Los cuadros de George Grosz descubren la depravación de los poderosos

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Suicidio, 1916
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Los pilares de la sociedad, 1926

Pintor comprometido y agitador artístico en la convulsa Alemania de principios del siglo XX, Grosz comenzó como caricaturista con un peculiar estilo de fuerte crítica social, una tendencia agudizada por la traumática experiencia de la Primera Guerra Mundial. George Grosz (Berlín, 1893-1959) es un artista que hace política. En la mejor tradición del arte político, no sólo es pintor, es, además, o sobre todo, dibujante y caricaturista.

El largo y cruento enfrentamiento europeo marcó un hito en su producción: sus primeros dibujos se vuelven más concisos y seguros; su expresión, violenta y decidida; los temas son sociales y políticos, aunque su arte no lo sea. La experiencia de la guerra, en la que participó en calidad de voluntario, se tradujo en una serie de dibujos y litografías con escenas repulsivas sobre la destrucción y la muerte.

Ausschweifung Berlin Night Club
Ausschweifung Berlin Night Club

Al ser licenciado por inútil total después de una estancia en un hospital psiquiátrico, Georges Grosz regresó a Berlín, donde encontró inspiración para su obra El desmoronamiento del mundo burgués (1917), repleta de habitantes de un Berlín caótico y corrompido, de escenas callejeras, así como motivos del sanatorio y otros eróticos, expresados drástica y crudamente con los medios más simples y primitivos. La representación de la ciudad como un caos le une a la estética del movimiento expresionista, con el que había entrado en contacto el año anterior.

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Metrópolis, 1917

Ese mismo año de 1917, la editorial Malik, para la que continuaría trabajando, publicó su primera carpeta de dibujos. Al año siguiente se convirtió, junto a Richard Huelsenbeck y Raoul Hausmann, en uno de los promotores del movimiento Dadá en Berlín; dentro de esta órbita, colaboró con John Heartfield en numerosos collages. Las actividades de los dadaístas se fueron multiplicando y radicalizándose políticamente hasta el punto de que, en 1924, Georg Grosz fue nombrado presidente del Rotter Gruppe (una asociación de artistas comunistas) y desde 1918 hasta 1924 perteneció al KPD (Partido Comunista Alemán).

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Ganoven en la barra, 1922

La pintura como arma política

George Grosz, con un análisis frío de la situación en Alemania, desmitifica y desenmascara a la burguesía y al ejército, destapando la podredumbre que hay en sus cerebros, bajo trajes y sombreros socialmente respetables. En sus series El rostro de la clase dominante (1921) o en Ecce homo (1927), hace una crítica despiadada de los militares, la burocracia, la burguesía y la iglesia, en escenas llenas de violencia y sexo, asuntos que le fascinaban también personalmente.

Variété, 1918
Variété, 1918

“Vivía -escribe en su “Autobiografía”- en mi propio mundo. Mis obras expresaban mi desesperación, el odio y la desilusión. Despreciaba radicalmente a todo el género humano”. Porque no sólo odia a los que tienen el poder, también desprecia a los que se someten.En sus cuadros sufren o hacen sufrir inválidos, mutilados de guerra, asesinos, suicidas, hombres de negocios gordos y satisfechos, a los que otros les hacen el trabajo sucio. Junto a prostitutas, uno de sus temas favoritos, a las que degradan todavía un poco más con su trato, y en ocasiones matan, en una imagen que aparece de manera obsesiva en Grosz, Dix y casi todos los pintores de la Nueva Objetividad.

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La muerte, el dolor, el sufrimiento, la humillación, la degradación, son los protagonistas de sus escenas y ante ellos Grosz muestra siempre una actitud ambivalente de atracción y repulsión, que no desentona con su compleja personalidad, su afición al disfraz, a las máscaras y al cambio de personalidad. Formalmente emplea todos los medios a su alcance, es decir, los recursos que le brindan otros ismos, como el cubismo o el futurismo, que le proporcionan el escenario, frío, vacío y geometrizado de sus ciudades, por las que se arrastran seres anónimos, cargados de cicatrices y solos.

'Down with Leibneicht', 1918
‘Down with Leibneicht’, 1918

Hay en Grosz una voluntad expresa de no hacer gran pintura o buena pintura. Los problemas eran tan urgentes y tan inmediatos que no había tiempo ni tranquilidad para ello. La pintura -o la caricatura o el dibujo- tenía que ser entendida fácil y rápidamente, porque era un arma política y no podía ser de otro modo.

