Los desdenes amorosos alientan los más bellos versos de Guillaume Apollinaire

El 26 de agosto de 1880, Angélica de Kostrowitzky, una joven polaca de veintidós años, hija de un noble polaco exiliado, da a luz en Roma un niño cuyo nacimiento fue registrado cinco días más tarde por la comadrona ya que la madre deseaba conservar el anonimato. Aquella hizo inscribir al niño con los nombres de Gillaume Albert y el apellido de Dulcigni.

Como se supo más tarde, el padre de Apollinaire era un noble italiano, antiguo oficial al servicio de los Borbones, que había seducido a la muchacha de 21 años. Dos meses después, la madre reconoce al niño y lo inscribe formalmente con los nombres de Guillaume Albert Wladimir Alexandre Apollinaire.

Marie Laurencin, "Groupe d'amis", 1908 (de izquierda a derecha, Picasso, Marie Laurencin, Apollinaire y Fernande Olivier)
Marie Laurencin, “Groupe d’amis”, 1908
(de izquierda a derecha, Picasso, Marie Laurencin, Apollinaire y Fernande Olivier)

El que años después sería conocido simplemente como Guillaume Apollinaire tuvo una existencia intensa, difícil y, sobre todo, muy breve que transcurrió fundamentalmente en Francia. El escritor muere en París, el 9 de noviembre de 1918, recién finalizada la I Guerra Mundial (en la que participó), a los 38 años a causa de la gripe. Ocho meses antes se había casado con Jacqueline Kolb, la “linda pelirroja” citada en sus versos.Muchas personas conocían ya su nombre, pero sus libros más difundidos no habían alcanzado aún los dos mil lectores y, de ellos, quizás ni siquiera doscientos conocieron la noticia.

Como suele ser norma en materia de verdadera poesía, el prestigio del poeta oriundo de Italia se fue estableciendo sin prisas. Hoy se lee a Apollinaire mucho más de lo que se leía hace veinte años, y sin duda sus obras se leen menos de lo que se leerán dentro de algún tiempo.

Las obras del más conmovedor de los cantantes callejeros:

Sois le pont Mirabeau coule la Seine
Et nos amours
Faut-il qu’il m’en souvenir
La joie venait toujours après la peine

ALCOHOLES Y CALIGRAMAS

Apollinaire escribió mucho. Su obra es fruto, a veces temprano, de una vida breve y con muchos obstáculos. Apenas transcurren veinte años entre su primer libro, El mago putrefacto, y la muerte del poeta, y sin embargo, su bibliografía es copiosa, aunque en ella se incluya demasiados textos póstumos. Pero es suficiente en su caso, con citar los dos libros de versos por los que Apollinaire mismo se consideraba “un poeta maduro”: Alcoholes y Caligramas. Menos conocidos seguramente, aunque en todo caso interesantes, son sus títulos en prosa El heresiarca y Cía y El poeta asesinado. A ellos habría que añadir la novela clandestina Las once mil vergas, publicada bajo cuerda en 1907 por un impresor de Malakoff.

Enamorado que fue rechazado a pesar de sus versos y su constancia, o precisamente en algún caso por esta última actitud, Apollinaire traslada estos desdenes a sus poemas extensamente, recordando, sintiendo de nuevo los pormenores del deseo cuando ya no está la mujer.

Annie Playden, la joven ama de llaves de una acaudalada alemana a cuyo servicio, como preceptor, estaba también Apollinaire, es su primer amor no correspondido. Cuando se separan, el poeta realiza dos viajes a Londres sin obtener nada de ella, aunque le propone matrimonio. Al final, Annie, temerosa del ímpetu su pretendiente, opta por trasladarse a los Estados Unidos sin dejar dirección.

Apollinaire evoca los primeros momentos de su idilio y escribe, poco después de haber conocido a Annie en agosto de 1901, el poema El centinela melancólico.

Nous parlions dans le vent auprès d’un petit mur
Où lisions l’inscription de un pierre mise
A cette place en souvenir d’un meurtre et sur
Laquelle bien souvent tu t’es longtemps assise
– Gottfried apprenti de Brühl l’an seize cent trente
Ici fut assassiné
Sa fiancée en eut une douleur touchante
Requiem aeternam done ei Domine –

Le soleil au déclin empourprait la montagne
Et notre amour saignait comme les groseilliers
Puis étoilant ce pâle automne d’Allemagne
La nuit pleurant des lueurs mourait à nos pieds.

