Viaje de Marcel Schwob de París a Samoa en pos de Robert Louis Stevenson

Relieve de las dos islas que forman el Estado de Samoa
Relieve de las dos islas que forman el Estado de Samoa

“¿Cómo explicarte el azul intenso de este mar?. Es zafiro, pero zafiro vivo; es el color de los ojos de las mujeres que nunca se han visto, y que son transparentes, pero insondables, con una especie de pureza a la vez límpida y sólida, alegres, vivos, únicos bajo este cielo azul pálido y blanco de bruma. Y la cresta de este oleaje de zafiro está hecha de polvo de diamantes líquidos, que escapa como un ligero copete de pluma, a través del cual el sol introduce el arco iris.” (Fragmento de Viaje a Samoa de M. Schwob)

Marcel Schwob (1867-1905), escritor y erudito francés, emprende un viaje a la Polinesia, en los últimos años de su corta vida, con destino a la isla de Samoa donde había muerto pocos años antes, en 1894, su admirado Roberto Louis Stevenson al cual había traducido y con el que había intercambiado una corta correspondencia. También era su propósito mejorar su precario estado de salud haciendo un largo viaje por mar. Viaje a Samoa va describiendo tanto la melancolía de los lugares por los que va pasando (mar Rojo, océano Indico, Ceilán, Australia, islas de Oceanía) como los cielos espectaculares y los diversos incidentes del movido camino en el que Schwob es acompañado por su criado chino Ting.

Su llegada a Samoa, al puerto de Apia, tras un largo de viaje, a veces penoso, de tres meses que, sin embargo Schwob afronta con gran entereza, resulta una completa decepción. Tal como él mismo relata en este diario -en forma de cartas a su esposa- “… Apia es tan sólo, una línea de casitas bajas de madera sostenidas por pilones-. ¡Qué soledad, y qué inesperado me resulta este espectáculo!. No hay nada de nada, nada más que stores que ni siquiera son tiendas de especias de pueblo, y tres hoteles (!) cuyos bares frecuentan aventureros alemanes, americanos y escoceses de medio pelo y mujeres de Samoa, hermanos maristas, barbudos, sucios y estúpidos -y los samoanos-.”

Respecto a su obra literaria, quizás el libro más conocido y admirado de Schwob  es Vidas Imaginarias, -admiración que Borges hizo explícita- y tambien cabe destacar La cruzada de los niños, una espeluznante historia de reclutamiento de menores bendecida por la Iglesia católica para luchar contra los sarracenos en los Santos Lugares.

El grueso de su producción literaria se concentrará en sólo seis años:  Corazón doble (1891),  El rey de la máscara de oro,  Mimes (1893),  El libro de Monelle (1894),  Spicilège (1896),  La cruzada de los niños y Vidas imaginarias (1897). La enfermedad que minaba paulatinamente su salud y su obsesión por finalizar sus trabajos sobre François Villon,  poeta francés del siglo XV, cuyo poema más conocido lo escribió cuando estaba condenado a la horca —Ballade des pendus--, apenas le dejarán tiempo para escribir más relatos. Su último libro será Moeurs des Diurnales (1903), un sarcástico tratado sobre periodismo que publicará bajo el pseudónimo de Loción-Bridet. En 1901 se casará en Londres con la actriz Marguerite Moreno. Como si quisiera huir de la muerte, Schwob emprendería en los postreros años de su vida viajes a Samoa (octubre 1901 a marzo de 1902) y a San Agnello de Sorrente pasando por Oporto (verano-otoño de 1904), pero la Vieja Dama le perseguiría hasta alcanzarle el 26 de febrero de 1905. Contaba tan sólo 37 años.

Cuentos que son obras maestras

En sus cuentos se advierte la influencia de Poe (el horror) y Stevenson (la aventura, el mar, los fuera de la ley). Sin embargo, en el universo narrativo que crea, la precisión de su entorno histórico y el pathos de los personajes, Schwob supera a sus maestros y funda un estilo propio. En El libro de Monelle podemos leer una frase de su protagonista que bien podría ser el emblema narrativo de Schwob: “toda construcción está hecha de restos y lo único nuevo en este mundo son las formas”. Se suele decir que El libro de Monelle es la mejor obra de Schwob. En ella experimenta una nueva forma de narrar insólita en su tiempo. Ese conjunto de relatos, donde Monelle se trasmuta en otros prototipos de niñas, muestra una infancia alejada de sus tópicos, pues no todo es piedad y candidez en los niños, también pueden manifestar sentimientos de egoísmo, envidia o maldad.

