La identidad de B. Traven, novelista en México, continúa siendo una incógnita

¿Importa de veras quién fue B. Traven? ¿Fue alguna vez un cerrajero polaco llamado Feige? ¿Un actor convertido en periodista radical en Múnich, llamado Ret Marut? ¿Un emigrante alemán o tal vez noruego llamado Traven Torvsan?.  El hombre llamado B. Traven, que llegó al puerto mexicano de Tampico en 1924, declaró una y otra vez que lo único que importa de veras es la obra, no el autor.

TRAVEN 1 

Seguramente,  la presencia de México en la obra de dos grandes escritores muy significativos de nuestra época –D. H. Lawrence y Malcolm Lowry– sea la más conocida. Pero es obligado mencionar también al misterioso B. Traven, el celebrado autor de La rebelión de los colgados y El tesoro de la Sierra Madre, el hombre que consiguió crear el anonimato más logrado del siglo, ya que nadie supo a ciencia cierta cuál era su verdadera identidad. Fue, seguramente, un digno revolucionario anarquista alemán, sobreviviente del derrumbe de la República Socialista Bávara, que oculta en México la derrota de sus ideales, pero lleva con él esa visión justiciera que le hace percibir y compartir en sus obras los dolores y las luchas de las clases mexicanas explotadas.

B. Traven –o Ret Marut, Traven Torsvan o Hal Croves, los tres nombres más usados por ese deicida literario– forma parte de esa comunidad de escritores invisibles, aquellos que se esconden del público. “Los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor son su propiedad más valiosa”, escribió el autor de El guardián entre el centeno, J. D. Salinger, uno de los autores más celosos de su vida, junto con Thomas Pynchon, otro de los ocultos de la literatura norteamericana. En el caso de Traven, tan sólo en sus libros se encuentran algunas respuestas al enigma de su vida: “¿Que dónde queda mi patria? En el lugar en el que esté y en el que nadie quiera saber quién soy, ni qué estoy haciendo, ni de dónde soy: ésa es mi patria, mi tierra” (El barco de la muerte). El hombre llamado B. Traven declaró una y otra vez que lo único que importa de veras es la obra, no el autor, conclusión con la que muchos estarán de acuerdo.

B. Traven, alias Ret Marut. (Foto de su arresto en Londres)

B. Traven, alias Ret Marut. (Foto de su arresto en Londres)

Hasta la fecha, la verdadera identidad del escritor, –¿alemán, polaco, norteamericano?– sigue sin conocerse y continúa siendo motivo de ambiciosas y extensas pesquisas periodísticas que se disputan la primicia de haber descubierto la verdadera identidad del excéntrico narrador de historias. Y es que, a casi cincuenta años de su presunta muerte, todavía existen dudas sobre la identidad de B. Traven.

Son muchos los que piensan que el hombre que se hacía llamar B. Traven fue, en realidad, un escritor y humanista alemán que se asiló en México tras escapar a una sentencia de muerte usando el nombre de Ret Marut, actor de teatro, novelista, crítico del feroz nacionalismo germano y de la guerra. Fue, además, uno de los muchos que participaron en la breve revolución bávara en Alemania (1918-1919). Tras unos enfrentamientos terribles, los soldados detuvieron a la mayoría de los simpatizantes del gobierno socialista, incluyendo a Marut, siendo acusado de crímenes de alta traición. El escritor, sin embargo, pudo escapar de sus captores y vivió un tiempo oculto en Berlín. Meses más tarde logró escapar a Inglaterra, donde estuvo encarcelado durante tres meses en la prisión de Brixton, en Londres, por no haberse registrado como extranjero y hacerse llamar Hermann Feige. Finalmente se enroló como tripulante en un barco mercante y llegó al puerto mexicano de Tampico.

EL TESORO DE SIERRA MADRE

Menos complejo, quizás,  que Malcolm Lowry y más ameno que Graham Greene y D.H. Lawrence, sus relatos son poderosamente adictivos. Dos son las novelas consideradas las mejores de B. Traven, La nave de los muertos, escrita en 1926, y El tesoro de Sierra Madre, redactada un año más tarde y llevada a la pantalla por John Huston en 1948 con Humphrey Bogart como protagonista. En ambas obras se puede percibir buena parte de esa misteriosa y enigmática vida de tan envolvente y extraño personaje de la literatura y su mundo social y lo político, siempre rodeado de una misteriosa e intrigante existencia por la que transcurrió toda su andadura no exenta de cálculos y adivinanzas sobre lo verdadero y fantástico de su persona. Y aquí quedan, pues, dos mágicas y envolventes historias con una temática diferente, aunque con idéntico fondo, de las que brotan unos valores literarios apasionantes, que no son otros que los comportamientos humanos en su más fervoroso y calculado análisis de condición y comportamiento. B. Traven es, en suma, un escritor de brillantez expositiva denunciando a burócratas y banqueros, al poder arbitrario, expuesto como laberíntica aventura de intrigas, donde su contenido resulta verdaderamente desafiante y de una actualidad que desasosiega.

