John Dos Passos escribe un fresco puntillista de la gente corriente de Manhattan

John Dos Passos, de origen portugués; seis pies de talla, desgarbado, miope, hizo sus estudios en la Universidad de Harvard. A poco de graduarse fue por primera vez a España. Luego, cuando los Estados Unidos entraron en la I Guerra Mundial, sirvió en el frente hasta que se firmó el armisticio.

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Dos Passos (1896-1970), ha sido considerado como un escritor representativo de la llamada generación “perdida”, o “maldita”, cuyas novelas, amargas y profundamente impresionistas atacan la hipocresía y el materialismo de los Estados Unidos entre las dos guerras mundiales y tuvieron una honda influencia en varias generaciones de novelistas europeos y estadounidenses. John Roderigo Dos Passos nació en Chicago (Estados Unidos), el 14 de enero de 1896.

Dos Passos fue miembro de la denominada Generación Perdida, en donde también se incluyen autores como Ernest Hemingway o Francis Scott Fitzgerald. Su estilo se encuadra en el realismo de la Escuela de Chicago, en el cual se desmitifica el sueño americano desde una gradación expresionista y una tonalidad desilusionada y pesimista.

Tras publicar en 1919 una novela de carácter autobiográfico, La iniciación del hombre, el éxito, aunque modesto,  le llegó con su segundo libro, Tres soldados (1921). Mucha más repercusión tuvo  posteriormente  uno de sus títulos clave, Manhattan Transfer (1925). Además de las obras  citadas, sus novelas más significativas son El paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936), tríada de novelas que componen la llamada Trilogía USA. Tampoco son desdeñables Hombre joven a la aventura (1939), El número uno (1943) y El gran proyecto (1949), títulos estos últimos que integran también otra trilogía, la denominada Distrito de Columbia.

” La primera cosa que oyeron fue el trémulo silbido de un vagoncito que humeaba al borde de la acera, frente a la entrada del ferry. Un chico se apartó del grupo de emigrantes que vagaba por el embarcadero y corrió el vagoncito.
– Es como una máquina de vapor y está llena de tornillos y tuercas -gritó al volverse.
– Padriac, vuelve aquí.
– Y aquí está la estación del elevado, South Ferry -continuó Tim Halloran, que había venido a buscarles-. Allá arriba está Battery Park y Bowling Street y Wall Street, el distrito bancario… Vamos, Padraic, el tío Timothy te va a llevar en el elevado de la Novena Avenida.
Quedaban sólo tres personas en el embarcadero, una vieja con un pañuelo azul a la cabeza, y una joven con un chal color magenta, en pie las dos, una a cada lado de un gran abúl claveteado con tachuelas de latón. Y un viejo con una perilla verdosa y una cara toda rayada y retorcida como la raíz de un roble muerto. La vieja gemía con lágrimas en los ojos: “Dove andiamo, Madonna mía, Madonna Mía!” La joven desdoblaba una carta y parpadeaba ante la floreada escritura. De repente se acercó al viejo: “Non posso leggere”, y le alargó la carta. Él se restregó las manos, balanceó la cabeza y dijo algo que ella no pudo entender. La joven se encogió de hombros, sonrió y volvió a su baúl. Un siciliano con patillas hablaba con la vieja. Cogió el baúl con la cuerda y lo arrastró a un carro con un caballo blanco, que estaba parado en la acera de enfrente. Las dos mujeres siguieron al baúl. El siciliano tendió la mano a la joven. La vieja, sin dejar de murmurar y lloriquear, se subió trabajosamente a la trasera. Cuando el siciliano se inclinó para leer la carta, rozó a la joven con el hombro. Ella se puso tensa. “Awright”, dijo. Luego, sacudiendo las riendas sobre la grupa del caballo, se volvió a la vieja y gritó: “Cinque le due… Awright”. (Fragmento de Manhattan Transfer)

MANHATTAN TRANSFER

En la que es su novela quizás más conocida,  Manhattan Transfer,  Dos Passos aborda el problema técnico de pintar una ciudad enorme y lo resuelve por un procedimiento dramático. Su novela es una sucesión de escenas. La masa en bloque no aparece nunca, pero los personajes se suman, se multiplican, hasta formar una multitud variopinta de rentistas, negociantes, cómicos, obreros, millonarios, prostitutas, militares. Unos nacen, otros mueren, otros se casan, otros terminan en la cárcel, otros se eclipsan durante años para reaparecer con el cabello gris enriquecidos o arruinados.