Eclipse de sol, 1926
Eclipse de sol, 1926

Georges Grosz y La Nueva Objetividad.

La Nueva Objetividad, del que Grosz fue uno de los principales representantes, es un movimiento donde no se puede afirmar la existencia de un estilo común y homogéneo, sino que es el resultado de unas personalidades dispares en sus orígenes, técnicas e influencias. Lo que los une son sus mismas circunstancias históricas y el marco en el que basan sus creaciones: la ciudad.
A diferencia de los anteriores expresionistas de Die Brucke (El puente), su producción artística está ligada al contexto de posguerra mundial. La situación social y económica, en este caso resultan ser determinantes, y la experiencia bélica el detonante inicial para pintores jóvenes nacidos en la década final del siglo XIX como Georges Grosz, Max Beckman, Otto Dix o Conrad Felixmüller. La temática centrada en expresar los ánimos y sentimientos, ha sido del todo descartada, ahora el individuo junto con la denuncia social y política son el centro de sus actividades.

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The Lovesick Man, 1916

Durante los años veinte su producción refleja un profundo disgusto con la Alemania de la posguerra. La moderna metrópoli se convierte en el tema recurrente de su obra y, como un Bosco contemporáneo de incisivo tono crítico y agudo sentido de la observación, plasmó su entorno en obras de intención moralizante. Quizá fue el artista que realizó la crónica más fidedigna del Berlín aquellos años. Hoy en día, una de las principales radiografías que tenemos de la Alemania de la República de Weimar es la que nos ha dejado Grosz con sus mordaces caricaturas y la magistral recreación de la vida de las calles berlinesas.

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“Escena el el remoto sur de la bella España”, 1919

George Grosz sufrió, en 1920, el primero de una serie de procesos por blasfemia e inmoralidad, al haberse erigido con su obra en implacable juez de la Alemania prenazi y realizó en Berlín su primera exposición individual. Durante ese mismo año, Grosz colaboró en el montaje de la primera exposición internacional-Dadá en la que participaron, entre otros, Max Ernst, Otto Dix, Raoul Hausmann, John Heartfield y él mismo; y realizó una serie de cuadros bajo la influencia de la pintura metafísica italiana y del grupo Progressiven de constructivistas alemanes, lo cual supuso un excurso en su evolución estilística.

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Caricaturas políticas

Entre 1921 y 1922 adquirió, por medio de sus caricaturas políticas, una celebridad que no impidió que fuera procesado por su libro de dibujos Ecce homo (1923). En esta época fustigaba, con su estilo característico, tanto el absurdo mito militarista que culminaría en el nazismo como la inanidad de las distintas clases de la sociedad urbana, incluido el proletariado, en obras como El rostro de la clase dominante (Das Gesicht der herrschenden Klasse, 1921) y ¡Ajustaremos cuentas! (Abrechnung folgt!, 1923). De 1925 es su manifiesto Die Kunst ist in Gefahr (El arte está en peligro), redactado conjuntamente con W. Herzfelde.

The white slaver, 1918
The white slaver, 1918

Al año siguiente, fruto de una actitud resignada y moralizante que dejaba la protesta a sus espaldas, empezó a dedicarse de manera creciente a la pintura, y a abandonar la caricatura y el dibujo. Ya en 1933, impelido por el asfixiante clima político alemán, se trasladó a Nueva York; no regresaría definitivamente a Europa hasta el año de su muerte. En Estados Unidos, además de ejercer el magisterio en diversas escuelas de arte, abrió la suya propia.

 

Spaziergänger, 1930.
Spaziergänger, 1930.
Modelo en un diván, 1939-1940
Modelo en un diván, 1939-1940

Durante este período escribió Un sí pequeño y un gran no: la autobiografía de George Grosz (A little Yes and a Big No: The Autobiography of George Grosz), publicada en inglés en 1946 y en versión alemana en 1955, y siguió realizando retratos a la vez que dibujos y caricaturas políticas que trataban, entre otros temas, sobre la Alemania nazi y la guerra civil española; sin embargo, su estilo se hizo menos espontáneo, directo y conciso, y los dibujos, cuando eran políticos, tenían un carácter didáctico y esquemático.

Circe, 1927
Circe, 1927

En su extensa producción, objeto de numerosos estudios, destacan los libros Dibujos de George Grosz (George Grosz Drawings, 1944) y George Grosz (1960), con sus respectivas introducciones Acerca de mis dibujos (On my drawings) y Acerca de mis cuadros (On my pictures); el manifiesto Un pedazo de mi mundo en un mundo sin paz (A piece of my world in a world without peace, 1946) en el catálogo de la exposición del mismo nombre, y las ilustraciones para libros de Brecht, Upton Sinclair, Heinrich Mann y Dante, entre otros, así como los diseños teatrales para Reinhardt y Piscator.

