Las pintoras surrealistas destacaron por sí mismas

El surrealismo ha sido el movimiento de vanguardia que más mujeres aglutinó en sus filas y en el cual se desarrolló el cometido más complejo para las artistas. Proclamó la imagen de la mujer como ser espontáneo e intuitivo y apoyó su creatividad, todo ello dentro de un contexto social en el que las mujeres reivindicaban el derecho al trabajo y al voto.

Dorothea Tanning, "A little night Music" 1946
Dorothea Tanning, “A little night Music” 1946

Muchas mujeres se acercaron al surrealismo, entre las más conocidas Frida Kahlo, Remedios Varo, Leonora Carrington, Dorothea Tanning y Maruja Mallo,  atraídas por el hecho de que este movimiento fomentaba un arte en el que predominaba la realidad personal. En muchos casos tuvieron acceso al mismo debido a las relaciones personales con hombres del grupo, y no por un interés político o teórico. Las artistas quedaron siempre fuera del círculo de poetas y pintores que redactaron los manifiestos y formularon la teoría surrealista. André Breton era el portavoz y el que declaraba quién pertenecía o no al movimiento, y en sus declaraciones siempre los integrantes eran hombres.

Remedios Varo, "Carácter"
Remedios Varo, “Carácter”

Las mujeres surrealistas pronto se sintieron ajenas a la teoría que este movimiento tenía sobre la mujer: conformaba y completaba un ciclo masculino creador y realizaba violentos asaltos a la imagen femenina. Por tanto, las artistas se volcaron hacia su propia realidad y muchas de ellas realizaron su obra madura una vez que abandonaron el círculo surrealista. Pero hay que apuntar que ellas realizaron magníficas contribuciones al lenguaje del surrealismo.

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Maruja Mallo, “La verbena” 1927
Leonora Carrington, "Personajes fantásticos"
Leonora Carrington, “Personajes fantásticos”

Diferentes historiadoras de arte norteamericanas se han empeñado en considerar a las mujeres del surrealismo como víctimas de sus compañeros masculinos. No obstante, como señalaron en su día otros estudiosos, este juicio olvida  los vínculos de amistad, de amor y de admiración que tantas veces se dieron entre hombres y mujeres del grupo. Por otro lado, es cierto que el Surrealismo apreció el arte femenino, que incluso lo divulgó en sus manifiestos y en sus libros, pero a nivel personal, en el trato cotidiano, siguió una dinámica secular que atribuía al varón todos los derechos y, de paso, convertía a la mujer en una simple impulsora de la actividad masculina.

Leonora Carrington "La comida de Lord Candlestick"
Leonora Carrington “La comida de Lord Candlestick”
Remedios Varo, "Hacia la torre"
Remedios Varo, “Hacia la torre”
Valentine Hugo, "Retrato de Rimbaud" 1939
Valentine Hugo, “Retrato de Rimbaud” 1939

Sobre las mujeres surrealistas, en su mayoría jóvenes, bellas y cultas, se puede decir que vivieron un sueño de emancipación total, que en algunas ocasiones se hizo añicos. En general, se mostraron conscientes de su valía como artistas, cuando esa era su vocación, y no escatimaron críticas a una sociedad que pretendía situar a las féminas en un segundo lugar. No en vano la mujer de inicios del siglo XX, tras una larga lucha por sus derechos, todavía constataba que en su camino se alzaban múltiples escollos e innumerables trabas.

Algunas veces, aun compartiendo talento e ilusiones, la mujer surrealista se doblegó ante la supuesta superioridad de su compañero. Ese fue el caso de Sonia Delaunay, cuya obra Contrastes simultáneos puso al servicio de su marido Robert Delaunay, maestro del color, aunque el ejemplo no es estrictamente surrealista. También se dio el caso de que algunas de ellas, consagrándose por entero a una relación sentimental, se dejaron llevar por el río de la vida y luego, cuando se sintieron abandonadas, cayeron en las simas más profundas. Así le sucedió a Dora Maar en su relación con Pablo Picasso.

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Remedios Varo, “Centaur tower landscape”
Marion Elizabeth Adnams, "L'infante égarée", 1944
Marion Elizabeth Adnams, “L’infante égarée”, 1944

Claro está que no todas las mujeres surrealistas antepondrán lo personal a lo laboral. Muchas vivirán con libertad múltiples relaciones al tiempo que proseguirán con su labor artística, que jamás abandonarán, como Maruja Mallo. Algunas incluso, como Leonora Carrington, expresarán con absoluta claridad el gran fraude que, según ella, supuso el Surrealismo para las mujeres.