Sería necesario cruzar cien veces la ciudad de punta a punta, meterse en todos sus rincones, viajar en todos sus trenes, para sacar la misma impresión de vértigo que causa la lectura de esta serie de cuadros impresionistas, hilvanados con un hilo apenas perceptible que el autor rompe cuando lo tiene por conveniente.  Como en la pantalla del cine, la acción, que abarca veintitantos años, cambia bruscamente de lugar. Los personajes, más de ciento, andan de aquí para allá, subiendo y bajando en los ascensores, yendo y viniendo en el Metro, saliendo y entrando en los hoteles, en los vapores, en las tiendas, en los music-hall, en las peluquerías, en los teatros, en los rascacielos, en los teléfonos, en los Bancos. Pero el verdadero protagonista no es sino Manhattan mismo, con sus viejas iglesias empotradas entre geométricos rascacielos, con sus cabarets resplandecientes, con con su puerto  brumoso  y humeante, y con sus carteles luminosos, que parpadean de noche en las avenidas donde la gente se atropella ensordecida por el trepidar de los trenes elevados. Dos Passos no ha tenido miedo de pintarlo tal como es, cruel, obsceno, ruidoso y magnífico, en una de las mejores novelas que ha producido la  literatura norteamericana del siglo XX.

John Dos Passos, escritor de la llamada Generación Perdida, logró en Manhattan Transfer desarrollar una representación acerba, realista y cruda de la vida cotidiana de seres comunes que residen en el bullicioso microcosmos de Nueva York durante el primer cuarto del siglo pasado.

La novela convirtió al escritor estadounidense de ascendencia portuguesa, en uno de los autores más admirados de su país y fuera de su país (alabado por Jean-Paul Sartre o Sinclair Lewis) por su perspectiva caleidoscópica, la utilización de eclécticos y experimentales recursos narrativos con huellas cinematográficas, la dinámica transición descriptiva de los elementos de la gran urbe y una conexión existencial y yuxtapuesta de situaciones y caracteres anónimos.

LAS VANGUARDIAS EUROPEAS VIAJAN A ESTADOS UNIDOS

Escritores como John Dos Passos expresaron el cambio y el movimiento de los años veinte. Sus obras recogieron lo que Europa ofrecía: las tendencias vanguardistas plenas de innovación y alternativas críticas y el horror de la guerra. Sin embargo, el camino hacia los renovadores veinte fue tortuoso, y así lo evidencia la exhibición del Armory Show en 1913 realizada con el patrocinio de la asociación de pintores y escultores norteamericanos y que tuvo lugar en Nueva York, Chicago y Boston. El evento puso a la intelectualidad norteamericana, por primera vez, en contacto con los movimientos experimentales plásticos que se habían estado desarrollando en Europa desde la primera década del siglo. La respuesta a la exhibición fue el rechazo por parte de grupos de estudiantes de arte de Chicago que quemaron una copia del Desnudo azul de Matisse; además el Desnudo bajando una escalera de Marcel Duchamp fue sometido a burlas.

