y el Prêmio Moinho Santista, de la Fundación Bunge, por el conjunto de su obra poética en 2002.

La autora de Roteiro do silêncio no gustaba que la llamasen poetisa. La escritora Lygia Fagundes Telles, su gran amiga, cuenta que cierta vez Hilda se presentó en la antigua sala de té de Mappin, en São Paulo, afirmando: “soy poeta”. El escritor Guilherme de Almeida, que estaba presente, comentó que la palabra poetisa ya estaba desfasada y que cuando una escritora era seria, se consideraba poeta. Hilda Hilst construyó un universo de la mujer que asume su papel social, en un mundo normalmente dominado por el punto de vista masculino: “Me dio el amor este don:/ Para decir en poesía./ Poeta y amante es lo que soy…”(Trovas de amor para um amado senhor). Su trabajo creativo y sus actitudes, poco comprendidas por los conservadores de su tiempo, contribuyeron significativamente a una ampliación de visión: “Una de las funciones de los escritores está en ampliar los horizontes morales de donde vive. […] Hilda produjo una buena literatura y sabía desafiar la moral”, afirma el escritor Fernando Bonassi (en: O Estado de São Paulo, 5/2/04).

La Casa do sol

Hija de la inmigrante portuguesa Bedecilda Vaz Cardoso y del empresario de café, poeta, periodista y ensayista Apolonio de Almeida Prado Hilst, Hilda nació en Jaú (en el estado de São Paulo) en 1930 e inició su camino a la inmortalidad a los 73 años, el día 4 de febrero de 2004. Dedicó gran parte de su vida a la literatura: en 1965, acompañada de su compañero, el escultor Dante Casarini (con quien se casaría en 1968 y se divorcia en 1991), se muda para la Hacienda São José, propiedad de su madre, a 11 Km. de Campinas; en estas tierras, inicia la construcción de su casa, donde vivió aislada del mundo desde 1966 –la Casa do Sol– frecuentada por innumerables artistas en las décadas de 1970 y 1980, entre ellos José Luís Mora Fuentes, Olga Bilenky y Caio Fernando Abreu, que vivieron en esta casa donde tuve el privilegio de ser recibida varias veces con una sonrisa alegre y al mismo tiempo irónica, por unos ojos de dulzura de un rostro que aún guardaba trazos de la belleza deslumbrante de la juventud. En un primer contacto, la presencia de Hilda Hilst provocaba miedo, extrañamiento y encantamiento; Hilda Hilst y su alterego Hillé, A obscena senhora D, son diferentes de las personas convencionales. La mudanza radical, de São Paulo para la vida tranquila del campo, es entrevista en la lectura de Lettres a El Greco, del poeta griego Nikos Kazantzákis (1885-1957). Este libro, un presente que recibió en 1962 de su amigo, el poeta portugués Carlos Maria de Araújo, marca un cambio en la forma de ver el mundo: para pensar, sentir y escribir sobre lo humano seria necesario apartarse de él.

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En Júbilo, memória, noviciado da paixão y en las demás obras poéticas, Hilda Hilst retoma parte significativa de la tradición literaria, dialogando con varias formas fijas de poemas –oda, trova, soneto, balada, elegía, cantares y fábulas– algunas veces aceptándolas, normalmente innovándolas. Amor, Dios y Muerte; la Poesía y el Tiempo. Temáticas de predilección de la autora de Sobre a tua grande face, versos dedicados a la búsqueda de un Dios ausente y opresor: “Dá-me mudez. E andar desordenado. Nenhum cão./ Tu sabes que amo os animais/ Por isso me sentiria aliviado. E de ti, Sem Nome/ Não desejo alívio. Apenas estreitez e fardo./ Talvez assim te encantes de tão farta nudez./ Talvez assim me ames: desnudo até o osso/ Igual a um morto.”

