Guimarães Rosa escribe un pilar de la novela moderna: “Gran Sertón: Veredas”

“Gran Sertón: Veredas” se publicó en Brasil en 1956, transformándose en un clásico instantáneo y al mismo tiempo indefinible. En palabras de su autor “es tanto una novela como un largo poema”. João Guimarães Rosa (1908-1967) ya era considerado uno de los autores más originales de la literatura brasileña después de la edición de los relatos de “Sagarana” en 1946 , pero con la aparición de “Gran Sertón” se convirtió en uno de los escritores brasileños más conocidos universalmente. (En la primera fotografía, Joao Guimaraes aparece en un viaje al Sertao Mineiro en 1952.)

En esta novela, cuyo escenario es el sertón –un área geográfica situada al nordeste del Brasil que figura en la literatura brasileña como una concepción de la identidad nacional–, la trama está constituida por un largo e ininterrumpido monólogo que el yagunzo Riobaldo le relata a un médico urbano. Se trata de un yagunzo (“un valentón asalariado que está ligado a la idea de prestación de servicios, típica en las disputas grupales o familiares” según Antonio Candido) que durante una etapa de su vida fue maestro. Su condición de maestro torna verosímil un monólogo cargado de citas, referencias y ecos de la literatura universal: desde el infierno dantesco a la urbs joyceana, pasando por la leyenda de Fausto y la literatura de caballería.

guimaraes1
Mutis, Guimaráes Rosa y García Márquez

“El sertón (sertão en el original) es una palabra sin traducción posible; alude a un enorme altiplano que abarca la tercera parte de Brasil: desde su centro -el estado de Goias- se extiende al oeste hacia el Matto Grosso, al este hasta Bahía, al norte hacia la cuenca del Amazonas. Joáo Guimaráes Rosa (1908, médico civil y militar, diplomático de carrera y, posteriormente, ministro plenipotenciario) nació en el borde sur del sertón: Minas Gerais. Desde allí, pasó muchos años de su vida al acecho del monstruo, se internó en él, desmenuzó sus humores, le ganó una cuota nada despreciable de secretos para la causa de la literatura. Salió de allí con un conocimiento profundo de su gente: vaqueros seminómades que se desplazan con el clima, criminales que “viven su cristo-jesús apartados del palo de la autoridad”.

Suma de las antípodas e inventario cercano a la manía del detalle, es Riobaldo, el personaje central que reina a sus anchas en Gran sertón: veredas. Ya viejo, casi sabio y finalmente aquerenciado, le narra a un oyente anónimo sus correrías hacia principios de siglo, enrolado en una cuadrilla armada al mando de distintos jefes, que luchan entre sí por el predominio. Un día cualquiera, por una especie de razón ciega y algo metafísica, cuando llega a ser uno de los que mandan en su región, Riobaldo se retira de la aventura, del peligro como estado natural, y pierde en parte el sentido de la existencia. Recuperar este sentido recordándolo todo en forma inexorable y reflexionando filosóficamente sobre la disyuntiva límite del hombre en el sertón -y por lo tanto en el mundo-, es una de las razones de este libro.

Lo otro, la corriente subterránea y “científicamente” compilada, es esa especie de síntesis -por momentos magistral- entre el dialecto de Minas Gerais, las expresiones recónditas del sertón, y una desfiguración pertinaz del portugués culto. Por todo esto, la prosa se hace cada vez más intrincada y parsimoniosa; el lenguaje, dominado por la pasión filológica, le quita verosimilitud a las dos convenciones claves: que hable Riobaldo -casi analfabeto- en lugar de Guimaráes -casi un aristócrata- y que a Riobaldo lo escuche un “doctor” joven, inexperto, con tanta paciencia y voluntad de silencio.

Lo cierto es que, antes de lanzarse a escribir Gran sertón (obra a la que él mismo considera su “testamento espiritual”) Guimaráes había mantenido una relación no muy freceunte con la literatura: un libro de poemas Magma (premiado por la Academia de Letras de Brasil en 1936), Saragana (nueve relatos, 1946) y Corpo de baile (aparecido al mismo tiempo que Gran sertón, en 1956). Es como si toda su vida hubiera estado dirigida a escribir un libro definitivo sobre la tierra y los hombres que lo hechizaron desde la infancia: de ahí que Riobaldo, además, llegue a ser héroe épico a la manera de la tradición caballeresca española, hombre dominado por un sentido religioso de la existencia.

