Pynchon no se mezcla con el público, pero sus novelas crean rumores y expectación antes de ser publicadas

inherent vice

Thomas Ruggles Pynchon, Jr. es uno de los novelistas norteamericanos más destacados en la actualidad. Sobresale tanto por su narrativa compleja y laberíntica como por su aversión a los medios (sólo se conoce media docena de fotos suyas de estudiante y recluta en la marina).El enigmático escritor nació en Long Island, Nueva York, el 8 de mayo de 1937. Cursó estudios de ingeniería en la Universidad de Cornell, donde fue alumno de Vladimir Nabokov, abandonándolos al comenzar el servicio militar en la Marina. Licenciado en Lengua inglesa, entró en la compañía Boeing Aircraft donde trabajó durante dos años  como redactor de folletos técnicos,  antes de publicar su primera novela V. (1963).

Su novela más destacada, El arco iris de gravedad, publicada en 1973, fue rechazada por el jurado del Premio Pulitzer por considerarla obscena, pero más tarde ganó el National Book Award, uno de los más prestigiosos premios literarios que se conceden en Estados Unidos; ajeno a la polémica, el autor mandó a recoger el premio a un comediante. La subasta del lote 49 (1966), Vineland (1990), Mason y Dixon (1997), Contraluz (2006) y Vicio propio (2008), son los títulos de sus novelas, junto a los ya mencionadas anteriormente. Su última obra, también una novela, ha sido publicada en 2013: Bleeding Edge, situada entre los años de la burbuja de las punto com y el atentado a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001.

 

 

En sus obras emplea teorías científicas, acontecimientos históricos y detalles de la cultura popular con gran precisión. Escritor de gran talento, opinión compartida por Harold Bloom, George Steiner y Martin Amis, entre otros, nunca ha concedido una entrevista y se dice que ni siquiera sus editores le han visto la cara. La curiosa desaparición de su brillante expediente universitario, la pérdida de la documentacion del servicio militar, que fue quemada, y el hecho de que el apellido del escritor no figurara en los registros de la empresa de aviación no hicieron más que agigantar el misterio. Pynchon es un escritor de culto y de enorme influencia entre los autores jóvenes de su país.

“Las teorías de la conspiración son formas de ficción que presentan una manera alternativa de explicar el mundo, pero tan exagerada  y diferente de la realidad que nunca acabamos de creérnoslas”


Cuando pensamos en esos escritores que, por estar en paradero desconocido o por no salir nunca de casa, se han convertido en prófugos de lo real, puede ser que el primer nombre que nos venga a la cabeza sea el de J. D. Salinger. Sin embargo, hay otro escritor que supera incluso a Salinger, pues existen muchas menos evidencias de que alguna vez se haya manifestado en el plano sólido. Se trata de Thomas Pynchon.

Pynchon es tan reacio a las apariciones públicas que, en todas y cada una de ellas, siempre se ha manifestado bajo alguna forma de ficción. La primera vez, cuando le concedieron el National Book Award, contrató a un actor para que se hiciera pasar por él y se apoderase del premio. Desde entonces, solo se ha manifestado públicamente en dos ocasiones. En Los Simpson. Matt Groening contactó con él y, a través de un anónimo apartado de correos, Pynchon le hizo llegar una cinta con sus diálogos grabados. Gracias a Groening por lo menos hemos descubierto qué aspecto tiene Pynchon actualmente: un hombre caucasiano de tez amarillenta, con cuatro dedos en cada mano y cierta tendencia a salir a la calle con la cabeza tapada por una bolsa.
Por eso, no nos extrañó que Pynchon se negara a ser entrevistado cuando contactamos con su agente. Ninguna de las opciones que propusimos le pareció adecuada. Lo cual es comprensible, porque todas ellas interferían con su intención de permanecer en el anonimato. El teléfono no era una buena idea (¿y si su voz no hubiera coincidido con la que se le atribuye en Los Simpson?), pero tampoco el email («no tiene ordenador», nos escribió su agente, «no lo necesita: dicen que Internet es una emanación de su propia cabeza»).