“Llegar y partir son dos lados de un mismo viaje”, canta Milton Nascimento. En este momento de despedida de Hilda Hilst y al mismo tiempo de encuentro y reencuentro de muchos lectores con su obra, recuerdo una frase del poeta chileno Jorge Teillier: “Los trenes desaparecen pero no desaparece el alma de los trenes. Es como si alguien se muere, no sólo queda su tumba, queda su herencia.” En el caso de la literatura de Hilda Hilst, una herencia de palabras y sonidos, de sentidos múltiplos y ambivalentes.

Da morte. Odes mínimas

En 1980, cuando Hilda cumple 50 años, publica Da morte. Odes mínimas, obra formada intencionalmente por 50 poemas, detalle que dejó registrado en sus manuscritos, adquiridos por la Universidad de Campinas en 1995 y en 2003, conservados en el Centro de Documentación Cultural “Alexandre Eulálio” (CEDAE-IEL). En este canto de exaltación a la muerte, la autora sugiere un juego de deseo y repulsión en el que crea una imagen de la muerte como amada, amante, hermana, niña, o como animales, en especial en la sofisticada imagen del silencioso y duro trote de la negra caballita: “Os cascos enfaixados/ Para que eu não ouça/ Teu duro trote./ É assim, cavalinha,/ Que me virás buscar?/ Ou porque te pensei/ Severa e silenciosa/ Virás criança/ Num estilhaço de louças?/ Amante/ Porque te desprezei?/ Ou com ares de rei/ Porque te fiz rainha?”

En un texto de despedida, Jorge Coli pregunta “¿Para donde fue Hilda Hilst?”. En Odes mínimas, Hilda Hilst nos muestra donde podemos encontrarla: “Não me procures ali/ Onde os vivos visitam/ Os chamados mortos./ Procura-me/ Dentro das grandes águas/ Nas praças/ Num fogo coração/ Entre cavalos, cães, / Nos arrozais, no arroio/ Ou junto aos pássaros/ Ou espelhada/ Num outro alguém, / Subindo um duro caminho// Pedra, semente, sal/ Passos da vida. Procura-me ali./ Viva.”

Dos años más tarde de la publicación de Odes mínimas, aparece la primera obra narrativa de Hilda List, La obscena señora D, recientemente traducida al español por una editorial argentina. Para el crítico Maximiliano Crispi (Clarín), “La obscena señora D es el monólogo alucinado, onírico y asintáctico de una búsqueda de sentido por un personaje infraleve que no tiene nada porque lo ha abandonado todo (empezando por el nombre propio) y que encadena imágenes, sensaciones y meditaciones vagas refugiada en el vano de la escalera. El relato que apenas se sostiene de un argumento ínfimo es desbordado por una trama más propensa al enrarecimiento poético y a la dilación metafísica que a la ejecución narrativa. Sola, obscena, como una “criatura sin amparo y sin subterfugio”, la escritura de Hilst se desdobla en una voz nostálgica que rememora o crea situaciones y diálogos que retornan una y otra vez, imaginariamente, a la consistencia de un elemento fálico perdido (Ehud, el Padre, Dios). Pero eso no alcanza para hacer de estos jirones de ficción una narrativa pornográfica. A diferencia de los pornógrafos célebres, en La obscena señora D Hilst va a la pornografía con culpa y con recelo, como va la poesía cuando no consigue ella misma articularse como transgresión. El resultado es una novela tibia que juguetea tímidamente con un lenguaje soez pero que a duras penas consigue rayar los tópicos menos interesantes del porno soft. Los mejores momentos del texto son aquellos en los que afirma, mediante una sintaxis dislocada, una puntuación experimental y una variedad notable de tonos y registros, una poética de la promiscuidad y una erótica de los lenguajes.” 