Muchos de sus cuentos son obras maestras (“Los sin rostro”, “Las puertas del opio”, “La muerte de Odjiqh”, “Las embalsamadoras”, “La ciudad dormida”, “El hombre velado”…), pero de entre todos ellos, La cruzada de los niños, ya citada constituye una joya de la literatura universal. Mediante una polifonía de voces (ocho monólogos) se describirá la aciaga suerte de dos columnas de niños que, alentados por las fogosas prédicas de monjes goliardos, partieron en el siglo XIII de Flandes, el norte de Alemania y Francia hacia Jerusalén para liberar el Santo Sepulcro. Su fe e inocencia eran sus únicas armas. Una de las columnas zarparía desde Génova, perdiéndose los barcos en una tempestad. La otra saldría de Marsella para arribar a Alejandría, donde los niños serán asesinados, vendidos como esclavos o destinados a harenes y burdeles. Esta disposición narrativa —una suerte de anticipo de las técnicas de la denominada historia oral— tenía su antecedente en el poema narrativo The Ring and the Book (1868) de Robert Browning.

La escritura de Schwob, lejos de los decadentistas y simbolistas que predominaban en su época, denota un talento especial para conjugar la invención y la fábula. Es una escritura fluida y envolvente, elegantemente erudita (Edmond de Goncourt decía de él que era “el más maravilloso resucitador del pasado”), sorpresiva e inquietante, y cuya arquitectura narrativa está perfectamente aquilatada. Pero lo más destacable de Schwob, como testimonia Paul Léautaud en sus Diarios, era su curiosidad incesante: leyendo enfebrecidamente, queriendo conocer —sin método ni disciplina— toda novedad de sus coetáneos, analizando y “deconstruyendo”, sin ánimo de competencia o descrédito, las formas y filiaciones de sus lecturas. Sus amigos (Renard, Remy de Gourmont, Valéry, Colette, Claudel, Anatole France, Oscar Wilde, Stevenson…) le consideraban una biblioteca andante. Esa inteligencia se complementaba con su simpatía y bonhomía; virtudes que explican la cantidad y calidad de sus amistades, según se explica en un artículo de Alberto Hernando.

Vidas imaginarias

“En todas partes del mundo hay devotos de Marcel Schwob que constituyen pequeñas sociedades secretas”, escribió Borges. Schwob puede ser tomado por un autor menor, pero su influencia es visible en obras de Borges, Faulkner, Cunqueiro, Perec, Tabucchi, Bolaño, Sophie Calle, Michon.

Su libro más influyente, el que más puertas abrió literariamente,  fue Vidas imaginarias, donde utilizaba personajes reales de la historia como Eróstrato, Lucrecio, Petronio, para componer unas biografías ficticias, mezcla de erudición y anécdotas de tipo extraordinario. Borges las tomó como modelo para su Historia Universal de la Infamia, donde los protagonistas son reales, pero los hechos pueden ser fabulosos y no pocas veces fantásticos.

Borges tomó de esas vidas imaginarias de Schwob la idea de que tanto el conocimiento como la imaginación sirven como caminos para acceder a una persona, ya que las biografías no dejan de ser mezclas de los datos reales con los ficticios. DBD

SÉPTIMA

encantadora

Séptima fue esclava bajo el sol africano, en la ciudad de Hadrumeto. Y su madre Amoena fue esclava, y la madre de ésta fue esclava, y todas fueron bellas y obscuras, y los dioses infernales les revelaron filtros de amor y de muerte. La ciudad de Hadrumeto era blanca y las piedras de la casa donde vivía Séptima eran de un rosa trémulo. Y la arena de la playa estaba sembrada de conchitas que arrastra el mar tibio desde la tierra de Egipto, en el lugar donde las siete bocas del Nilo derraman siete limos de diversos colores. En la casa marítima donde vivía Séptima, se oía morir la franja de plata del Mediterráneo y, a sus pies, un abanico de líneas azules resplandecientes se desplegaba hasta al ras del cielo. Las palmas de las manos de Séptima estaban enrojecidas por el oro, y las puntas de sus dedos pintadas; sus labios olían a mirra y sus párpados ungidos se estremecían suavemente. Así iba por los caminos de las afueras, llevando a la casa de los sirvientes una cesta de panes tiernos.

