El manuscrito inacabado de Alejo Carpentier

havana

 

Verídica historia. Así debía llamarse la novela que Alejo Carpentier dejó inconclusa y en la cual trabajó hasta el día de su muerte. El título y el asunto de esta novela inédita e inacabada (cuyo protagonista es el cubano Paul Lafargue, yerno de Karl Marx y diputado socialista en Francia) constituyen una ilustración evidente del método de trabajo documental y de la concepción de la literatura asumida por Alejo Carpetier. Inscrita temáticamente en la zona de confluencia entre Europa y América, elaborada a partir de materiales históricos. Verídica historia implica, como el resto de la obra narrativa de Carpentier, una profunda reflexión sobre el estatuto y la condición del hombre y del mundo latino-americanos. Porque la producción literaria del cubano es un inmenso fresco donde aparecen retratados los múltiples sesgos de un continente, con sus vicisitudes históricas y culturales; en toda ella percibimos la conjunción de una vasta erudición en el dominio artístico y un apego a una realidad de base gracias a la presentación de personajes y sucesos históricos que, sabiamente reelaborados y reconstruidos, ofrecen una interpretación, una explicación, del pasado y presente americanos.

Esta preocupación por la historia, por entregar una imagen fidedigna del hombre y del mundo ligada a la naturaleza y a la praxis social no significa, sin embargo, en la obra de Carpentier, una reproducción estática, un reflejo inanimado de la realidad que sirve de soporte. El referente histórico es punto de partida y de llegada, pero en medio y a través de él se despliega todo un fastuoso universo de ambientes y paisajes, de símbolos y alegorías, de reflexiones e interrogantes que moldean, enriquecen y dinamizan los elementos contextuales específicos.

Alejo Carpentier
Alejo Carpentier

La indagación propuesta por Carpentier puede asumir las formas más variadas, recurrir a distintos procedimientos. Uno de ellos es el de la desmitificación, como ocurre, por ejemplo, en su última obra publicada, El arpa y la sombra. Aquí el proceso de desmitificación de Cristóbal Colón y de su figura señera se obtiene por la utilización de la ruptura o del salto cualitativo. En los distintos niveles de la obra se producen quiebres, fracturas, que rompen la continuidad establecida hasta un determinado momento y que dejan en evidencia la otra cara de la medalla, revelan aspectos insospechados del mundo y del personaje: un sistema basado en el pillaje y la arbitrariedad, una figura cínica, aviesa y embustera. El primer europeo que forjó una imagen de América Latina es aquí descubierto, revelado, develado. Es, además, el conquistador conquistado, el que sólo comenzó a existir, a definirse, a partir del momento en que llegó a América, y es esa América la que esculpe su imagen, una imagen que se desvanece y diluye, tanto más cuanto que esa América nunca fue comprendida ni definida. Eterno navegante, viajero en busca de una patria y de una identidad —como muchos personajes de Carpentier—, Colón fue arrojado del ámbito americano, quedándose sin un acá y sin un allá (los términos de la dialéctica de los espacios en Carpentier), como un náufrago entre dos mundos.

Este personaje aparece también citado en la penúltima —y monumental— novela publicada por Carpentier: La consagración de la primavera. Esta alusión a Colón en una obra totalmente distinta no debe extrañar porque, a pesar de las diferencias de diverso orden que existen entre las producciones literarias del narrador cubano, hay también (y sobre todo) zonas de contacto, relaciones evidentes y sutiles que nacen específicamente de la particular actitud que preside el modo de acercamiento, de aprehensión y de expresión de la realidad latino-americana. No es difícil encontrar una serie de motivos, situaciones y reflexiones recurrentes. Así, por ejemplo, la idea de que los hombres son actores en el «Gran Teatro del Mundo» y que cada uno desempeña el papel que la suerte le ha asignado, la visión de lo «real maravilloso» americano, la constatación del gigantismo de la naturaleza y de la violencia de sus manifestaciones, la coexistencia de razas y tiempos, los saltos extraordinarios, insólitos pero verdaderos de la historia, y tantas otras. Pero hay también una disposición especial, una estructura globalizadora y determinante: la búsqueda que instaura ejes espaciales y temporales, un aquí-allá, un ahora-entonces.

