Buñuel, Virginia Woolf, Vallejo, Francisco Ayala, memorias, epistolarios y radiografías secretas

MAQ ESCRB ANTIG

Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada.

Así se expresaba Luis Buñuel, en uno de los primeros párrafos de sus particulares “memorias”. Y de libros de memorias vamos a tratar en este artículo, –especialmente dedicado a todos aquellos que no tuvieron la ocasión de leerlos cuando aparecieron por primera vez en las librerías– aprovechando la oportunidad de que la mayoría de ellos –por esos caprichos de las programaciones editoriales– han sido reeditados o traducidos y han venido a parar a nuestra mesa. Unos, los más, debidos a autores hispanos; otras, a extranjeros más o menos cercanos en el espacio y en el tiempo. Son libros de todo tipo, que adoptan formas muy distintas: desde la más pura y ortodoxa autobiografía al típico libro de conversaciones —raramente interesante, por otro lado—, de los “últimos suspiros” del mejor director de cine español de todos los tiempos a la biografía escrita por una tercera persona o al epistolario.

Completaremos el cupo con algunas novelas, que muchas veces no son sino libros de memorias, mejor o peor enmascarados. Literatura en suma, en uno u otro caso, porque en definitiva de eso se trata precisamnte. Porque, como ha dicho un ilustre colega, la literatura “es el silencio que resta tras los incidentes, grandes o pequeños, que conforman nuestra vida. Sí, lo demás (es decir, todo) es literatura: lo único capaz de llenar el silencio que nos envuelve, lo único capaz de nombrarlo. Y no porque las palabras tengan un sonido que lo rompan, sino porque es capaz de darle sentido, de hacer que en él busquemos la verdad. Si la hallamos, nos habremos topado con la literatura. Lo demás, el resto, ya no es silencio”. Veámoslo.

 

César Vallejo

vallejo.220Epistolario general (Buenos Aires, N.A., 2013.)

Se recogen aquí doscientas treinta y siete cartas escritas por el inigualable César Vallejo a una veintena de destinatarios, destacando por su número de importancia las ciento diecisiete, dirigidas a Pablo Abril, diplomático peruano, las catorce a Gerardo Diego y las treinta y nueve a Juan Larrea. Este epistolario, calificado de “general”, abarca el período que va de 1915, cuando el poeta tenía veintitrés años, a 1938 (la última carta está fechada el 14 de febrero; el poeta moriría el 15 de abril), y nos ilustra suficientemente sobre la vida de un hombre que ha de quedar indeleblemente fijado en la memoria de quienquiera que haya leído sus poemas. Nos ilustra sobre su vida y sobre un destino, demasiado común, abocado a la miseria y a la indiferencia, a las que sólo se intenta poner remedio cuando ya es tarde: tras la muerte del personaje, único y definitivo acto con el que consigue atraer la atención general que antes había demandado inútilmente. Esto en el caso de que el artista (generalizando) haya logrado expresarse por medio de un arte accesible a los demás, cual es el caso de César Vallejo, ya que en caso contrario ni el último gesto habrá de servirle de gran cosa. La mayor parte de las cartas son, pues, gritos de dolor, demandas de ayuda, algún gesto de resignación: el rostro oculto de la tragedia expresada en los poemas, tragedia que en las cartas se presenta mezquina, trivial, fingida incluso algunas veces. Hasta el punto de que preferiríamos no conocer esa cara de la moneda. Pero ahí está, como contrapunto y enriquecimiento. La edición, muy cuidada, como es costumbre en esta nueva editorial argentina, corre a cargo de Guido Andrade. Suyos son prólogo, cronología y apéndices.


Ramón J. Sender

sender.220Album de radiografías secretas (Caracas, Ediciones Escambray, 2012. 397 pp.)