Hilda Hilst en Biarritz, en 1955

Hilda Hilst en Biarritz, en 1955

Las cosas de dentro

“Una mujer encantada por la vida mundana que sedujo muchos corazones. […] Después de retirarse para la Casa do Sol, sin embargo, Hilda transformó esa vitalidad en energía interior. ‘La soledad es vivir mucho más para las cosas de dentro que para las cosas de fuera’, explicó. En 1966, en un recinto de la hacienda materna, construyó su propio hogar, la Casa do Sol. Fue una especie de conversión, no propiamente una conversión religiosa, mas, podemos pensar, una conversión poética”, afirmpa José Castello, en 2003, en Caderno B del Jornal do Brasil. A partir de esta introspección y de lecturas variadas –desde biografías hasta textos de psicoanálisis, matemática, física y, evidentemente, poesía y prosa de la literatura universal– surgirán versos que se fueron tornando cada día más complejos, piezas de teatro escritas con el deseo de denunciar las atrocidades de la dictadura militar, textos redactados en prosa poética, en los que lo sagrado y lo profano, la trascendencia y la sexualidad frecuentan el mismo espacio textual, además de crónicas bien-humoradas e irónicas que divulgaran innumerables poemas de su autoría, buscando siempre desenmascarar a la sociedad.

La vida camina en círculos. Hilda Hilst abandona el mundo disonante en que vivimos al mismo tiempo que inicia su trayectoria por la inmortalidad. La autora de Amavisse tenia plena conciencia de la eternidad del alma y de la eternidad de su obra: “Las barcas sumergidas. Centellantes/ Bajo el río. Es así el poema. Centellante/ Y oscura barca ardiendo bajo las aguas. […]// Las barcas sumergidas. Mis palabras./ Podrán arder lunas de eternidad./ Y doctas, de ironía las tuyas/ Solamente a través de las mías vivirán.” (1989). En este momento de despedida de una de las mayores escritoras brasileras del siglo XX, los lectores son invitados a releer sus tres primeras obras, Presságio (1950), Balada de Alzira (1951) y Balada do festival (1955), que acaban de ser reeditadas, verano de 2004, en un único volumen, Baladas, 12º título de las Obras Reunidas de Hilda Hilst (Editora Globo, organizadas por Alcir Pécora). En un epígrafe de Balada de Alzira, Hilda Hilst anuncia dos temáticas de predilección: la muerte y la busqueda de Dios. “Somos iguales a la muerte. Ignorados y puros./ Y mucho después (cuando el cansancio brote de nuestras alas)/ seremos pájaros blancos en procura de un dios.” En su obra, la autora de Sobre a tua grande face renueva la forma convencional de relacionarse con Dios y con la Muerte: “Juntas. Dos naves/ Números/ Dos rumbos/ En la búsqueda de un dios.// Y las mismas preguntas/ En el siempre/ asombroso instante.” (1980). Poeta y Muerte están juntos en la tarea de la Vida, “a la caza de la Nada”.

A pesar de cierta regularidad rítmica de los poemas, especialmente de los versos escritos a partir de Júbilo, memória, noviciado da paixão (1974), puede notarse que Hilda Hilst aprecia, y mucho, la irregularidad. La escritora construyó textos al mismo tiempo estables e inestables. La obra publicada, en este sentido, se asemeja a los manuscritos de Marcel Proust estudiados por Philippe Willemart en el texto “Crítica genética e história literária” (Manuscrítica: revista de crítica genética, no 10. São Paulo: Annablume/APML, 2001, p.170): “A pesar del desorden de la mayoría de los 75 Cuadernos que reflejan una inestabilidad notable, existe un orden, esto es, una estabilidad en el sistema global de los Cuadernos, comprobada por el texto publicado, que posibilita la convivencia de sistemas inestables en un sistema global estable.”

HILDA3 SAO PAULO ARQUIVO 30/11/2000 CADERNO2 EXPOSICAO/HILDA EXPOSICAO SOBRE A ESCRITORA HILDA HILST. FOTO DIVULGACAO

“Comencé a desestructurarme después de 20 años de poesía ordenada”, afirma la autora de Ficções en 1977, entrevistada por Ana Lúcia Vasconcelos (Folha de São Paulo). La inestabilidad propuesta de manera consciente por Hilda Hilst no registra un universo caótico; al contrario de eso, el caos sirve para dinamizar el orden, para crear textos con formas y ritmos múltiples, huyendo de la monotonía y de la simplicidad la mayoría de las veces, sabiéndoles valorizar cuando asumen una función en el texto.