Sin embargo, se avino a concedernos la entrevista por correo postal. Y con unas condiciones muy específicas: le haría llegar mis preguntas por carta, a razón de una sola pregunta por sobre, escrita a mano con un bolígrafo de usar y tirar color azul, en papel Registro Ahuesado de 160 gramos. Cada sobre estaría sellado con cera, por supuesto, y tendría que esperar su respuesta antes de enviarle una nueva pregunta. Su última condición era la más importante: los sobres debían contener solo una hoja. En caso de detectar alguna anomalía en el papel o algún objeto extraño dentro del sobre, por microscópico que fuera, la comunicación se interrumpiría de inmediato.
Lo cual me dio alguna idea sobre cómo empezar la entrevista.

FACTOR CRÍTICO: Todos los protagonistas de sus novelas sienten que son el objetivo de alguna conspiración oculta. ¿Comparte con ellos esa paranoia?

THOMAS PYNCHON (con tinta de estilográfica y una hermosa caligrafía estilo eduardiano): En realidad, escribo siempre sobre teorías de la conspiración porque son el único género propiamente americano. Ustedes, en Europa, han tenido mucho tiempo para inventar todo tipo de géneros; pero aquí, al otro lado del charco, las cosas nunca han sido tan sencillas. En América, el tiempo tiene más de un vector y, cuando quieres darte cuenta, ha cambiado de dirección. Por ejemplo, Jack Kerouac descubrió el género de la carretera escribiendo con una sola mano en 1605. Charlie Parker nació en una aldea del Congo en 1754. Y Superman era ya un mito judío, quizá el Gólem o tal vez Sansón, antes de que decidiera vestirse como para ir a una fiesta de carnaval. Ni la ficción de carretera, ni el jazz, ni los superhéroes son géneros puramente americanos, por mucho que nos los atribuyamos de vez en cuando. Y, sin embargo, si doblas un billete de un dólar de determinada manera, se puede ver claramente cómo arden las Torres Gemelas. ¿Qué país de Europa, de África o del Medio Oriente puede presumir de tener una divisa que conspira en su contra?

F.C.: Me parece curioso que haya propuesto una entrevista por correo, considerando que Edipa Maas, la protagonista de La Subasta del Lote 49, acababa convencida de que una organización llamada el Tristero controla el servicio postal a lo largo y ancho del mundo…

T.P. (con caligrafía de escolar sobre una hoja de papel pautado arrancada de un cuaderno): Entonces, mucho mejor que nos comuniquemos por carta, ¿no? Así mantenemos en forma nuestra paranoia.

F.C.: En lo que estaba pensando es que, en esa novela, usted afirmaba que detrás del Tristero estaba la familia alemana Thurn und Taxis, que estableció el primer servicio postal europeo en el siglo XVI. Así que, si tomamos las teorías de la conspiración como género literario, éste tampoco es puramente estadounidense. También tiene su origen en Europa, igual que la literatura de carretera o los superhéroes.

T.P. (el franqueo del sobre es diez veces superior a lo necesario): Me ha pillado. Es que no estoy acostumbrado a hacer entrevistas. Pero ya se irá dando cuenta de que todo lo que digo es contradictorio porque, en esencia, es todo mentira. Tiene razón, las teorías de la conspiración nacieron en Europa. Incluso las que están más de moda hoy en día. Por ejemplo, los Illuminati de Baviera. ¿Quién está detrás del FMI y del Club Bilderberg? Los Illuminati. ¿Quién llena los videos de Lady Gaga de mensajes ocultistas para plantar mensajes subliminales en las mentes de los jóvenes? Los Illuminati. ¿Quiénes robaron los planos del rayo de la muerte de Nikola Tesla para provocar el tsunami de Japón? Ellos también.

F.C.: ¿De verdad cree usted en estas cosas?

T.P. (a máquina, en el mismo tipo de papel que me obliga a utilizar a mí, pero de color rosa y perfumado con agua de lavanda): La verdad no tiene nada que ver con esto. Las teorías de la conspiración son formas de ficción que presentan una manera alternativa de explicar el mundo. Sin embargo, ésta es tan exagerada y tan diferente a la realidad que el mundo nos deja ver, que nunca acabamos de creérnoslas. Y cuando nos las creemos, las olvidamos. Incluso cuando los historiadores han probado la existencia de alguna de ellas, ésta acaba arrinconada en el cuarto trastero de nuestra mente. ¿Sabía usted, por ejemplo, que, dejando a un lado la religión, las primeras organizaciones que controlan el mundo desde la sombra aparecieron al mismo tiempo que el capitalismo?