[Hablábamos en medio del viento cerca de un pequeño muro
Donde leíamos la inscripción de una piedra colocada
En este lugar en recuerdo de un crimen y sobre
La cual muy a menudo te has sentado largo rato
– Gottfried aprendiz de Brühl el año seiscientos treinta
Aquí fue asesinado
A su prometida le causó un dolor lacerante
Requiem aeternam dona ei Domine –

El sol al ponerse empurpuraba la montaña
Y nuestro amor sangraba como los groselleros
Después estrellando ese pálido otoño de Alemania
La noche llorando fulgores moría a nuestros pies.]

En 1907, Apollinaire encontró en la tienda de un marchante de cuadros a una joven artista, Marie Laurencin, entonces desconocida pero de la que Picasso le había hablado con simpatía y hacia la cual se siente fuertemente atraído. El amor y sus amistades llevan al poeta a la crítica del arte en los círculos parisienses. En diversos artículos de prensa y en catálogos de exposiciones exalta a los nuevos pintores: Matisse, Picasso, Braque, el Aduanero Rousseau y Delaunay, entre otros.

Marie Laurencin (1883-1956) fue sin lugar a dudas el amor más importante y al final el más tempestuoso en la vida de Guillaume Apollinaire, quien dedicó a la pintora muchas de sus composiciones poéticas y contribuyó sin lugar a dudas a lanzarla en el mundo del arte. En sus Méditations esthétiques, donde Apollinaire defiende y pasa revista a los pintores cubistas, el poeta convertido en crítico de arte, en el más puro estilo de Baudelaire, la coloca como veremos entre Picasso –su amigo del alma, su hermano– y Henri Rousseau, o lo que es lo mismo, entre cubismo y pintura naif. Será además la única mujer digna de ser incluida en sus ensoñaciones sobre el arte verdadero.

SU FAMOSO POEMA

Su relación con Marie se prolonga hasta 1912 cuando la joven, aunque se ha hablado de matrimonio, rompe con Apollinaire, en otoño de ese año, lo que afectará al poeta profundamente. El poema del Puente Mirabeau, uno de los más conocidos del escritor, parece responder a lo ocurrido.

Le pont Mirabeau

Sous le pont Mirabeau coule la Seine
Et nos amours
Faut-il qu’il m’en souvienne
La joie venait toujours après la peine

Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure

Les mains dans les mains restons face à face
Tandis que sous
Le pont de nos bras passe
Des éternels regards l’onde si lasse

Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure

L’amour s’en va comme cette eau courante
L’amour s’en va
Comme la vie est lente
Et comme l’Espérance est violente

Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure

Passent les jours et passent les semaines
Ni temps passé
Ni les amours reviennent
Sous le pont Mirabeau coule la Seine

Vienne la nuit sonne l’heure
Les jours s’en vont je demeure

[Bajo el puente Mirabeau corre el Sena
Y nuestros amores,
Es necesario que me acuerde
La alegría llegaba siempre después de la pena

Viene la noche, suena la hora
Los días se van, yo me quedo

Las manos en las manos frente a frente
Mientras que bajo
El puente de nuestros brazos pasa
De las viejas miradas el agua fatigada

Viene la noche, suena la hora
Los días se van, yo me quedo

El amor se va como este agua que corre
El amor se va
Como la vida es lento
Y como la Esperanza es violento

Viene la noche, suena la hora
Los días se van, yo me quedo

Pasan los dias y pasan las semanas
Ni el tiempo pasado
Ni los amores regresan
Bajo el puente Mirabeau fluye el Sena

Viene la noche, suena la hora
Los días pasan, yo me quedo]

Como quiera que sea, en otro de sus poemas, Apollinaire despeja las dudas que pudiera haber respecto a su inspiración, eligiendo el explícito título de Marie y dejando penetrar el sentido de una despedida en sus versos finales:

Marie

…/…

Sais-je où s’en iront tes cheveux
Crépus comme mer qui moutonne
Sais-je où s’en iront tes cheveux
Et tes mains feuilles de l’automne
Que jonchent aussi nos aveux

Je passais au bord de la Seine
Un livre ancien sous le bras
Le fleuve est pareil à ma peine
Il s’écoule et ne tarit pas
Quand donc finira la semaine

[Sé donde se irán tus cabellos
Ondulados como mar encrespada
Sé donde irán tus cabellos
Y tus manos hojas de otoño
Que cubren también nuestras confesiones

Pasaba por la orilla del Sena
Un libro viejo bajo el brazo
El río se parece a mi pena
Fluye sin cesar
Cuándo acabará la semana]

LOS CADÁVERES DE MIS DÍAS

A pesar de su inclusión formal en el movimiento Dadá, Apollinaire fue el inventor del término “surrealismo”, entendido como un estado de creación opuesto al realismo que había sido hegemónico hasta la época de las vanguardias literarias, que a principios del pasado siglo bullían en París. Más tarde, André Breton recuperaría esta nueva palabra para fundar el movimiento al que su nombre está unido.