Bridget Tichenor Y Léonor Fini

La pintora surrealista Bridget Pamela Arkwright Bate, mejor conocida como Bridget Tichenor de origen francés, descendiente del rey inglés Jorge III y naturalizada mexicana, desarrolló una técnica pictórica basada en los grandes maestros renacentistas mezclado con la cosmovisión prehispánica, logrando un mundo esotérico y onírico con seres fantásticos, fantasmagóricos y símbolos diversos. Bridget, fue muy cercana a Leonora Carrigton, Remedios Varo y Alice Rahon, además de Luis Barragán y Mathias Goëritz.

Bridget Tichenor, "Sin título" 1953
Bridget Tichenor, “Sin título” 1953
Bridget Tichenor, "Mosque" 1984
Bridget Tichenor, “Mosque” 1984

Léonor Fini (Buenos Aires 1908-París 1996) fue hija de madre italiana y padre argentino a quien nunca conoció; se crió en Trieste (Italia) y desde muy joven mostró interés en el Renacimiento, las pinturas manieristas y prerrafaelistas, Aubrey Beardsley, Gustav Klimt y los románticos alemanes y flamencos. Fue artista autodidacta, exhibió por primera vez en una exposición colectiva en Trieste a la edad de diecisiete años, y fue invitada en 1927 a Milán para ejecutar su primer encargo de retrato. Se trasladó a París en 1931 donde hizo amistad con una serie de surrealistas como Georges Bataille, Henri Cartier-Bresson, Paul Éluard, Max Ernst, René Magritte, Salvador Dalí y Víctor Brauner. A pesar de no ser un miembro del grupo, participó en una serie de exposiciones surrealistas. El enfoque de sus obras de arte pasó de pinturas retrato tempranas de personalidades como Jean Genet, Anna Magnani y Jacques Audiberti a escenarios surrealistas. La teatralidad siempre jugó un papel importante en sus pinturas que complementó con diseños de vestuario para la ópera, el ballet, el teatro y el cine. Realizó su primera exposición individual en la Julien Levy Gallery de Nueva York en 1939.

Léonor Fini, "Autoretrato con sombrero rojo" 1968
Léonor Fini, “Autoretrato con sombrero rojo” 1968
Léonor Fini, "Le réveil des fleurs" 1964
Léonor Fini, “Le réveil des fleurs” 1964
Léonor Fini, "Viaje sin amarras" 1986
Léonor Fini, “Viaje sin amarras” 1986

Las mujeres surrealistas dedicadas al arte, a pesar de ser silenciadas en los manuales, incluso en los literarios, comparten con los hombres la circunstancia de que sus obras poseen, en general, una innegable calidad. No obstante, el Surrealismo les concedió un lugar secundario entre sus filas.

Leonora Carrington

En su lucha por la emancipación, Leonora Carrington muestra su rechazo ante las imposiciones sociales inherentes al género femenino. Tanto en sus cuadros como en sus cuentos, novelas y obras de teatro, expresa de mil maneras su rebelión ante los estrechos límites que se le marcaban a la mujer. La hipocresía que observa a su alrededor la denunciará en la mayor parte de sus obras y también en las entrevistas que concedió a lo largo de su vida. Muy próxima a Remedios Varo, a la que admiraba, forma con ella uno de los dúos más críticos ante la sociedad patriarcal.

Dorothea Tanning, "Voltage" 1942
Dorothea Tanning, “Voltage” 1942
Dorothea Tanning, "Simbolismo"
Dorothea Tanning, “Simbolismo”

En esa misma línea encontramos también, y en mayor medida, a la escritora y fotógrafa  Claude Cahun que estuvo en el núcleo del movimiento surrealista. Su expresión artística refleja una búsqueda incesante de sí misma. Su mayor reivindicación es la denuncia de los estereotipos de género. Aunque Cahun se declare abiertamente lesbiana, como también lo fue Alice Rahon, no por ello deja de ser consciente del reparto desigual de papeles entre ambos sexos.

De ese modo, se deduce que las mujeres surrealistas deseaban una promoción personal y social. Y, además, denunciaban la situación secundaria a la que todavía se veía sometido el sexo femenino. Su caballo de batalla fue, muchas veces, su propia obra, en la que plasmaron sus quejas y también sus sueños de cambio y de renovación. La mayor parte de ellas mostrará su desacuerdo en aceptar el papel de simples compañeras o musas. Querrán ocupar su propio lugar, sin renunciar por ello a su vida sentimental y privada.