 

F.C.: Habla usted de ello en Mason & Dixon. ¿Se refiere a las Compañías Británica y Holandesa de las Indias Orientales?

THOMAS PYNCHON (a máquina, diferente modelo y un evidente defecto en la tecla «v»): Perdone, pero no estoy acostumbrado a que lean mis novelas. Pues sí, por ahí van los tiros. El primer intento de economía global tiene sus raíces en el colonialismo. Era tan grande el capital que se necesitaba para explotar territorios bírgenes que los holandeses y los ingleses tubieron que recurrir a inbersores pribados para construir los barcos, los instrumentos de medida, las armas y el resto de actibos requeridos para montar el chiringuito. El problema es que muchos de esos inbersores no tenían rostro, eran anónimos. Y sin embargo tenían a su disposición recursos ilimitados y jurisdicción exclusiba, cibil y criminal, sobre las áreas en las que operaban. Controlaban su propio ejército, los burdeles que bisitaban sus trabajadores, los precios mundiales de todo tipo de productos, desde el lino hasta el precio de un orgasmo, la política de los lugares donde se establecían (por no hablar de la de la metrópolis) e incluso llegaron a conseguir que se cambiara el calendario en Inglaterra haciendo que 1752 perdiera once días. Como lo oye. Ningún libro de historia lo niega. Y si lo pensamos bien, tendríamos que admitir que las cosas no han cambiado mucho desde entonces. Sin embargo, nos resulta mucho más difícil de creer que algún bromista anónimo y podrido de dinero esté dictándole las canciones a Lady Gaga basando sus ritmos en antiguas letanías satánicas. Pero lo cierto es que el capitalismo, la realidad sobre la que se sustenta nuestra vida cotidiana es, en sí misma, una conspiración mucho más demente que lo que pueda haber detrás de Lady Gaga, de la muerte de Kennedy o de las Torres Gemelas.

F.C.: Podría decirse entonces que el capitalismo es una teoría de la conspiración que, sin embargo, no percibimos como tal.

T.P. (en código binario): Pero solo porque no nos damos cuenta de que es una ficción, como el resto de teorías de la conspiración. Estas últimas nos parecen inverosímiles porque las consideramos desviaciones de la real; sin embargo, es justo lo contrario: es la realidad la que está desviada desde un principio.

F.C.: Alrededor suyo también ha habido teorías conspiranoicas. Por ejemplo, durante un tiempo se llegó a decir que usted en realidad no existía. Que era en realidad Salinger escribiendo con seudónimo.

T.P. (a mano, imitando la letra de Salinger): Pero nadie lo llegó a creer realmente. E hicieron mal. Porque no hay ningún motivo por el que yo no pudiera haber sido Salinger.

F.C.: Ahora mismo tengo ciertas dudas sobre quién estará realmente al otro lado de estas cartas.

T.P. (con bolígrafo azul y papel Registro Ahuesado de 160 gramos): En eso se basan, precisamente, todas las teorías de la conspiración. Uno empieza por percibir alguna inconsistencia en lo que le rodea, alguna esquina de la realidad que, en lugar de doblarse hacia dentro, se dobla hacia fuera. Alguien cuya letra varía de una semana a otra, por ejemplo. Entonces te preguntas, ¿quién esa persona sin rostro que impone sus reglas en este juego que me hacen jugar? ¿Será una o varias? ¿Por qué se oculta? La verdad es que no importa la respuesta a ninguna de estas preguntas. Da igual si algún lobby judío planeó el atentado de las Torres Gemelas, o si la CIA paralizó las investigaciones de Timothy Leary con el LSD en cuanto éste consiguió aumentar en un 80% la tasa de reinserción de presos. Lo único que importa son las preguntas en sí mismas. Que uno sea capaz de hacérselas. Las teorías de la conspiración surgen como una forma, por loca que parezca, de interpretar dichas inconsistencias y aunque las respuestas que se obtienen acaben generando nuevas inconsistencias, por lo menos consiguen que seamos conscientes de ellas. Cosa que la historia oficial intenta evitar a toda costa.