La exposición fue trascendental y el tema de las vanguardias se puso claramente sobre el tapete tanto por parte de los artistas plásticos, como por parte de los escritores. Algunos de ellos, varios “expatriados” en París, encabezados por Gertrude Stein, se acercaron a las vanguardias, al experimentalismo en la literatura y al horror de la guerra. Entre ellos se encontraba John Dos Passos, quien en novelas como Manhattan Transfer, 1919, Paralelo 42 y El gran dinero, logra hacer una narrativa de gran interés que establece vasos comunicantes con el montaje cinematográfico, con el collage y con las vanguardias artísticas en Europa. Ambos, Dos Passos y las vanguardias, confluyen en el símbolo de la modernidad: la ciudad, Nueva York, Manhattan.
Paralelo-42

LA TRILOGÍA USA

Para la gran mayoría de la crítica estadounidense y universal, John Dos Passos acometió y logró con su Trilogía USAParalelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936)– lo que se ha dado en llamar “la gran novela americana”. Tanto por su forma narrativa de carácter épico, crítico y con cierto toque sarcástico, como por su estructura en la que la descripción de la vida en las grandes metrópolis estadounidenses a través de una serie de personajes cuyas experiencias se entremezclan, alterna con el monólogo interior o flujo de conciencia del autor (a la manera de Joyce) y con noticias extraídas directamente de la época, la Trilogía es un retrato incomparable de América desde el nacimiento del siglo hasta la Gran Depresión de 1929 con toda su variedad de textura y su inmenso ruido de fondo. Según su propio autor, por encima de todo, la Trilogía USA es una novela sobre la gente, “el discurso de la gente”: desde sindicalistas y publicistas, marineros y decoradores de interior, hasta estrellas de cine, la novela narra sus destinos cruzados a través del éxito público y de las catástrofes privadas.

Se trata de un tríptico hecho a manera de retablo de proporciones épicas en donde confluyen múltiples voces, historias y hechos que se van hilvanando milagrosamente hasta convertirse en una sólida y valiosísima visión de los Estados Unidos de principios de siglo XX y que se constituye en una obra que representa un paso decisivo hacia la modernidad literaria.

A lo largo de la narración, John Dos Passos emplea técnicas literarias tan dispares como la escritura periodística, los recortes al estilo collage de noticias aparecidas en diarios de la época (principios del siglo XX), el monólogo interior aparentemente caótico y sin sentido y  la ficción pura. Es un collage de piezas múltiples que desconciertan al lector desprevenido en un principio pero que acaban seduciendo por la inteligencia con la que se ligan para crear un texto a la vez ponderado e inmenso,

Dos Passos se revela como un maestro a la hora de sintetizar y extraer la esencia de unos personajes que dejan su impronta en el espectador no tanto por sus historias concretas, sino por lo que representan. Cómo los verdaderos maestros, sabe maniobrar con un simbolismo sutil, sin duda la piedra angular de la Trilogía Americana y una de las razones de su éxito, ya que estas novelas conocieron una enorme popularidad gracias a que logran un vivo retrato al integrar un magnífico relato teñido de rigor histórico.

AÑOS INOLVIDABLES, MEMORIAS

Según escribe Ignacio Martínez de Pisón, cuando John Dos Passos publicó Años inolvidables, habían pasado cinco años desde el suicidio de Ernest Hemingway y dos desde la aparición de París era una fiesta, en el que Hemingway le atacaba con una rabia y una fuerza inusitadas. El libro presenta a Dos Passos caracterizado como un “pez piloto” que siempre se deja caer en los sitios justo antes que sus amigos ricos. Y sobre ese pez piloto dice Hemingway que “no hay modo de pescarle a él, y sólo a los que confían en él se les apresa y se les mata”, y también que es un hombre al que, dominado como está por el amor al dinero, “cada dólar que gana le desplaza un poco más a la derecha”. El retrato que Hemingway ofrece de Dos Passos en París era una fiesta está desde el principio hasta el final inspirado por la amargura y el rencor, y el hecho de que no apareciera publicado hasta después de la muerte de su autor no hizo sino alimentar el resentimiento y el dolor de su antiguo amigo. Para Dos Passos, que en el fondo siempre echó de menos la vieja camaradería que les había unido en su juventud, debió de ser como si el fantasma de Hemingway hubiera escapado de su tumba decidido a impedir cualquier posibilidad de reconciliación póstuma.