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Francesca Sundsten, 1967
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Francesca Sundsten

Cierto es que el Surrealismo fue el movimiento vanguardista que más mujeres aglutinó entre sus filas, pero a un tiempo proclamó que lo femenino era sinónimo de intuición. Y, de ese modo, lo situó en el terreno movedizo de lo no consolidado. No solo en lo relativo a la conducta personal, sino también en el aspecto artístico. El Surrealismo aceptó entre sus filas a mujeres claramente lesbianas. No podía esperarse menos de un movimiento que proclamaba la libertad sexual. Esas mujeres aportaron al grupo una nueva dimensión del erotismo y, muchas veces, una recreación del mito del andrógino que tanto había atraído a Breton.

Dotothea Tanning
Dotothea Tanning
Remedios Varo "Bordando el manto terrestre", 1961
Remedios Varo “Bordando el manto terrestre”, 1961

Gisèle Prassinos 

Entre las rebeldes heterosexuales, conviene citar en primer lugar a Gisèle Prassinos, natural de Estambul, donde nació en el año 1920. A causa de la guerra greco-turca, su familia se vio obligada a exiliarse y se instaló en París. Su producción artística osciló siempre entre la pintura y la escritura. Como escritora, se dedicó a la poesía y a la novela, y como dibujante-pintora pasó por diferentes fases. En su vejez, esta última actividad se convertirá en su ocupación predilecta.

Leonora Carrington "El mundo mágico de los mayas" 1964
Leonora Carrington “El mundo mágico de los mayas” 1964

Prassinos encandiló a los surrealistas con solo catorce años, porque ya por entonces era capaz de escribir textos automáticos. Más adelante, se alejó del grupo, aunque no de sus ideas motrices, tal como puede observarse en 1967, cuando comience a crear su Biblia Surrealista, terminada veintiún años más tarde.

En una entrevista, Prassinos afirmó que los surrealistas la intimidaban, que la trataban como un objeto y le llamaban “mujer-niña”. De hecho, dijo, no hablaban de ella como de una persona, sino como de un fenómeno. Cuando le hicieron una foto recitando sus textos automáticos, confesó que la habían maquillado y que le habían pintado los labios. Se sentía incómoda. Por eso y por todas las miradas fijas en ella. No se trataba de que la exhibiesen, dijo, sino de ilustrar sus teorías. Ella era la prueba de que el inconsciente existe y puede funcionar.

Sylvia Fein
Sylvia Fein
Dorothea Tanning
Dorothea Tanning

El número 9 de la revista Revolución surrealista (1927) inauguró la época de la “niña-mujer”  que dominará durante año las  imágenes eróticas de movimiento. Gisèle Prassinos, la más joven del grupo, aparece en la portada como un  emblema. La publicación de su primer libro a la edad de catorce años,  hace coincidir la eclosión de la mujer-niña con el nacimiento de su carrera artística. Mujer-niña, ángel erótico / bruja virgen, asegura cierta ambigüedad sexual. La pureza de la inocencia es tal que a veces bordea la perversión absoluta. Esta es, sin duda, el origen de su fuerza subversiva. Esto, al menos desde esta perspectiva es la foto en la primera plana de esta edición de la revista surrealista en la que puede verse a Gisèle como una vampiresa, vestida de colegiala. La mujer resulta un elemento  políticamente subversivo.

Toyen [Maria Cerminova]

María Cerminova, conocida por el apelativo de “Toyen”, es una pintora checa (Praga 1902-París 1980) que fue miembro del grupo de artistas “Devestil” y luego del primer grupo surrealista checo; se estableció en París en 1947. Su obra, invadida por los símbolos, expresa sus obsesiones personales en un clima de inquietud y misterio (En el castillo de La Coste, 1946)

Toyen, “Relache” 1943
Toyen, "Paravent" 1966
Toyen, “Paravent” 1966
Toyen, "Among the long shadows", 1943
Toyen, “Among the long shadows”, 1943
Toyen, "Asleep" 1937
Toyen, “Asleep” 1937

Emigrados famosos en México

El ambiente cultural de México, adonde emigró huyendo de una Europa convulsa, ejercerá gran influencia en Carrington, que entra a formar parte de inmediato del círculo de emigrados famosos, como Remedios Varo y Benjamín Péret. También frecuenta a Diego Rivera, Frida Kahlo y Octavio Paz, entre otros. Péret, Francés y Carrington eran de los pocos europeos a los que Frida Kahlo permitía acceder a su estudio en los años cuarenta.