En la obra de Carpentier, verdadero mediador entre las corrientes culturales del viejo y nuevo mundo, se manifiesta con particular insistencia —y a través del viaje— la confrontación de espacios, la exploración del tiempo, la búsqueda del tiempo maravilloso, la oposición y el diálogo textual entre Europa y América. En esta obra, el viaje (que se desarrolla en momentos inaugurales y definitorios de la historia: El siglo de las luces, El recurso del método) es motivo estructurador y estructurante, el viaje es abandono y búsqueda, incitación a la aventura, huida de la realidad, es encuentro con lo extraordinario, enriquecimiento o decepción (Los pasos perdidos). El viaje es también regreso, es ir y volver para volver a empezar, para realizar un balance que incitará a la partida, a otra decisión, es la asunción del regreso.

La consagración de la primavera nos presenta también ese desfile de trabajos y de días, la búsqueda azarosa, los viajes espaciales y temporales, las vicisitudes personales e históricas de dos personajes de vidas paralelas pero que pertenecen a distintos meridianos: Enrique, el intelectual y arquitecto, perteneciente a la gran burguesía cubana, pero obligado a abandonar el país por las actividades que realiza contra Machado; Vera, la bailarina rusa, criada en una familia de ricos comerciantes, en un ambiente donde el orden y la estabilidad son los valores fundamentales. Encarnación de dos mundos, de dos culturas, estos personajes son representativos de concepciones del mundo contrapuestas pero también complementarias. En ella —y en el texto de la novela- el universo cultural ocupa en determinados momentos una posición de privilegio, tanto en el nivel de las motivaciones individuales de los personajes como en el de la estructura significativa del universo representado.

Pero, en medio de la presencia a veces aplastante del mundo y de las referencias culturales, surge la Historia. Y los protagonistas aprenden, por último, la lección que ésta entrega: es imposible mantenerse al margen dela Historia, es necesario integrarse y participar en las posibilidades que ésta ofrece. La protagonista se dará cuenta que su proyecto (el montaje coreográfico de la obra de Stravinsky) sólo podrá convertirse en realidad, después de tantos y vanos intentos, cuando la Revolución ha triunfado: Vera tendrá su Primavera cuando se haya producido la Consagración de la Primavera Histórica.

 

araujo

La consagración de la primavera parece terminar tal como comienza. Se emparenta así con otras obras de Carpentier donde el final se asimila al inicio, donde se sugiere la imagen de un círculo, de un viaje de regreso al punto de partida. Pero en ninguna de sus obras es tan evidente como en ésta que el círculo es en realidad una espiral, porque la novela aparece sustentada por una concepción finalista de la Historia, una concepción de acuerdo con la cual los círculos se rompen, donde la Historia no se repite; como lo ha dicho el crítico Salvador Bueno, porque «la trayectoria cíclica de la historia es superada por el hombre que se impone nuevas tareas; cada estadio histórico, aunque parezca repetir el ciclo anterior, lo supera, porque el hombre traza en la historia una espiral, lenta, dificil, pero segura, que constituye la trabajosa marcha en busca de una mayor felicidad en el Reino de este Mundo».

Como en el resto de la producción literaria de Alejo Carpentier, en las novelas presentadas someramente se concretiza la concepción del compromiso social sustentada por el escritor cubano y, por ende, ellas pueden ser consideradas como instrumento de indagación y como forma de conocimiento. El arpa y la sombra y La consagración de la primavera son obras disímiles, pero también complementarias. Cada una de ellas, desde la perspectiva que le es especifica, contribuye a la configuración de ese inmenso cuadro que, sobre los múltiples, distintos y concomitantes rostros de Sudamérica, trazó con rigor y lucidez la pluma de Alejo Carpentier. Son elementos de un vasto proyecto, de un vasto trayecto que comenzó por la exploración y se convirtió en reconquista del mundo americano. Son obras que ofrecen la verídica (y maravillosa) imagen de América Latina.

Ilustración: “La Rumba”, óleo del artista cubano Antonio Sanchez Araujo.

12 thoughts on “El manuscrito inacabado de Alejo Carpentier

  1. Quisiera recordar que Alejo Carpentier ocupó varios cargos oficiales en La Habana hasta que en 1966 fue nombrado embajador de Cuba en París, donde permaneció hasta su muerte. Fue también Premio Cervantes de Literatura en 1977.

    Saludos

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  2. Dear Zenocrat. Gracias por recordar y la próxima vez no pague usted el café. Video sabrosón que sabrán disfrutar los selectos visitantes.

