El corazón de las tinieblas permanece en el río Congo de Conrad

Posiblemente es ésta, El corazón de las tinieblas, de entre las muchas novelas de Joseph Conrad (nacido Józef Konrad Korzeniowski, en Berdyczów, Polonia, el 3 de diciembre de 1857) la que produce una mayor conmoción al ser leída.

Considerada como uno de los grandes clásicos de la literatura escrita sobre el mar y sus innúmeros avatares, su eje central es un desasosegante viaje por el río Congo a finales del siglo XIX. Conrad destaca en aquella época, con precisión y hondura a través de sus personajes, las terribles consecuencias inhumanas que tuvo la conquista colonial de África por las principales potencias europeas, que se la disputaban a sangre y fuego por sus riquezas.

Joseph Conrad, tras aprender francés, adoptó el idioma inglés como lengua literaria, aunque no logró, quizá por su origen, una identidad completa con los ideales imperialistas que impregnaban la opinión pública de Inglaterra. Gracias a este distanciamiento, describió en El corazón de las tinieblas, sin paliativos, la crueldad y avaricia del hombre blanco en la conquista de las selvas africanas.

El rio Congo
El rio Congo

Es interesante conocer que Conrad, cuando aún se llamaba Teodor Josef Konrad, remontó como marino el río Congo, en 1889, hasta las cataratas de Stanley, actividad que luego trasladaría de algún modo a este extenso relato. Conrad aprovecha su experiencia en África donde durante ocho meses capitaneó un barco fluvial, propiedad de la Sociedad Anónima para el Comercio en el Alto Congo, para denunciar los excesos colonialistas, la salvaje explotación del continente entero.  

Esta novela ha suscitado lecturas de índole diversa: crítica de la colonización europea en África, retrato humillante de unos seres explotados y de una tierra expoliada y desconocida para los blancos, crónica del choque entre el orden civilizado occidental y la vorágine cruda de la selva africana, viaje interior en busca de la esencia oculta y aterradora del ser humano.

En El corazón de las tinieblas se refleja  la visión que tiene el escritor de la realidad africana que conoció, de lo que fue la colonización belga o francesa o británica de África, aunque nunca mencione Inglaterra: el trabajo hasta la extenuación, el hambre, la esclavitud y la muerte.

En el escenario del conflicto entre civilización y barbarie éste es un relato paradigmático tratado en numerosas ocasiones por la crítica literaria [*]. Desde ese punto de vista, el tema principal de El corazón de las tinieblas, junto a otros, sería el conocimiento verdadero del individuo, que exige una posición moral genesíaca, absoluta,  en su elevación y poder. El verdadero viaje interior que se realiza en la historia no es el de Marlow, por supuesto, sino el de Kurtz. Este es el personaje central de la novela, puesto que, al contrario que el narrador, él logra elevarse hacia la supremacía moral sin el lastre de las leyes o las costumbres occidentales. 

En resumen, es posible subrayar una lectura entre varias que ofrece esta fabulosa novela. En sus páginas se entretejen temas de notable complejidad: la denuncia de la miseria colonialista europea, la frágil línea entre el bien y el mal, la atracción del hombre por la corrupción del espíritu… La experiencia vital de Joseph Conrad, endurecida en la tierra y en el mar por la enfermedad, la soledad, el exilio, aflora en El corazón de las tinieblas y le permite conocer las dobleces íntimas del alma humana, en cuyo retrato lóbrego, descarnado, vislumbramos la levedad de una esperanza atenuada. DBD

Novela completa

17 thoughts on “El corazón de las tinieblas permanece en el río Congo de Conrad

  1. Así es, Laura: menos congoleño y más argentino… 🙂 Y es que Don Witold, como bien sabrás, pasó 24 años de su vida en la Argentina. Por otra parte, la figura de Gombrowicz y su obra literaria han constituido un factor excéntrico tanto en su consideración dentro del sistema de las letras universales como en la recepción por el lector medio. Eso sí, podemos asegurarte que disfrutarás bastante con su ‘polski polski’ sentido del humor.
    Saludos cordiales, amiga. Confiamos en poder disfrutar pronto de tu novela.

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  2. Ay, me habéis pillado: no leí a Gombrowicz (pero lo haré), así que no puedo opinar. Solo le diré ¿menos congoleño?
    Yo tampoco me adentré en el Congo, miedo me daría, pero en mi novela “Un mono en la despensa” sí que lo menciono, pues me crié en Bélgica y crecí con la idea del Congo, ese lugar ignoto y salvaje y cruel, pero fabulosamente rico, al estilo del desastre del 98.
    Un saludo, y gracias por recordarme a Witold. Con los polacos siempre me río y la risa siempre vale un congo.

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  3. Muchas gracias por tu cariñoso y halagador comentario, estimada Laura. Es evidente que –al igual que nosotros– sientes una gran admiración por la obra literaria de Joseph Conrad, aunque no todos piensan así. Tenemos un amigo, algo engreído y vanidoso él, que sostiene con una gran vehemencia y demoledores argumentos que el también autor polaco Witold Gombrowicz fue mucho mejor escritor que Conrad. ¿Qué te parece? Es absurdo! Además, Gombrowicz ni siquiera navegó por el río Congo, ese turbulento e impenetrable escenario elegido por Conrad para escribir sus grandes verdades irrefutables.

    Bueno, Laura, te prometemos una lectura atenta de todos los textos que has publicado hasta ahora en tu excelente blog. Ah, y olvidaba decirte que no hemos leído el libro de Berti. Pero lo haremos muy pronto. Abrazos! 🙂

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  4. Fabulosa crítica, te felicito. Hace no mucho leímos esta novela en versión dibujos animados y nos encantó. Además, el retrato de Józef Konrad se parecía mucho a mi hijo, Tadeusz, que es medio polaco.
    Por curiosidad, ¿has leído el libro de Eduardo Berti, “Un padre extranjero”? Lo digo porque habla de Joseph Conrad.
    Estoy encantada de haber descubierto tu página. Gracias.

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  5. I know of the events spoken of here through TV documentaries, human beings who search for great wealth can truly be purely evil, sickening. I am going to reblog this one for you.

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  6. El mar constituye el telón de fondo de casi toda la obra de Conrad, pero en realidad –y en este punto coinciden la mayoría de los críticos– su obsesión fundamental fue la condición humana y la lucha del individuo entre el bien y el mal. En el famoso prefacio de su novela “El negro del Narcissus” se encuentra, sin lugar a dudas, una especie de declaración de principios estético-narrativos del genial escritor. En sus primeras líneas, Conrad afirma: “Toda obra que aspira, por humildemente que sea, a elevarse a la altura del arte debe justificar su existencia en cada línea. Y el propio arte podría definirse como la tentativa de un espíritu individual para hacer justicia, lo mejor que se pueda, al universo visible, trayendo a la luz la verdad diversa y única que entraña cada uno de sus aspectos.”

    Saludos

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