El gran novelista que siempre fue Sender, capaz por lo demás de caer en simas como El bandido adolescente o El verdugo afable, eligió un camino elíptico para contarnos sus “memorias”, haciéndolo al modo de otro memorable escritor (Ilia Erhemburg): a través de los demás, de su visión de los otros. La galería de personajes famosos que desfilan por estas páginas, con mayor o menor protagonismo, es numerosa e incesante. Para cada cual hay un análisis, una definición, una caracterización que es tanto del personaje como del propio Sender. Gracias a su modo de ver el mundo y quienes lo habitan, los lectores vemos a Sender y sus vaivenes, cada vez más pronunciados, que le llevarían, al final de una convicción libertaria arrebatada a una no menos arrebatada adscripción al inmovilismo. En el origen de una y otra posición quizá el mismo convencimiento moral: nada tiene sentido, toda acción conduce al desastre, toda política a la corrupción. Entre la la vida y la muerte, sólo está el movimiento sin objeto, que crea la ilusión de vida. Los esbirros de Franco no son mejores que los de Videla y la inocencia sólo se le concede al ingenuo, quien, por serlo, tampoco merece mayor consideración. Como resultado de esta visión “negativista”, un amago a lo sobrenatural, al “orden secreto”, a lo “real absoluto”. Con todo, un libro de fácil y agradable lectura, lo que es casi una bendición en nuestros ajetreados días.


VirginiaWoolf

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Roger Poole: La Virginia Woolf desconocida (Madrid, La Rosa Blindada, 2012. 365 pp.).

Una acertada reedición de este polémico libro que viene a presentarnos una imagen distinta de la que se nos había ofrecido hasta la fecha, sobre todo a través de las memorias del marido de la escritora, Leonard, y de la biografía que escribiera uno de sus sobrinos, Quentin Bell. Para Pool,  las distintas crisis nerviosas que sufrió a lo largo de su vida la figura central del “grupo de Bloomsbury”  no deben achacarse, sin más, a una supuesta y nunca satisfactoriamente explicada locura, sino a un cúmulo de circunstancias y problemas que condicionaron su infancia, adolescencia y vida matrimonial. El conflicto de la mentalidad femenina en lucha con la masculina que pretende destruirla, fue –según Poole– el origen de sus ataques nerviosos y de su suicidio como también de su obra literaria. La tensión empezó a producirse para ella desde la niñez, por la doble vía de la conducta de su padre, Sir Leslie Stephen, narcisista y déspota con la madre, muerta muy pronto, y por las relaciones sexuales a que la indujo un hermanastro, mantenidas pasivamente por Virginia hasta los 22 años. El autor se basa tanto en la obra literaria de Woolf como en el abundante material autobiográfico y biográfico que sobre ella se dispone. El libro, que se autoproclama independiente respecto a cualquier escuela psicoanalítica, tiene un indudable interés en sí mismo, como ejemplo de método en la investigación literaria y biográfica, aparte del interés que le añade la personalidad de la figura estudiada, una de las más atrayentes de la literatura anglosajona del pasado siglo.


Llorenç Villalonga

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La muerte de una dama (Barcelona, Camp d’Or, 2013. 160 pp.).

Seguramente sea Villalonga el primer novelista de lengua catalana del pasado siglo. La calidad incuestionable del conjunto de su obra, nada parca por otra parte, así lo presenta, frente a otras obras más extensas pero menos rigurosas y personales o frente a las sometidas a vaivenes coyunturales. La muerte de una dama, mala traducción de Mort de dama, se publicó por primera vez en catalán en 1931 y suscitó un gran escándalo en la sociedad mallorquina de la época, precisamente porque se veía despiadada pero fielmente retratada en la novela. La traducción castellana que ahora reedita, con muy buen juicio Camp d’Or, es la que originalmente hizo el propio autor y cabe achacarle las insuficiencias de otras versiones castellanas de Villalonga, especialmente la de Bearn, quizá su obra maestra.


Anthony Burgess

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Poderes terrenales (Bogotá, El Galeón, 2013. 637 pp.).