F.C.: Entonces, ¿no hay que creer en ninguna teoría de la conspiración?

T.P. (escrito sobre el reverso de la cubierta arrancada del primer volumen de «El martillo cósmico», de Robert Anton Wilson): Al contrario, hay que creer en todas. Que Kennedy fue asesinado por Lee Harvey Oswald y, al mismo tiempo, por Arthur Miller en venganza por lo de Marilyn. Y que esas mismas balas también las disparó la CIA, al descubrir que el LSD que Leary le había dado a Kennedy le estaba haciendo reconsiderar su manera de llevar la política exterior. Todo ello entra dentro del terreno de lo posible, como ocurre con el asunto de Salinger. Y solo si nos mantenemos en el terreno de lo posible podremos conocer la única verdad: que la realidad es una mera cuestión estadística, igual que lo es la posición y la velocidad de un electrón que, por otro lado, según la física cuántica, es capaz de atravesar dos rendijas al mismo tiempo.

F.C.: Me da vueltas la cabeza…

T.P. (después de una espera de tres meses): XDDDDD

F.C.: Entonces, ¿la paranoia es la única solución?

T.P. (con la escritura invertida, o quizá he cogido el folio al revés para leerlo): La solución no. Es solo el estado natural del ser humano. O debería serlo. El que creas que te están persiguiendo no quiere decir que no te persigan. Así que es mejor estar sobre aviso.

F.C.: Tengo la sensación de que usted se ha propuesto inocular el virus de la paranoia en sus lectores. Espero que con la intención de curarnos de algo peor…

T.P. (en papel de fondo multicolor): Reconozco que me fascinan los experimentos de control mental. Me encantaría utilizar mis libros para implantar de manera subliminal planes secretos en la conciencia de mis lectores, como hace Lady Gaga con sus símbolos Illuminati, o vacunas mentales, como hace David Cronenberg con todas esas enfermedades y bichos que mete dentro del cuerpo de sus actores, o en la cabeza en el caso de sus espectadores. Pero no, yo soy mucho más prosaico. En mi última novela hay una escena que lo explica todo. Un picapleitos aficionado a la marihuana ha dado con la demanda definitiva. Poner una querella a la MGM por los daños y perjuicios causados en toda una generación por El Mago de Oz. Es una película perversa, afirma. Un arma psicológica urdida por un grupo de magnates judíos para reventar las cabezas del público americano. He aquí el por qué. Durante la parte de la película que está rodada en blanco y negro, Dorothy es capaz de ver colores: nos habla del azul del cielo y del arcoíris. Y sin embargo, cuando llega a Oz y la película cambia a Technicolor, Dorothy abre los ojos de par en par, como alucinada. ¿Qué es lo que está viendo ahora, si ella ya podía ver los colores? Propiedades de la realidad que van más allá de la longitud de onda que nos hace distinguir el color. Un mundo parecido al nuestro pero cuya riqueza admite una dimensión más a las que estamos acostumbrados a ver en nuestra realidad cotidiana. Demasiado para poder soportarlo. ¿O no? Me gustaría ser como esos magnates de la MGM y poder volar la cabeza de mis lectores con esa misma arma terrorífica. No es la paranoia, no. Es la imaginación.

 Roberto Bartual

entrevista cedida por 
Revista Cultural Factor Crítico

16 thoughts on “Pynchon no se mezcla con el público, pero sus novelas crean rumores y expectación antes de ser publicadas

  1. SF&L, no llegamos a profundizar en las opiniones, tan dadas a la controversia, del gran gurú de la literatura occidental y sus audaces cánones, pero nos unimos gustosamente a tu opinión sobre la conveniencia de leer La saga-fuga de JB de Torrente Ballester, el canon del realismo mágico español. Un abrazo y gracias por recordar esta fabulosa novela.