Alice Rahon "Los gatos"
Alice Rahon “Los gatos”
D. Tanning "A family portrait" "
D. Tanning “A family portrait” “

Como escritora, compuso una obra literaria notable, con un estilo similar al de su obra plástica. Destacan sus novelas La dama oval ( 1939 ) y La puerta de piedra ( 1976 ), también sus obras de teatro Penélope ( 1994 ) y La invención del mole ( 1960 ). La obra de Carrington, portentosa, ha maravillado a los entendidos. Los surrealistas, incluidos Breton y Dalí, no ahorraron elogios sobre su pintura, opinión compartida por Max Ernst, Wolfgang Paalen y Luis Buñuel. Pero Carrington sufrió a un tiempo las limitaciones que se le imponían por ser mujer.

Yayoi Kusama
Yayoi Kusama

Sobre el papel de las artistas en uno de los movimientos más innovadores y de efectos más duraderos del arte contemporáneo, a modo de conclusión, se podría decir que lo que llama poderosamente la atención es la actividad artística que llevaron a cabo muchas mujeres surrealistas. Cierto es que la mujer, en general, había ido accediendo a mayores niveles de cultura a medida que se acercaba el siglo XX, en que finalmente se le permitió la incorporación a los estudios superiores, no sin reticencias por parte de amplios sectores sociales. Cierto también que en algunas artes, como la literatura, contaban con predecesoras. Pocas, pero ilustres. Ahora bien, la incursión de la mujer en otros ámbitos como el de la escultura, la pintura o la fotografía era algo realmente novedoso.

Remedios Varo, "Jardín del amor" 1951
Remedios Varo, “Jardín del amor” 1951

Todas las surrealistas, de alguna manera, vivieron la vorágine de la creación. Directamente cuando el arte era su propio vehículo de expresión; de forma refleja cuando ellas mismas servían de musas o de modelos para el artista. En el primer caso, mostraron la faceta que siempre se quiso escamotear a la mujer: la expresión del virtuosismo que se presuponía producto masculino, como consecuencia del ejercicio de la razón. 

Kay sage, "Le passage" 1956
Kay Sage, “Le passage” 1956
Kay Sage, "Small portrait" 1950
Kay Sage, “Small portrait” 1950

Jean Graverol

Hija de Alexandre Graverol, Jane Graverol asistió a cursos artísticos en la Academia de Bruselas. Presentó su primera exposición individual en 1927 y conoció a René Magritte en 1949 quien la invitó, al año siguiente, a exponer en la galería Lou Cosyn en Bruselas. Durante la organización de una exposición de Magritte en 1953 conoció a Marcel Mariën, que se convirtió en su compañero y en una gran influencia artística. Ella experimentó y trabajó en una variedad de medios que van desde óleos y pasteles de gouache hasta collages. Cofundadora, junto con André Blavier, de la revista, Temps Meles en 1952, y junto con Mariën y Nougé, de Les Lèvres fueron éstas dos publicaciones claves en la vanguardia surrealista. En la decada de los sesenta, conoció a André Breton, y más tarde a Marcel Duchamp en Nueva York.

Jean Graverol, "Mujer provocadora (frôleuse)"
Jean Graverol, “Mujer provocadora (frôleuse)”
Jean Groverol, "Le cortège d'Orphée"
Jean Groverol, “Le cortège d’Orphée”
Remedios Varo
Remedios Varo

42 thoughts on “Las pintoras surrealistas destacaron por sí mismas

  1. ¡Excelente panorama muy bien ilustrado, abriendo puertas! Creo que todavía queda mucho por descubrir y por decir en cuanto al arte o la literatura “femeninos”, siempre marginados.
    Cada visita a la revista me procura un gran placer! Felicitaciones!