Interminable novela del autor de La naranja mecánica, con un tema subyugador: un octogenario escritor británico, homosexual, repasa su vida a instancias de un prelado, al objeto de testificar en el proceso de beatificación del papa Gregorio XVIII. A partir de estas dos figuras hijas de la imaginación del autor (pero que podrían responder a modelos bien reales), se revista la vida política, social y moral de todo el siglo. El ambicioso proyecto queda lastrado de modo definitivo por dos causas principales y una secundaria, las dos principales son las constantes desviaciones metafísicas y teológicas del discurso principal y la tantas veces burda interacción entre acontecimientos imaginados y acontecimientos históricos. La secundaria proviene de la propia extensión de la novela, que podría haberse moderado con la supresión de las desviaciones apuntadas. Claro que la reedición de una novela de Burgess siempre es un acontecimiento.


Luis Buñuel

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Mi último suspiro (México DF, Ítaca Ed., 2013. 251 pp. más 16 pp. ilustraciones.)

“Yo no soy hombre de pluma. Tras largas conversaciones, Jean-Claude Carriére, fiel a cuanto yo le conté, me ayudó a escribir este libro”, confiesa Buñuel al inicio de sus “memorias”. Unas memorias en las que el último guionista del genial director aragonés parece haber tenido mayor peso del confesado, sobre todo en la valoración de las distintas etapas que, como director, atravesó Buñuel. Así, la etapa mexicana —donde seguramente se encuentran las mejores cintas del de Calanda— se minimiza en relación con la etapa francesa posterior, en la que Carriére desarrolla su trabajo como guionista. Aparte, el libro está redactado con voluntaria tosquedad, intentando reproducir el estilo cinematográfico característico de Buñuel, aunque aquí se nos da una traducción no siempre acertada, del original francés. Y que el libro estuvo originalmente escrito para un público francés se advierte continuamente, ya que muchas de las referencias o precisiones geográficas, históricas o biográficas, están de más para un español interesado en este tipo de literatura. No hay grandes revelaciones (quizá la de un intento de asesinato a Gala, por Buñuel) y el tono decididamente trivial de la historia hace el resto. A destacar, eso sí, la sensación de verdad escueta que el texto comunica.


Francisco Ayala

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Recuerdos y olvidos (Buenos Aires, Archipiélago, 2013. 244 pp. más 16 pp. ilustraciones.)

Francisco Ayala fue un novelista doblado de sociológico, o viceversa. Aquí se nos muestran las dos facetas más destacadas de su personalidad, a través de un rápido pero denso recorrido por un trayecto que abarca prácticamente la vida española de la primera mitad del siglo XX. Especial relevancia cobran los capítulos dedicados a los años de la II República, donde Ayala, coincidiendo con otros autores, se muestra imbuido por un entusiasmo que no sólo cabe atribuir a los años juveniles, sino también a un cúmulo de circunstancias históricas y sociales que llevaron, a todo un importante sector de la intelectualidad española de entonces, a creer en la posible materialización de un sueño largamente acariciado. En realidad el libro termina cuando, tras la pérdida de la guerra por el Gobierno de la República, el autor sale hacia un exilio –especialmente el argentino– que habría de durar muchos años. Una vida vivida intensamente, sin rendiciones, como él mismo reconocía en una entrevista que concedió cuando cumplió los 100 años. «Nunca me he parado, todos los días he abierto los periódicos… Siempre he procurado tomar las cosas como vienen, vivir el presente en cada momento». He ahí seguramente la fórmula de la longevidad de Ayala, ese secreto por el que tanto le preguntaban. Un vaso de whisky diario, una dieta frugal, un poco de genética y muchas dosis de buena suerte, solía responder jocoso, mientras la avidez de la mirada, la chispa siempre encendida de los ojos, remitía a una profunda querencia de mirar siempre adelante, de no aferrarse al pasado, a ninguno de sus pasados. Su particular experiencia unida a la elegancia de estilo y a su capacidad de síntesis y análisis, resultan imprescindibles para el conocimiento, y la recuperación, de unos años en los que la “intelligentsia” española anduvo dispersa, errabunda y, cómo no, desorientada.