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En este contexto de libertad formal y, de no menor importancia, de radical ampliación de los temas y motivos que hasta entonces -con algunas excepciones- había tratado la poesía, se mueve Guillaume Apollinaire que abre caminos aún inexplorados en el aspecto poético. Y sus tentativas y logros son tan novedosos, en contacto directo con las nuevas vías que están abriendo los pintores cubistas y postimpresionistas, como Picasso y el aduanero Rousseau, que luego marcarán la evolución de la poesía moderna; y para algunos, aún lo hacen.

En esta última poesía, se mezcla quizás una sensación de tristeza con imágenes que corresponden a las profundas raíces que Apollinaire tenía con su patria italiana y el paisaje de los Alpes marítimos y la costa de Niza, que aparecen frecuentemente en su obra.

Fiançailles

J’ai eu le courage de regarder en arrière
Les cadavres de mes jours
Marquent ma route et je les pleure
Les uns pourrissent dans les églises italiennes
Ou bien dans de petits bois de citronniers
Qui fleurissent et fructifient
En même temps et en toute saison
D’autres jours ont pleuré avant de mourir dans des tavernes
Où d’ardents bouquets rouaient
Aux yeux d’une mulâtresse qui inventait la poésie
Et les roses de l’électricité s’ouvrent encore
Dans le jardin de ma mémoire

[He tenido el valor de mirar hacia atrás
Los cadáveres de mis días
Señalan mi ruta y yo los lloro
Unos se pudren en las iglesias italianas
O en pequeños bosques de limoneros
Que florecen y fructifican
Al mismo tiempo y en toda estación
Otros días han llorado antes de morir en las tabernas
Donde ardientes flores giraban
En los ojos de una mulata que inventaba la poesía
Y las rosas de la electricidad se abren todavía
En el jardín de mi memoria]

Apollinaire es uno de los poetas más contradictorios afectado por la esencial contradicción de la poesía (búsqueda de la Belleza contraria a su expresión). Punta de lanza innovadora del movimiento artístico de principios de siglo. Orientador y defensor de los nuevos valores y tendencias (“Jamás los crepúsculos vencerán a la aurora”), precursor inmediato de ese movimiento fructífero que fue, y en cierto modo sigue siendo, el surrealismo, y que entronca, al margen del campo estrictamente poético, con numerosas ramas del arte y del pensamiento del siglo XX. Poeta polémico e inconformista que, junto a espectaculares audacias formales, es capaz de un extraordinario lirismo y de expresarse en un tono sencillo y emotivo. Poeta siempre en movimiento, en una constante metamorfosis personal. Poeta de la vitalidad, que canta a la libertad de expresión, a la pasión desnuda, al placer y al sexo liberado. El erotismo fue uno de los grandes resortes de su poesía.

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Incapaz de utilizar el método de análisis, procedía siempre por intuición y se dejaba guiar por su gran imaginación poética, por su maravillosa capacidad para establecer relaciones entre ideas y cosas aparentemente dispares; aunque se basaba siempre en el simbolismo de la imagen y la riqueza de detalles. Aunque amaba el misterio (“El misterio en poesía es tan legítimo como la claridad”), las fábulas y los mitos, Apollinaire fue siempre un humanista que anduvo a tientas, y por diversos caminos, a la búsqueda de este arte único que le permitiera expresar sin dicotomías, sin dualismos, al hombre total, integrando inteligencia y emoción en una misma expresión poética. DBD

Apollinaire par lui-même, Pascal Pia, Ed. Seuil, 1954.
Traducción al español: Guillaume Apollinaire, Pascal Pia, Ahimsa Editorial, Valencia 2001.
José Manuel López
Domingo Pujante González

 

6 thoughts on “Los desdenes amorosos alientan los más bellos versos de Guillaume Apollinaire

  1. Cher Aquileana,

    Les poètes vont chantant Noël sur les chemins
    Célébrant la justice et l’attendant demain
    Les fleurs d’antan se sont fanées et l’on n’y pense plus
    Et la fleur d’aujourd’hui demain aura vécu.

    Gracias y un abrazo, estimada amiga. 🙂

    Le gusta a 1 persona

  2. Excelente post…. muy buen recorrido poético y biográfico…
    Sin embargo, qué triste paradoja que alguien que sobrevivió la guerra muera a causa de una enfermedad que se suscitó como consecuencia de las secuelas de la misma…
    Gracias por compartir… muy buena semana. Aquileana 🙂

    Le gusta a 1 persona

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