En Gran sertón todo torna a ser dicho, se retoman las ideas más o menos universales de la contingencia humana; cada tres o cuatro páginas vuelve a detenerse el motor épico-lingüístico de Riobaldo y resurge la cita, la definición: “Todo el mundo está loco. Usted, yo, nosotros, todas las personas. Por eso es por que se necesita principalmente de la religión: para desenloquecerse, desenlocar”. Se define una y otra vez el sertón, a pesar de que todo sería sertón: “es donde manda quien es fuerte, con las astucias”. Se explica, en esencia, lo que significa la juventud: “es tarea para desmentirse más tarde”; el equilibrio: “uno llega donde el enemigo también quiere”; Dios: “viene viniendo, nadie lo ve. Como Él actúa es como la ley de lo suavecito… ataca bonitamente”. Y en la simbiosis Guimaráes-Riobaldo no sólo convive el fervor “poético” hacia el paisaje inventariado sin omisiones, sino que, como veredas (que son bosquecillos de palmeras en las cañadas del sertón), aparecen también onomatopeyas: “el i-ah del viento”; palabras inventadas: “exhalarrastrar, disquiriendo”; proverbios de corte popular, indianismos y términos esotéricos que el traductor (esforzado y consecuente) sólo pudo descifrar gracias a que vivió una temporada en contacto personal con Guimaráes.

guimaraes2

La lectura atenta de Gran sertón es una empresa intelectual aparte: exige dedicación, fe en la voz que se escucha y humildad. La crítica especializada brasileña -impresionada por el desafío- comparó insistentemente este libro con el Ulises, de James Joyce, dado que en las dos obras existía una nítida intención filológica. Sin embargo, Guimaráes, al revés del gran dublinense, no abre caminos, no deja participar al lector bajo ningún concepto. Monumento al fin, compendio de las corrientes literarias tradicionales, Gran sertón acaso sirva para ubicar, sobre el pedestal donde descansa, las palabras finales de Riobaldo: “Cierro. Ya ve usted. Lo he contado todo”; o inclusive una confesión reciente -y casi obvia- del propio Guimaráes: “Estoy contra el tiempo y en favor de la eternidad”

Primera Plana Nº 228
9 de mayo de 1967

10 thoughts on “Guimarães Rosa escribe un pilar de la novela moderna: “Gran Sertón: Veredas”

  1. Bueno, agradecemos tu comentario y que te hayas acordado de tan breve conversación. Muchas gracias por animarnos y encantados de que DBD te haya interesado. Saludos cordiales.

    Me gusta

  2. ¡Hola!
    Escribo después de haberme encontrado en una librería alicantina e intercambiado unas palabras sobre Thomas Pynchon con una de las personas que (creo que) llevan esta página… No la conocía, así que acabo de llegar a casa, he pasado un rato navegando por ella, y simplemente quería saludar, y animaros a que sigáis con esta iniciativa tan interesante.
    ¡Un saludo!

    Me gusta

  3. Saludos, Knopfler. Suscribimos en su totalidad tu agudo análisis sobre la obra principal de Guimarães y estamos completamente de acuerdo en que, como tú has expresado tan admirablemente, el lenguaje es el flujo más poderoso que nos arrastra a lo largo de sus páginas. Lo cual nos lleva a mencionar la épica (!) traducción que, por su dificultad, apreciamos extraordinariamente.
    Para acabar, queremos agradecerte la notable aportación que supone tu comentario para conocer las claves de esta novela. Hasta otra ocasión, DBD.

    Me gusta

  4. Hola, bellaspiritu, muchas gracias por elegirnos para dar tu nominación, que agradecemos mucho y que nos anima a continuar. Saludos cordiales, DBD

    Me gusta

  5. En el mismo año que ‘Vidas secas’ se publicó ‘Sagarana’, novela corta del autor que iba a revolucionar de manera decisiva la literatura brasileña, tanto como lo había hecho ‘Macunaima’ de Mario de Andrade; pero si ésta fue un intento parcialmente fallido como cosmogonía, las obras de Guimarães Rosa, en cambio, importan tanto por su intención como por su perfecta realización. Al igual que casi todas las grandes novelas universales, ‘Gran sertão’ es una alegoría, exonerada de la abstracción intelectual por la poesía del estilo y de sus personajes. Cada frase está concebida como el verso de un poema. La invisible pero siempre presente estructura verbal es tan importante para la adecuada comprensión del libro como la propia peripecia narrativa. Definitivamente, en ‘Gran Sertão: Veredas’, es el lenguaje quien crea el mundo, quien erige a los personajes, quien atestigua e inventa.

    Un cordial saludo, amigos de DBD

    Me gusta

  6. pregunta: Si DBD se llama “Magazine Literario” xq no vas hasta la conclusión y publicas de varias fuentes/autores?
    🙂
    Salu2
    Brian

    Me gusta

  7. Estimado Diego, muchísimas gracias por tu nominación. Te lo agradecemos muy sinceramente. Saludos cordiales, DBD

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s