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La celebridad y el olvido pueden ser simultáneos. La vida de alguien va por un lado y su obra por otro, y a veces la obra se acaba mucho antes que la vida o deja de recibir atención, y el que tuvo reconocimiento ahora continúa trabajando en el olvido, borrado no sólo por los que vinieron después sino por la perduración irritante de algo que él mismo hizo en otra época, y que ahora representa en exclusiva su nombre.

Cuando George Grosz murió, en 1959, en Berlín, después de caer borracho por unas escaleras, muchos de los que leyeran la noticia se asombrarían de que hubiera seguido vivo hasta entonces. Su nombre, sus caricaturas de guerra y descomposición, estaban en los libros de historia del arte y en los museos, pero él llevaba muchos años viviendo en el olvido, pintando cuadros que nadie quería exponer ni comprar y dibujos que raramente llegaban a ser ilustraciones de revistas.

12 thoughts on “Los cuadros de George Grosz descubren la depravación de los poderosos

  1. Unos comentarios, los tuyos, sobre la obra de Grosz que amplían la visión de su obra de un modo que nos parece muy acertado. Gracias por escribirnos. Un abrazo, DBD

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  2. Muy buena presentación de este gran pintor y testigo del terrible siglo XX europeo. Algo que (me) fascina en su obra, amén de la mezcla de escuelas que se opera en su obra, es la sensación de caos permanente que se desprende de muchas de sus telas, la desarticulación del lenguaje, el trazo rápido, los “graffitis” superpuestos, las alucinaciones y fantasmas que pueblan su pintura (a menudo dolorosamente) y permiten atenuar el carácter panfletario, potenciando al mismo tiempo la universalidad y la humanidad.

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  3. Encantados de recibir tu mensaje de una tierra que admiramos (los sertones…) y, a pesar de la dificultad idiomática, seguimos tus bellos poemas. Gracias por escribirnos, Kambami.

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  4. Hola Amigo! Gracias por su visita en mi blog. Ahora estoy siguiendo también ella y me encuentro con el arte y gran material.

    Un abrazo de Río de Janeiro!

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  5. Te agradecemos la visita y el comentario, bokanovskyprocess. Sentimos mucho no haber podido responder hasta hoy a tus letras, pero es que tenemos el blog un poco abandonado por motivos de trabajo.

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  6. Una buena bofetada a gusto del público el arte de Grosz y Otto Dix. Es curioso observar que aún en el siglo XXI lastramos las huellas del “sentido común” y “buen gusto”. Un gran artículo que invita a reflexión.
    Un saludo.

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  7. Genial planto socio cultural, vehiculizado por medio del arte… Antonio Berni me recuerda a Grosz!. Un abrazo y buen comienzo de 2015 para vos. Aquileana 😀

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  8. Gracias por tu notable y documentado comentario, amigo Jean-Paul. La mención a Sander es, además, muy oportuna.
    Un fuerte abrazo.

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  9. Una de las etapas artísticas más interesantes que vivió Grosz durante su juventud fue, sin duda, la organización y celebración –junto a Huelsenbeck y Heartfield– de la Primera Feria Dadá en Berlín. En aquella muestra, que reunió collages, pinturas, muñecos, objetos, carteles, etc. (¡hasta un total de 150 obras!), se criticaba al ejército, se hacía una parodia de la burguesía y se mostraba la barbarie del capitalismo. Al mismo tiempo que se apoyaba el movimiento obrero y la revolución rusa.

    Curiosamente, fue también durante el período comprendido entre 1920 y 1922, que Grosz intentó eliminar de su obra cualquier rastro de subjetividad. Durante ese tiempo, su obra pasó por la etapa que varios autores han llamado “metafísica”, la cual se llenó de maniquíes o autómatas, dejando atrás los “tipos” generales, no característicos, de sus obras anteriores. Estás claro que la poética metafísica constituyó para Grosz un medio que le permitió llegar a esa pintura constructiva y mecánica a la que aspiraba en aquellos años.

    En mi opinión, creo que Grosz también intentó –durante esa época– hacer en pintura lo que August Sander había empezado a hacer en fotografía; es decir, un intento de registrar con su objetivo a la población alemana según las clases sociales, oficios, edades, orígenes geográficos, razas, etc.

    Un cordiaal saludo, amigos!

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