Tras una extenuante huida, Walter Benjamin se suicidó en Portbou hace 75 años

Los últimos meses de la vida de Walter Benjamin se pueden reconstruir sólo a partir de testimonios rarísimos. Huyendo de la llegada de los ejércitos alemanes, el filósofo y ensayista nacido en Berlín en 1892, logró llegar a Marsella, esperando obtener allí el visado que le permitiría viajar a Estados Unidos. En esta ciudad, se veía amenazado por las continuas redadas de la policía que detenía a toda persona en situación irregular. Numerosos emigrados se encontraron de este modo encarcelados, o rechazados fuera de la «zona libre». Benjamin debió vivir en Marsella con mucha frecuencia en la clandestinidad, como los personajes de la novela de Anna Seghers “Tránsito”, excelente obra que narra las crueldades de una burocracia implacable en la ciudad francesa durante aquellos años.

foto.pass.benjamin

Fotografía del pasaporte de Walter Benamin

Para todos los que no podían obtener la autorización de salida de Francia, el visado de tránsito hacia España que se concedía en Marsella, no era de ninguna utilidad y, como último recurso, no quedaba sino una huída por los Pirineos.

Según Lisa Fittko, perteneciente a una conocida familia judía húngara y que escribió un famoso libro sobre estos hechos, Benjamin intentó en vano abandonar Francia por primera vez en compañía de Fritz Fraenkel, embarcándose en un buque de carga… disfrazado de marinero y abrazando contra sí sus manuscritos.

El escritor vuelve a encontrar a Lisa Fittko, a la que ha conocido en Portvendres, el 25 de septiembre de 1940, en Banyuls, última ciudad antes de la frontera. Fugitiva ella misma del campo de concentración de Gurs, cerca de Toulouse, ya había conseguido conducir a más de un centenar de emigrados a España, cruzando los Pirineos por un sendero poco transitado que conduce a Portbou, gracias a la complicidad del alcalde de Banyuls, antiguo republicano socialista.

Benjamin, con la cortesía un poco ceremoniosa que le era habitual, le pidió si ella podía ayudarle a dejar Francia con algunas otras personas. Benjamín estaba dispuesto a seguir sus indicaciones pero advierte a Lisa que sufre de una enfermedad de corazón y sólo podrá andar lentamente. Además, el fugitivo se negaba a abandonar un maletín negro cargado de manuscritos, afirmando que significaban más que su propia persona. Luego, los dos se fueron juntos reconocer el itinerario que debían recorrer al día siguiente. El acabó tan agotado que prefirió pasar la noche a la montaña, antes que regresar al pueblo.

Al día siguiente, el «viejo Benjamin», como le llamaba afectuosamente Lisa Fittko – a pesar de su edad (48) era un hombre quebrado, precozmente envejecido –, los esperaba en un claro. El grupo de huídos alcanzó el “camino de las crestas”, como se conocía esta ruta seguida por los contrabandistas, tratando de no atraer la atención, de agregarse a los hombres y a las mujeres que iban trabajar en las vides. Cada diez minutos, Benjamin debía pararse visiblemente agotado. Sus compañeros se relevaban para llevar su pesado maletín, avanzando por una senda rocosa y resbaladiza. A veces, debían sostenerlo, su respiración se volvía jadeante.

Entrada al apartamento en el número 10 de la rue Dombasle de París, donde vivió Walter Benjamin de 1938 a 1940

Entrada al apartamento en el número 10 de la rue Dombasle de París, donde vivió Walter Benjamin de 1938 a 1940

Llegados a la cumbre, contemplaron el Mediterráneo. El paisaje en este lugar es de una belleza extrema. Desde todas partes se ven calas formadas por moles de pizarras; las rocas negras contrastan con el sombrío azul inmóvil del mar, la mustia vegetación de las colinas, los viñedos. Más allá, a la vez escalonado y al amparo de las montañas se extiende el pueblo de Port-Bou, en España. A Benjamin ya no le quedaba sino alcanzarlo. Estaba tan débil que se arrodilló para beber el agua corrompida de una charca.

Lisa Fittko dejó al pequeño grupo a mediodía. Los fugitivos deberán presentarse en el puesto fronterizo de la estación para obtener el visado español. Sólo el día siguiente Lisa se enteró del trágico desenlace que les esperaba. Nuevas órdenes habían sido enviadas desde Madrid a la policía de las fronteras. A partir de ese momento, se prohibía entrar en España a los refugiados desprovistos de un visado de salida concedido por Francia.

Esta medida, destinada sin duda a desanimar los apátridas fue, sin embargo, derogada poco después. Unas semanas más tarde el paso por España para embarcar en Portugal hacia Estados Unidos, del cual el escritor poseía un visado de entrada, habría sido posible. Pero, en aquellos momentos, Benjamin estaba demasiado agotado para regresar a Francia y empezar de nuevo una expedición semejante a la recién culminada. Además, temía de ser entregado al Gestapo si volvía a suelo francés.

Previendo un fracaso de la posible huída, el ensayista alemán se había provisto de tabletas de morfina que había mostrado a Arthur Koestler, en Marsella. Walter Benjamin las tomó el 26 de septiembre, dejando una nota en la que que pedía que no intentaran salvarlo. Benjamin confió a H. Gurland una última carta dirigida al filósofo Theodor W. Adorno, redactada en francés: ”En una situación sin salida, no tengo otra elección sino terminar aquí.  Un pueblo de los Pirineos, donde nadie me conoce, es el lugar en que mi vida va a acabarse”.