“El cuervo” de Poe

Desde sus primeros pasos literarios, Hilda Hilst sabe que caminamos en dirección a la muerte. En 1980, a los 50 años, siente la presencia sonora de la “negra cavalinha” batiendo con insistencia en su imaginario, en un silencioso y duro galope, semejante a los leves e incesantes golpes de “El cuervo” de Edgar Allan Poe, “Negro pájaro de ébano” venido “Del reino de la Noche oscura/ En esta hora negra, tan tarde/ Hora de sombra y locura”, siguiendo la traducción al portugués de Isa M. Lando; ambos, Cuervo y Muerte anuncian la separación inevitable entre seres queridos cuando alguien muere: “Nunca Más!”… “Nunca Más!”… “Nunca Más!”… expresión retomada y recreada en los Cantares do sem nome e de partidas, última obra inédita en versos publicada por la escritora paulista: “Nem é corvo ou poema o Nunca Mais.” (1995). En la obra Da morte. Odes mínimas, en imágenes y ritmos variados, Hilda Hilst compone cantos de deseo y repulsión a la “Velhíssima-Pequenina”, que “tão escuramente caminha”: “Cavalo, búfalo, cavalinha/ Te amo, amiga, morte minha,/ Se te aproximas salto/ Como quem quer e não quer/ Ver a colina, o prado, o outeiro/ Do outro lado, como quem quer/ E não ousa/ Tocar teu pêlo, o ouro// O coruscante vermelho do teu couro/ Como quem não quer.”

“Estoy viva. / Más la muerte es música. / La vida, disonancia.[…]// Algunos días más/ y seré música. / Y serás tú a mi lado/ la nota disonante.”, versos de 1950. En otro poema del mismo libro, la poeta se imagina muerta, y al amado velando su cuerpo y guardando sus ojos: “Cuando tierra y flores/ sienta yo sobre mi cuerpo,/ me gustaría tener a mi lado tus manos,/ Para guardar después mis ojos dentro de ellas.” Jorge Coli, en texto publicado originalmente en el periódico Folha de São Paulo en 1996 y divulgado en varios sitios, puntualiza: “El poeta intenta la travesía hacia la muerte y con él seguimos el camino del amor perdido, del amor apartado, del amor contenido y mudo. Revelado por la poesía, la muerte y el amor, están hechos de polvo porque hechos de materia, se eternizan ‘impulsos para perpetuar la Duración’. Hilda Hilst va a buscar en la esencia de la materia sus palabras.” A los lectores, Hilda Hilst dejó más de 40 obras, escritas bajo influjos amorosos intensos –júbilo por la poesía y por la vida, siempre; y por el hombre amado, que se funde en la imagen paterna de Apolonio de Almeida Prado Hilst, con quien la hija tuvo poco contacto debido a la temprana separación de los padres. Queda ahora, a los admiradores del trabajo literario de Hilda Hilst, el deseo y la voluntad decidida de leer, releer y compartir con las futuras generaciones los textos hilstianos y de la literatura universal, muchas veces citados por la autora de Tu não te moves de ti. DBD

Fuente principal: Cristiane Grando

6 Comments

  1. Muchas gracias, bokanovsky. Y ya sabes, si deseas encontrar a Hilda “no la busques donde los vivos visitan a los llamados muertos. búscala dentro de las grandes aguas, en las plazas, en un ardiente corazón. entre los caballos y los perros, en los arrozales, en los arroyos, al lado de los pájaros. o reflejada en otro alguien que sube un duro camino. piedra, semillas, sal. pasos de la vida. búscala allí. viva.”

    Saludos, amigo. Se te espera en más ocasiones.

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  2. Así es, Leonardo. Una poesía que, fundamentalmente, está plagada de bravura, erotismo y belleza.
    Es cierto que las poetas latinoamericanas, salvo raras excepciones, son poco conocidas por los lectores europeos. Ojalá se interese más gente por investigar sus obras y sus influencias actuales.
    Un saludo afectuoso. Felices fiestas.

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  3. La importancia de las poetas que empieza solo a demostrarse en nuestra América Latina es una tarea esencial de la crítica “docta” y del mundo editorial. Gracias de nuevo por esta maravillosa revista.

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