sierra madre

Con esta duda sobre la identidad de Traven, el novelista Luis Spota, en el mismo año en que se filmó El tesoro de la Sierra Madre (1948), se propuso averiguar quién era B. Traven. Spota descubrió que el escritor vivía casi todo el tiempo en una pensión en el puerto de Acapulco. Su correo lo recibía en un apartado postal situado cerca de la pensión. Luis Spota viajó a aquella ciudad y logró fotografiar a Traven cuando éste recogía el correo. Spota descubrió que la persona de la foto era ni más ni menos que Harold Croves, el supuesto agente literario que había negociado con el mismo Humphrey Bogart el contrato de adaptación de su novela. El misterio aparentemente estaba resuelto y el resultado de la investigación de Spota se publicó en la revista mexicana Mañana. Sin embargo, al poco tiempo de la revelación, se publicó en Life una carta firmada por Croves en la que negaba de manera rotunda y categórica ser B. Traven.

En cualquier caso, los veinte libros que escribió Traven son el único testimonio de su existencia. Se estima que hasta la fecha se han vendido más de 25 millones de ejemplares y han sido traducidos a treinta idiomas. El hombre llamado B. Traven murió el 26 de marzo de 1969 en México DF. Su última voluntad fue que sus cenizas fueran esparcidas en el río Jataté, en la selva de Chiapas. Un lugar muy querido para el escritor que recorrió en infinidad de ocasiones. “En cuanto sienta que se aproxima mi fin, me refugiaré como una bestia en la maleza más tupida, donde nadie pueda seguirme. Ahí esperaré la sabiduría infinita con gran devoción y reverencia y volveré, en paz y con tranquilidad, a la gran unidad de la que surgí al nacer. Daré las gracias a los dioses si tienen a bien saciar con mi cadáver el hambre de zopilotes famélicos y perros abandonados, para que no quede ni un huesito blanco”. DBD

4 Comments

  1. Estimado Jacinto. Mil gracias por enviarnos esta detallada relación de nombres, sobrenombres, heterónimos y seudónimos usados por B. Traven a lo largo de su vida. Pessoa se habría sentido realmente deslumbrado ante tal despliegue de ingenio.
    Un saludo cordial desde España.

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  2. Únicamente el poeta dadá Arthur Cravan –cuyo verdadero nombre era Fabian Lloyd–, que desapareció en el Golfo de México en julio de 1916, horas después de partir del puerto de Veracruz en un bote de remos para ir a buscar a su esposa Myna Loy en Buenos Aires, puede equipararse a la azarosa vida de B. Traven. Cravan, antes de llegar a tierras aztecas, ya se definía como “marino en el Pacífico, arriero, recolector de naranjas en California, encantador de serpientes, rata de hotel, sobrino de Oscar Wilde, leñador de las selvas, ex campeón de boxeo en Francia, nieto del canciller de la Reina, chofer en Berlín y ladrón”.

    Traven, por cierto, tampoco se quedó corto respecto a las profesiones que desempeñó o dijo desempeñar en algún momento: escritor, actor, director teatral, mecánico, ingeniero, librero, fotógrafo, agente teatral, profesor de drama, marino mercante, cocinero, explorador, guía, traductor, marinero, profesor de lenguas, granjero, frutero, tutor, panadero, empresario, soldado, cerrajero, periodista, revolucionario, anarquista bávaro, peón algodonero, científico, guionista, agente literario y psicólogo.

    En cuanto a los seudónimos, Traven le ganó a Arthur Cravan por goleada… Para que se hagan una idea de la capacidad esquiva de Traven, basta con enumerar los nombres que utilizó en la ficción o en la realidad: Arnolds, Baker, Hal Croves (con éste se hacía pasar por su propio agente cinematográfico), Traven Torsvan, Traves Torsvan, Berick Traven, Bruno Traven, Traven Torsvan Torsvan, Traven Torsvan Croves, B.T. Torsvan, Ret Marut, Rex Marut, Robert Marut, Fred Maruth, Fred Mareth, Red Marut, Richard Maurhut, Albert Otto Max Wienecke, Adolf Rudolf Feige, Kraus Martínez, Fred Gaudet, Otto Wienecke, Lainger, Goetz Ohly, Anton Riderscheidt, Robert Bek-Gran, Arthur Terlelm, Wilhelm Scheider y Heinrich Otto Becker, que se sepa. Más modesta es la lista de nacionalidades que dijo tener, a menudo con pasaporte: inglesa, estadounidense, sueca, noruega, lituana, alemana y mexicana.

    Saludos surrealistas desde el DF!

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