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  2. Agradecemos tus observaciones, Antonio. La primera es producto de una errata que ya hemos corregido y en cuanto a Sonia Delaunay, es cierto que su obra, muy ligada a su marido Robert Delaunay, no se incluye entre los surrealistas, aunque aparece en el artículo en otro contexto y que mantuvo una estrecha relación con este movimiento. En el París de los años veinte, por ejemplo, colaboró con los grupos dadaístas y surrealistas en la producción de proyectos teatrales y cinematográficos como Le P’tit parigot de Le Somptier. Un saludo, DBD

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  3. Muy interesante y clarificador artículo que aborda uno de los meollos del surrealismo. Quería indicar el error en el pie de la cuarta ilustración: no es de Taning, sino una “Verbena”” de Maruja Mallo, que tampoco es de su período surrealista, que estrictamente sería su serie “Cloacas y campanarios”. Tampoco creo se pueda incluir a Sonia Delanuy en el surrealismo. Mis felicitaciones, en cualquier caso, por tan exhaustivo y documentado trabajo.

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  4. La posibilidad de ampliar nuestros intercambios nos parece interesante -hablo de la Redacción de DEBEDEHABER- y podría resultar valiosa. Tenemos una gran opinión de refinería literaria, que hemos leído con mucho interés. Saludos cordiales, Ricardo, DBD

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  5. Estimado Ricardo. Muchísimas gracias por tus interesantes y enriquecedoras palabras que evidencian, ciertamente, tu amplio conocimiento sobre este sugestivo período artístico.

    Aprovechamos la ocasión para desearte un muy feliz 2016.

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  6. OK. Lo que quizás sea interesante considerar es una especie de fatalidad en la vida de los conceptos: en su momento más vital no están del todo formulados y luego devienen su propia calcomanía. Pasa también con el existencialismo, el teatro del absurdo, etc. Cuando señalo unos cincuenta años calculo más o menos la vida activa de Breton: un tiempo de desarrollo interno, digamos, y no tanto de aplicación de unos recursos a distintos campos como ocurre una vez que el imaginario surrealista deviene familiar y reconocible. Lo que me parece importante del tiempo de la vida de un concepto es cómo va desmarcándose de sí mismo hasta desatar tantos conflictos internos como el surrealismo tuvo. Esa historia concreta queda un poco fuera de cuadro cuando nos centramos en los conceptos; como aquí además se trataba de mujeres y de relaciones con mujeres, la cuestión del viaje de todos estos cuerpos en el tiempo me parece digna de tenerse en cuenta, aunque evidentemente no puede meterse todo en el mismo artículo. Se podría ahondar en todo esto. Saludos.

    Ricardo

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  7. Ricardo, muchas gracias, antes que nada, por tu oportuno comentario.

    Tus críticas son bienvenidas, aunque, naturalmente, un Magazin como DEBEDEHABER no tiene espacio para extensos trabajos de investigación -hay otros lugares para ello-.

    Añadiremos sobre el artículo en cuestión, que el surrealismo, en sus diversas facetas, abarca no sólo cincuenta años, sino que el término se aplica aún en la actualidad para calificar ciertas expresiones artísticas. O, lo que es lo mismo, que los límites temporales del movimiento surrealista son cuanto menos arbitrarios.

    En cuanto al resto de tu comentario, estamos de acuerdo. Gracias de nuevo por tu aportación que desearíamos fuera más amplia, y por tu interés.DBD

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  8. El artículo es muy amplio y ofrece una muy buena introducción al tema, como para seguir indagando después. Pero señalaría una cosa: todo esto ocurrió a lo largo de unos cincuenta años, con dos guerras mundiales de por medio, exilios, revoluciones, luchas políticas, y sin embargo al leer el artículo da la impresión de pasar todo al mismo tiempo. Lo que quiero decir es que la idea expresada de modo tan resuelto en el título responde a una realidad mucho más compleja, ambigua y, sobre todo, cambiante. Es toda una novela, más que una toma de posiciones, con hombres y mujeres primero muy jóvenes y luego mayores lidiando con su propia sexualidad y el agua revuelta de los cambios de costumbres. No es tanto de unos principios o de los cuestionamientos a que dé lugar de lo que se trata, sino de toda una historia. Así servida, como en el artículo, la ensalada aparece completa, pero fue haciéndose, deshaciéndose y cambiando de sabor muchas veces, inestable aún hoy, que no queda ninguno de éstos vivo.

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  9. Nos gusta la palabra fascinante, Inesephoto; es lo que sentimos al ver algunas obras de pintoras afines al surrealismo que nos parecieron deslumbrantes. Gracias por tu aportación. Saludos

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  10. Dear Zacrison,
    The mention of Joyce Mansour and Gisèle Prassinos is timely and fills a gap in our article. It is very kind of you to comment so benevolently. Thanks

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  11. Uc&Ucm, resulta francamente alentador y también es un placer recibir un comentario como el tuyo por su significativa aportación al artículo dedicado a “les femmes surrealistes”, y el valor añadido de la pintura que nos envías. Muchas gracias por escribir, y también en nombre de los lectores.