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  2. En su pretenciosa pero inteligente “Cómo leer y por qué”, dice Harold Bloom a propósito de “La subasta del lote 49” de Thomas Pynchon que su primera lectura es casi siempre exasperante pero que hay que perserverar. Lo mejor sería, de hecho, según el crítico y teórico neoyorquino, leerla dos veces seguidas de un tirón. Juro que yo lo he intentado, y eso que llevo unos años peleándome con Pynchon y cada vez tengo más claro que este buen hombre, si no ha leído “La saga-fuga de J.B”, debería hacerlo.

    Un saludo cordial
    SF&L

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  3. Hi dbd,

    As all Pynchon fans know by now, “Inherent Vice,” the first film adaptation of a Pynchon novel, is directed by Paul Thomas Anderson (“Magnolia,” “Boogie Nights,” “The Master”), and stars Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Owen Wilson, Katherine Waterston, Reese Witherspoon, Jena Malone, Joanna Newsom and Benicio del Toro.

    Anyone who complains that the plot of “Inherent Vice” is confusing has obviously never read a novel by Thomas Pynchon. Confusion, or rather paranoia, is the standard condition of most of Pynchon’s novels.

    Muchas gracias!

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  4. Muchas gracias por tus letras, Eduardo. Efectivamente, la traducción pretendía dejar constancia de las forzosas faltas de ortografía que aparecen en esa respuesta del autor. Está claro –y así se sugiere en el texto– que el defecto mécanico de la tecla “v” en la máquina de escribir utilizada por Pynchon en esa ocasión, le obligó a usar la tecla “b”.
    Un fuerte abrazo

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  5. Un personaje francamente interesante, aunque me ha quedado la duda de si sería él en realidad. O, como propone el propio entrevistado, si no serán varios tipos con un solo seudónimo.
    Casi no tengo el valor, pero me ha parecido leer invertir y visitar con b en el mismo párrafo. Quizá la traducción pretendía dejar constancia de faltas de ortografía en las respuestas del autor pero por si acaso te lo cuento sin más pretensión que mejorar una entrada fantástica.
    Un abrazo.

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  6. Sí, Umagah, DBD acepta artículos de sus lectores, tanto de creación literaria como de aquellos que tengan relación con autores y sus obras, preferentemente entrevistas, nuevas traducciones, inéditos que faciliten o estimulen su mejor conocimiento y reseñas bibliográficas de obras de reciente publicación que no evidencien una preferencia por el autor y que constituya un primer acercamiento crítico a la obra.

    Por otra parte, DBD cuenta con un Comité́ de Redacción que podrá́ aceptar o rechazar los trabajos enviados, así como hacer pequeñas modificaciones formales antes de su publicación. La decisión final se comunicaría al autor o autora en un corto plazo de tiempo.

    Tanto tú,como todo aquel que quiera participar activamente en nuestra revista, puede contactar con nosotros a través del correo electrónico
    debedehaber21@gmail.com

    Saludos

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  7. Agradecemos mucho tu nominación y te deseamos el mejor acierto en tu trabajo de AQUILEANA, un blog clásico muy interesante, cosmopolita y con muchos ángulos. Saludos cordiales, DBD

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  8. ¿Por qué una persona con una extrema fobia social construye novelas en las que uno de los grados de su complejidad es la abundancia de personajes? Se me ocurren dos posibles respuestas. Una, que Pynchon rememora épocas de su vida en las que tenía una intensa vida social. California, principios de los 70. Otra, que Pynchon es una figura pública que no somos capaces de reconocer.

    A este respecto, existe una leyenda auspiciada por el influyente “Postmodernism Magazine” (uno de sus periodistas afirma haber investigado el caso a fondo) que dice que en realidad Thomas Pynchon es Roger McGuinn, el otrora cantante del grupo musical The Byrds, famoso en los sesenta; de modo que no es que el gran Roger McGuinn haya dejado de lado su enorme capacidad compositiva en formato tonadilla, sino que en realidad el tipo ha amplificado esa misma capacidad, construyendo canciones de mil folios, que ha trasformado en novelas dada la inposibilidad de cantarlas.

    Saludos

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  9. Está claro: Thomas Pynchon es la Greta Garbo de las letras americanas, pero también el hombre que nos regaló la escena ogiástica más divertida de la literatura (Gravity’s Rainbow)

    Saludos!

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