Cuando Benjamín fue descubierto agonizante, la gente del pueblo llamó a un sacerdote para velarlo. Los otros emigrados no se opusieron a esto para evitar reconocer que eran judíos. Impresionados con su suicidio, los policías españoles permitieron al pequeño grupo con el que había huído el filósofo alemán recuperar su camino

Placa de homenaje a Walter Benjamin en el cementerio

Lápida funeraria en el cementerio de Portbou

El carácter horroroso del fin de Walter Benjamin, la desgracia inverosímil de la que fue una vez la víctima – última manifestación de “le petit boussu” – no lo perdonará ni siquiera después de su muerte. Aunque Hannah Arendt, una gran amiga de Walter Benjamín, reconocida teórica política, pagó por una concesión de la tumba durante cinco años, los despojos del suicida debieron ser arrojados a la fosa común mucho antes y se ignora qué fue de ellos.

Sin embargo, existe una tumba de Walter Benjamin en el cementerio de Port-Bou: una construcción simple destinada a los visitantes. Hizo falta esperar hasta el año 1979 para que el Ayuntamiento, regido por los socialistas, hiciera colocar una lápida en su memoria.

En este hermoso cementerio escalonado sobre el mar, compuesto de nichos horizontales adornados con flores artificiales, podemos ver hoy sobre el primer plano, a lo largo de una pared blanca, un peñasco de granito perdido en el verdor, sobre el cual está grabada su célebre frase, en alemán y en catalán: “No hay ningún documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie». En cuanto a sus efectos personales, desaparecieron.

Traducción libre de un extracto del libro de Jean-Michel Palmier, “Walter Benjamin : Le chiffonnier, l’Ange et le Petit Bossu”. Aquí

Walter Benjamin,  “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. Aquí

Museo Memorial del Exilio de La Junquera. Aquí

10 Comments

  1. Hola Maruja. Te reiteramos nuestro agradecimiento por tu generosa mención.
    Un fuerte abrazo y nuestros mejores deseos para el nuevo año 🙂

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  2. Un final dramático, espeluznante, como dices. Gracias, Daniel, por enviarnos tu comentario y por tu aportación al artículo. Un saludo, DBD

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  3. De entrada, loable labor la tuya por traducir este interesante texto. En segunda instancia, no imagino a Arendt, su rostro, ante tal infortunio. Ya tengo grabada su cara ante tragedias mundiales, pero creo que quizá la más intima sería incluso peor. Si yo, al leer “los despojos del suicida debieron ser arrojados a la fosa común mucho antes y se ignora qué fue de ellos” me he sentido terriblemente mal, el drama que se debió haber vivido en torno a su muerte…. es digno de una historia.

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  4. Gracias por tu comentario, estimada Aquileana. A propósito de su relación con la Escuela de Frankfurt, y por lo que respecta al concepto de la Teoría Crítica formulada por parte de Theodor Adorno y Max Horkheimer, Benjamin entiende la crítica de tal manera que la política sea su continuación por otros medios. En su sociología de la cultura, hace hincapié en el concepto de experiencia social. Como teórico de la cultura, su interés se refiere a los cambios que el proceso de modernización capitalista causa en las estructuras de interacción social.
    Un fuerte abrazo, amiga! 🙂

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  5. Benjamin fue un héroe y a la vez un mártir… Todos los miembros de la Escuela de Frankfurt habían emigrado hacia Estados Unidos mayormente, pero también a otros lugares de Europa…
    Él decidió sostener su causa y sus escritos hasta el final… aunque fue uno muy triste.
    Excelente post!. Un abrazo. Aquileana 🙂

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  6. Desde luego, Benjamin se adelanta a su tiempo. Quizás esto sólo les ocurra a los historiadores lúcidos que no se conforman con reproducir la tradición. Muchas gracias Fernando por escribirnos estas reflexiones que supondrían, si no lo hacen ya, el aggiornamento de la teoría social de Walter Bemjamin. Un cordial saludo, DBD

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  7. Acabo de releer “Sobre el concepto de historia” y me ha vuelto a fascinar la tesis 9 sobre el «Angelus novus» de Klee –que ocupa un lugar tan destacado en la filosofía contemporánea– a partir de las reflexiones del recordado Walter Benjamin.

    Su lectura resulta estremecedora, especialmente en esta época incierta, ya que el desolado filósofo contempla ahí las ruinas de la Historia arrasada por el huracán del progreso destructor y aniquilante, del que el hombre no puede escapar y que le arrastra hacia un futuro aterrador construido sobre las cenizas de la Humanidad.

    Saludos, dbd.

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  8. Al margen de felicitarte por este magnífico artículo, ¿qué más podemos decir de este gran pensador? Por lo pronto, podemos señalar que tenía una gran visión de futuro, que era un adelantado a su época. En aquellos difíciles años treinta, Benjamin ya percibe el capitalismo como una religión sin teología, como un sistema incontrolable que puede desembocar en la veneración del éxito, en una orgía consumista sin límites, y en la construcción mediática de la realidad. Con esta explicación ¿no estaba ya describiendo lo que constituye, hoy en día, la salvaje globalización neoliberal? ¿No estaba, este extraordinario intelectual, previendo el estado de vacío moral e intelectual del hombre occidental actual?

    Saludos y gracias por recordarlo

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