6 thoughts on “Buñuel, Virginia Woolf, Vallejo, Francisco Ayala, memorias, epistolarios y radiografías secretas

  1. Jean Paul. No me atrevería a asegurar que estos siete títulos puedan ser considerados como imprescindibles, pero está claro que la finalidad de todo libro (de cualquier libro) es ser leído.
    Salud!

    Ruben. Francisco Ayala, un hombre lúcido y comprometido, cumplió con creces sus sueños: 102 años dedicados a la literatura con mayúsculas… Él mismo dijo en una ocasión: “Mi vida es literaria, yo he vivido literariamente y creo que todos vivimos, en cierto modo, literariamente, pero sin saberlo o sabiéndolo; yo lo he sabido.”
    Un fuerte abrazo

    C. Temboury. Esos cinco libros restantes estarán a buen recaudo a la espera de que vengas a recogerlos, por supuesto en calidad de préstamo. Gracias por comentar.
    Abrazos

    loqueyoleo. Mil gracias por tus letras, amigo. Acepto de mil amores el intercambio que me propones. Stephan Zweig fue un escritor extraodinario, y “El mundo de ayer” un conmovedore testimonio de nuestro pasado reciente, escrito además con maestría. Tienes razón al definirlo como un libro magnífico, imprescindible para entender los desvaríos de un siglo devastador.
    Gracias por tus letras. Un fuerte abrazo.

    Strum. Muy agradecidos por tu recomendación. Tengo la impresión de que somos muchos los lectores que desconocíamos la novela que citas, así que intentaré conseguirla cuanto antes. De este extraordinario escritor luso, he leído en los últimos años “Memoria de Elefante”, “Las naves”, “Mi nombre es legión”, “Buenas tardes a las cosas de aquí abajo” y “Sôbolos rios que vão”, que adquirí en un viaje que hice a Portugal hace tres años. Es verdaderamente increíble que un escritor de esta talla no haya tenido en España –hasta hace muy pocos años– el reconocimiento que se merece. Él mismo, en una entrevista, manifestó sentirse molesto por el escaso éxito de sus libros en nuestro país.
    Gracias de nuevo. Saludos.

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  2. Aprovechando la inclusión de las memorias de Luis Buñuel en tu interesante recopilación de nuevas reediciones, me gustaría recomendar la novela del gran escritor luso Antonio Lobo Antunes titulada “Llaman por teléfono al Sr. Buñuel”, que tuvo una excelente acogida en Portugal y en otros países europeos, especialmente en Francia.

    Toda la obra de este admirable escritor –calificado por muchos como “el Céline portugués” y dueño de un universo propio– está impregnada de una alucinada, intensa y poética visión de la pasada época colonial portuguesa, reflejada magistralmente en su libro “O cú de Judas”.

    Un abrazo.

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  3. Hola, estupendo artículo y una estupenda selección. Con tu permiso me llevaré la de Francisco Ayala y a cambio te dejo otra en la estantería: “el mundo de ayer” de S. Zweig. No solo un libro sobre la memoria personal sino también sobre la memoria colectiva, la radiografía de una época que sucumbió con las dos guerras mundiales, un mundo que fue y que no volverá a ser, relatado con la calidad de la prosa de Zweig, verdadero maestro en el género biográfico.Un saludo.

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  4. Con tu permiso, voy a tomar dos de los siete libros reseñados para llevármelos a mi isla desierta: “Epistolario general”, de César Vallejo y “Recuerdos y olvidos”, de Francisco Ayala. Vendré a por los cinco restantes en otra ocasión.
    Saludos!

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  5. Muy bueno y en estos días de crisis el viejo continente debe recordar a Francisco Ayala “no sólo cabe atribuir a los años juveniles, sino también a un cúmulo de circunstancias históricas y sociales que llevaron, a todo un importante sector de la intelectualidad española de entonces, a creer en la posible materialización de un sueño largamente acariciado”.

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