Séptima supo del poder de Anteros en la mirada baja de Sextilio. Y cuando el temblor púrpura aferró al aire de la tarde, salió por el camino que va desde Hadrumeto hasta el mar. Es un camino apacible donde los enamorados beben vino de dátiles recostados en las murallas pulidas de las tumbas. La brisa oriental sopla su perfume sobre la necrópolis. La joven luna, todavía velada, va allí a vagabundear, incierta. Muchos muertos embalsamados alardean alrededor de Hadrumeto en sus sepulturas. Y allí dormía Foinisa, hermana de Séptima, esclava como ella, muerta a los dieciséis años, antes de que ningún hombre hubiese respirado su olor. La tumba de Foinisa era estrecha como su cuerpo. La piedra abrazaba sus senos oprimidos por vendas. Muy cerca de su frente baja,  una larga losa cortaba su mirada vacía. De sus labios ennegrecidos se elevaba todavía el vapor de los aromas en que la habían empapado. En su mano quieta brillaba un anillo de oro verde con dos rubíes pálidos y turbios incrustados. Soñaba eternamente en su sueño estéril con las cosas que no había conocido.Séptima se enamoró de un joven libre, Sextilio, hijo de Dionisia. Pero no les está permitido ser amadas a aquellas que conocen los misterios subterráneos, ya que están sometidas al adversario del amor, que se llama Anteros. Y así como Eros gobierna el centelleo de los ojos y aguza las puntas de las flechas, Anteros desvía las miradas y atenúa la acritud de los dardos. Es un dios bienhechor que mora en medio de los muertos. No es cruel, como el otro. Posee el nepentas que da el olvido. Y porque sabe que el amor es el peor de los dolores terrestres, odia y cura el amor. Sin embargo, no tiene el poder de echar a Eros de un corazón ocupado. Entonces toma el otro corazón. Así Anteros lucha contra Eros. Por esto fue que Sextilio no pudo amar a Séptima. Tan pronto como Eros hubo llevado su antorcha al seno de la iniciada, Anteros, irritado, se apoderó de aquel a quien ella quería amar.

Bajo la blancura virgen de la luna nueva, Séptima se tendió junto a la tumba estrecha de su hermana, contra la buena tierra. Lloró y pegó su rostro a la guirnalda esculpida. Acercó su boca al conducto por donde se vierten las libaciones y su pasión brotó:

-Oh, hermana mía, apártate de tu sueño para escucharme. La pequeña lámpara que ilumina las primeras horas de los muertos se apagó. Has dejado deslizar de tus dedos la ampolla de vidrio coloreada que te habíamos dado. El hilo de tu collar se rompió y los granos de oro se derramaron alrededor de tu cuello. Ya nada de nosotros es tuyo y ahora aquel que tiene un halcón en la cabeza te posee. Escúchame, pues tú tienes el poder de llevar mis palabras. Ve a la celda que tú sabes y suplícale a Anteros. Suplícale a la diosa Hator. Suplícale a aquel cuyo cadáver despedazado fue llevado por el mar en un cofre hasta Biblos. Hermana mía, ten piedad de un dolor desconocido. Por las siete estrellas de los magos de Caldea, yo te conjuro. Por las potencias infernales que se invocan en Cartago, Jao, Abriao, Salbaal y Batbaal, recibe mi encantamiento. Haz que Sextilio, hijo de Dionisia, se consuma de amor por mí, Séptima, hija de nuestra madre Amoena. Que arda en la noche; que me busque junto a tu tumba. ¡Oh, Foinisa! O llévanos a los dos a la morada tenebrosa, poderosa. Ruega a Anteros que enfríe nuestros alientos si le niega a Eros que los encienda. Muerta perfumada, acoge la libación de mi voz. ¡Ashrammachalada!