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  3. Va por usted, don Alejo. Sabemos lo mucho que le gustaba este bolero-son que Miguel Matamoros compuso en 1929, El año que usted cumplió los 25.

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  4. Qué casualidad que haya citado usted a Germán Arciniegas en su comentario, estimado Guillermo, justo el día que he comenzado la lectura de una de sus obras: “El mundo de la bella Simonetta”, en una edición argentina de 1962 que me costó bastante conseguir… Cosas del azar, ¿no cree?
    Me ha gustado mucho su apunte. Sea bienvenido a este blog, saludos cordiales y gracias por sus letras.

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  5. Aquí encuentro caminos para seguir unos pasos que nos señalaba en alguna ocasión el maestro Germán Arciniegas, cuando hablaba del re-descubrimiento de América y la contribución del Caribe a la cultura europea y universal.

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  6. Asombra y admira la nitidez de líneas, la capacidad portentosa de dibujar con la palabra, en esa descripción que Carpentier realiza y que rebasan los poderes de la imagen de la lluvia que tú nos has recordado.
    Muchas gracias, Jean Paul.

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  7. Carpentier había escrito: “…Debemos buscar el comienzo de todo, de seguro, en la nube que reventó en lluvia aquella tarde, con tan inesperada violencia que sus truenos parecían de otra latitud”. Lluvia inicial humanizada un 26 de julio en el asalto al Cuartel Moncada; lluvia inicial humanizada un 1º de enero de 1959, que permite llevar al libro los ya legendarios versos de Nicolás Guillén: “Cuando me veo y toco, / yo, Juan sin nada no más ayer / y hoy Juan con todo, / y hoy con todo, / vuelvo los ojos, miro / me veo y toco / y me pregunto cómo he podido ser…”

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  8. Rubén, Sylvia, M.Strum

    DEBEDEHABER os agradece muy sinceramente que hayáis tenido la gentileza de hacernos llegar vuestros interesantes y valiosos puntos de vista sobre este artículo. Aprovechamos la ocasión para aclarar que, además de la novela Verídica historia, existen otros manuscritos de Alejo Carpentier aún no dispuestos para su publicación. Tampoco ha finalizado por completo, que nosotros sepamos, la recopilación de su extensa obra periodística aunque sí la de su producción relacionada con la música.

    Saludos, abrazos y buenas letras!

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  9. Carpentier insistió constantemente en ese peligro de caer en los engaños del lenguaje filosófico: la belleza del lenguaje no se ajusta necesariamente a una realidad bella en potencia. Es la Praxis la que abre los ojos al lenguaje, invertir los términos es el suicidio revolucionario –Victor Hugues– o intelectual –Esteban–, es la negación de la “voluntad general” de Rosseau –de ello se encargará la burguesía en sus dos ya larguísimos siglos de dominio–. Esta, y no otra, es la lección de Carpentier.
    Un cordial saludo de
    Sylvia

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  10. La América carpentiana es un mundo de clara dialéctica: la América Anterior, en parte viviente y recogida en las tierras interiores de “Los pasos perdidos”, y la América Africana, fruto negro de las negras bodegas negreras; la Europa burguesa, exportadora de conquistadores feudales, y la Europa aún feudal, exportadora de revolucionarios burgueses; la América esclava del bohío y la América industrial del ingenio azucarero, en la dolorosa ecuación del monocultivo —plantación, país bananero—, generando en mutuas correspondencias.Creo que en este interesante artículo la cosa queda bien clara para cualquiera que desee interpretar el trasfondo de la obra del Maestro Carpentier y cuente con una mínima formación marxista: el tiempo es, al igual que el espacio, un modo de existencia de la materia; el pensamiento es la forma más alta de organización de la materia; el lenguaje —el pensamiento— convierte al mono en hombre —por muchos esfuerzos que éste haga por retroceder— en el proceso del trabajo, en el proceso social del trabajo; el desarrollo de los medios de producción, vinculado con la división social de trabajo y la producción de excedente, dan por resultado la aparición de las clases; etcétera. Las piedras existen en el tiempo; los hombres también. Los hombres existen en la historia; las piedras no.
    En fin, no sé si me explico…Ah, por cierto, acabo de recordar que otro singular cubano, Lezama Lima, también dejó una novela sin terminar, Oppiano Licario, que viene a ser una continuación de Paradiso.
    Salud!

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