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  12. Agradecemos tu aportación a los datos y a la información en general del post “Mujeres surrealistas…”. La existencia de artistas canadienses relacionadas con el movimiento debe ser muy poco conocida. Gracias, David.

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  13. Aquileana, también nosotros quedamos asombrados a medida que recopilamos material para el artículo, por la originalidad, la maestría técnica y la particular belleza de las obras realizadas por las artistas afines al surrealismo. De nuevo, agradecemos tu comentario y tu seguimiento, que tenemos en mucho.

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  14. Excelente post… Y gracias por plantear este tema, que es casi un homenaje de género… Veo reminiscencias de Gustave Moureau en el cuadro de Remedios Varo, “Carácter”… Me ha encantado esa obra!.
    Un abrazo. Aquileana ⭐

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  15. Aunque a primera vista pueda parecer algo insólito, Canadá –país en el que resido– también contó con tres mujeres artistas que podrían ser consideradas como las principales exponentes del movimiento “automatista” Québecoise, en línea con las ideas surrealistas vigentes en los años 40 en esta ciudad francófona. Se trata de Thèrese Renaud, Françoise Sullivan y Mimi Parent, que además de la pintura, destacaron en la poesía, la danza y la escultura, respectivamente.

    Muy interesante post. Saludos desde Québec

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  16. Me gustaría recordar aquí la obra de dos mujeres artistas indiscutibles, pero que no han sido mencionadas en este interesante artículo: La catalana, Ángels Santos Torroella, cuya obra estuvo durante muchos años influenciada por el movimiento surrealista (el óleo de gran formato titulado «Un mundo» se expone permanentemente en el Museo Reina Sofía), y la francesa Louise Caroline Bourgeois, una de las artistas mas creativas del siglo XX, que al mismo tiempo que se vinculaba al movimiento en París, se interesaba por el diseño gráfico Art-Decó. En ambas existió siempre el interés de continuar con la búsqueda de un diálogo con otras artes plásticas mediante una reflexión sobre la creación generada entre la vigilia y el sueño; o más bien, sobre el nacimiento de mundos imaginarios a partir del adormecimiento de la razón.

    Un cordial saludo

    Ángels Santos, «Un mundo», 1929

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  17. After reading some Surrealist webs I discovered Joyce Mansour and Gisèle Prassinos, composer of splendid automatic verse and prose, legendarily let into the surrealist group at age 14, in 1934. Your post, certainly, includes interesting quick information that tend towards the more haphazard end of surrealism, but leave me curious to find more. However, I think it is a must-read for any surrealism (and perhaps feminist) enthusiast… 🙂


    Gisèle Prassinos at age 14

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  18. “You may not believe in magic but something very strange is happening at this very moment. Your head has dissolved into thin air and I can see the rhododendrons through your stomach. It’s not that you are dead or anything dramatic like that, it is simply that you are fading away and I can’t even remember your name.”

    ― Leonora Carrington, The Hearing Trump

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  19. La figura de Gisèle Prassinos siempre me ha parecido una de las más sugerente de entre todas ‘les femmes surréalistes’, aunque Breton prefiriera describir muy tempranamente a Leonora Carrington como una joven y hermosa bruja que poseía «el iluminismo de la locura lúcida».

    En cualquier caso, tanto Carrington como Prassinos fueron los dos emblemas del imaginario femenino surrealista, que la pionera Xavière Gauthier –partiendo del tronco de una «hechicera-tipo»– ramificó en formas diferentes como: de femme-fée, magicienne y sorcière.

    Otro de los ejemplos más conocidos fue también el de Nadja. Y un otro, très significatif, el de Hélène Vanel, cuyo nombre era el único que aparecía, junto al de André Breton, en la invitación para la inauguración de la exposición parisina de 1938. Vanel, artista y bailarina, representó a medianoche, vestida con un camisón desgarrado, el papel de una hechicera que, haciendo gestos de conjuro, con la mirada fija y las manos alzadas, «embrujaba» al grupo de artistas surrealistas (hombres) que, hipnotizados, la rodeaban.

    Salutations amicale,
    JP

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