Inmediatamente, la virgen vendada se levantó y penetró en la tierra mostrando los dientes.

Y Séptima, avergonzada, corrió por entre los sarcófagos. Hasta la segunda noche permaneció en compañía de los muertos. Espió a la luna fugitiva. Ofreció su garganta a la mordedura salada del viento marino. Fue acariciada por el primer oro del día. Después volvió a Hadrumeto y su larga camisa azul flotaba detrás de ella.

Mientras tanto, Foinisia, rígida, erraba por los circuitos infernales. Y aquel que tiene un halcón en la cabeza no escuchó su ruego. Y la diosa Hator permaneció tendida en su funda pintada. Y Foinisia no pudo encontrar a Anteros, pues ella no conocía el deseo. Pero en su corazón mustio sintió la piedad que los muertos tienen para con los vivos. Entonces, a la segunda noche, a la hora en que los cadáveres se liberan para consumar los encantamientos, hizo que sus pies atados se movieran por las calles de Hadrumeto.

Sextilio temblaba acompasadamente, agitado por los suspiros del sueño, con el rostro vuelto hacia el techo de su habitación surcado de rombos. Y Foinisia, muerta, envuelta en las vendas olorosas, se sentó a su lado. Y ella no tenía ni cerebro ni vísceras; pero su corazón desecado había sido puesto de nuevo en su pecho. Y en ese momento Eros luchó contra Anteros, y se apoderó del corazón embalsamado de Foinisia. En seguida deseó el cuerpo de Sextilio, para que estuviese acostado entre ella y su hermana Séptima en la casa de las tinieblas.

Foinisia posó sus labios tintados en la boca viva de Sextilio y la vida escapó de él como una burbuja. Después se encaminó a la celda de esclava de Séptima y la tomó de la mano. Y Séptima, dormida, se dejó llevar por la mano de la hermana. Y el beso de Foinisia y el abrazo de Foinisia hicieron morir, casi a la misma hora de la noche, a Séptima y a Sextilio. Tal fue el desenlace fúnebre de la lucha de Eros contra Anteros; y las potencias infernales recibieron una esclava y un hombre libre al mismo tiempo.

Sextilio está acostado en la necrópolis de Hadrumeto, entre Séptima, la encantadora, y su hermana virgen Foinisia. El texto del encantamiento está inscripto en la placa de plomo, enrollada y perforada por un clavo, que la encantadora deslizó por el conducto de las libaciones en la tumba de su hermana.

FIN

(Del libro Vidas Imaginarias)

9 thoughts on “Viaje de Marcel Schwob de París a Samoa en pos de Robert Louis Stevenson

  1. Maybe we would have said the same words that Marcel Schwob said on Samoa, Kutukamus. Thank you very much for your comment. Ah! Samoa in the past… All the best. DBD

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  2. No existe mayor satisfacción para nosotros que recibir un comentario como el tuyo, Daniel. Esperamos que puedas disfrutar con la obra de Marcel Schwob, en especial con sus Vidas imaginarias, un elegante transporte a lugares a veces remotos.

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  3. Yo desconocía por completo su obra, y ahora me quedo con un texto suyo y una frase increíble “toda construcción está hecha de restos y lo único nuevo en este mundo son las formas”. Me ha hecho recordar un poco al inicio de La insoportable levedad del ser. Ve tú a saber por qué.
    Has logrado que me interese y busque sus cuentos. Ya te contaré luego, si los leo pronto, cómo me fue.

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  4. Taboada, querida Aquileana, Niebla Roja, evavill, estamos felices por vuestros generosos, muy generosos comentarios a nuestro trabajo que, para resumirlo, ha pretendido poner en primera página el nombre de Marcel Schwob. Un escritor y estudioso que atendió a tantos menesteres con una sensibilidad exquisita y, sobre todo, con un sugestivo lenguaje, rico, misterioso y erudito.

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  5. Excelente artículo, DBD. Para quienes formamos parte de esa sociedad secreta de lectores de Schwob, tu reseña es un acierto y una invitación a su lectura. ¡Ojalá que más de un lector caiga en dicha tentación para superarla!

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