Años inolvidables es, en cierta medida, el relato de la amistad entre Dos Passos y Hemingway, y en él se rememoran el primer encuentro de ambos en la Italia de 1918, el fortalecimiento de su relación en el París de los años veinte, sus andanzas por distintos lugares de Europa, las temporadas de retiro en Key West, el accidente automovilístico que provocó el internamiento de Hemingway en un hospital… No parece que hubiera entre ellos graves fricciones antes del verano de 1933, en el que coincidieron en Madrid.

La respuesta a esa pregunta hay que buscarla en el mismo título del libro, que es toda una declaración de intenciones. Dos Passos se había propuesto hablar de sus años inolvidables, de esos “tiempos mejores” a los que directamente se alude en el título de la edición original (The Best Times)..

¿En qué momento acabaron para Dos Passos esos tiempos mejores? Sin ninguna duda, durante el viaje que en abril de 1937 hizo a la España republicana. Fue entonces cuando se rompió la armonía que Dos Passos había conseguido establecer con la realidad. El descubrimiento del asesinato de José Robles Pazos, su amigo y traductor, fue el detonante, y con la explosión subsiguiente saltaron por los aires los pilares que sustentaban esa armonía: se acabó el Dos Passos viajero y enamorado de España, se acabó el izquierdista activo y esperanzado, se acabó el amigo de Hemingway…

Aún en 1938, cuando está en proceso su cambio ideológico después de sus experiencias en Rusia y, sobre todo, en España, Dos Passos,  en su su libro Journeys between wars (Viajes entre guerras), una selección de artículos periodísticos, escribe: “¿Cómo pueden ganar?, pensaba yo. ¿Cómo puede el nuevo mundo, lleno de confusión y desencuentros e ilusiones y deslumbrado por el espejismo de las frases idealistas, derrotar a la férrea combinación de hombres acostumbrados a mandar, a quienes une sólo una idea: aferrarse a lo que tienen?”

En cualquier caso, desde un punto de vista estrictamente literario, John Dos Passos es uno de los puntales de la llamada “Gran novela americana”, junto con nombres como Sinclair Lewis,  Scott Fitzgerald o John Steimbeck y sus novelas, representativas de la “generación perdida”, son amargas y profundamente impresionistas, atacan la hipocresía y el materialismo de los Estados Unidos entre las dos guerras mundiales y han tenido una honda influencia en varias generaciones de novelistas europeos y americanos, como en el peruano Ciro Alegría, o en los españoles Camilo José Cela y Juan Benet. DBD

10 thoughts on “John Dos Passos escribe un fresco puntillista de la gente corriente de Manhattan

  1. Gracias, M. Strum, por tu comentario y por recordar la calificación tan oportuna sobre la figura de John Dos Passos. Un saludo

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  2. John Dos Passos’ Use of Film Technique in Manhattan Transfer & The 42nd Parallel.

    This interesting article from the ‘Literature Film Quarterly’ examines the use of film techniques in John Dos Passos’ novels ‘Manhattan Transfer’ and ‘The 42nd Parallel.’ Plot of the novels; Definition of montage in filmmaking; Information on Dos Passos’ replacement of traditional narrative links with montage.

    https://www.questia.com/library/journal/1P3-1313934141/john-dos-passos-use-of-film-technique-in-manhattan

    Have a good reading!

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  3. Among the Lost Generation writers, John Dos Passos stands out as a novelist who really attempted to assimilate European culture. The Great War, unfortunately, had destroyed traditional models of heroism for twenties intellectuals such as Ernest Hemingway, Edmund Wilson, Malcolm Cowley, E. E. Cummings, Hart Crane, F. Scott Fitzgerald, and John Dos Passos, compelling them to create a new understanding of what I call the “heroic self.”

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  4. Manhattan Transfer es, ciertamente, una novela que muestra en su totalidad la euforia creativa de John Dos Passos, autor que fue considerada por el eminente erudito Townsend Ludington, de la Universidad de Carolina del Norte, como el más grande escritor modernista estadounidense.
    Gracias por recordarlo, DBD.

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