Barcelona, escenario canalla de la novela negra catalana

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La auténtica aparición de la novela detectivesca catalana se produce durante la ominosa posguerra franquista y, según afirman los estudiosos del tema, se debe a Rafael Tasis (1906-1966) con tres obras propias que son muestras magníficas de adaptación cultural: “La Biblia valenciana” (1955), “Es hora de terminar” (1956) y “Un crimen en el Paralelo” (1960). La primera es uno de los raros ejemplos de novela-enigma de la literatura catalana, con el encanto añadido de un trasfondo bibliófilo de relevancia nacional ambientado en la Barcelona republicana. La segunda se podría incluir en la novela negra, básicamente por la sordidez cotidiana de escenarios y personajes, en un retrato bien lúcido del clima moral del franquismo. La tercera es una novela policíaca que explota inteligentemente el filón del Paralelo barcelonés de entreguerras. Cabe destacar la aparición de personajes fijos: el comisario Vilagut y el periodista Caldes. Asimismo, Tasis realizará algunas de las mejores traducciones del género. El autor nos mostró una Barcelona que muchos hubieran querido ocultar bajo la alfombra, siendo esa la principal virtud de una buena novela negra: explicar un tiempo y una sociedad.

Dicen ahora que el género negro está de moda, porque Stieg Larsson ha vendido miles de copias de su trilogía. Lo que quizás sí que es moda es la Barcelona negra: si hace unos meses salió un libro con ese mismo título, en el que ocho periodistas escribían sobre casos verídicos, ahora se acaba de publicar “Matar en Barcelona” en el que doce autores escriben sobre doce crímenes reales que sucedieron en la ciudad condal.


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En cualquier caso, la capital catalana tiene una buena tradición de novela negra. Desde Mario Lacruz (El inocente, 1953), Manuel de Pedrolo (Se derrama una sangre fácil, 1968), Rafael Tasis (Un crimen en el Paralelo, 1960) Jaume Fuster, Maria Antònia Oliver y tantos otros. Manuel Vázquez Montalbán y su serie protagonizada por Pepe Carvalho marca un punto y aparte. Su obra es una crónica total de Barcelona, de la transición y de la política catalana.

Anteriormente, había destacado el prolífico y polifacético Manuel de Pedrolo (1918-1990), literato vanguardista a la vez que apasionado de la novela de género y militante incansable por la normalización de la lectura en catalán. En el campo específico de la novela detectivesca –aparte del clima “negro” e inquietante que atraviesa gran parte de su obra ingente– publica “El inspector llega tarde” (1960), “Juego sucio” (1965) y “Morderse la cola” (1968) y hace numerosas traducciones.

La figura de Pedrolo es fundamental, así mismo, como impulsor de la primera colección especializada, la mítica “La Cua de Palla” (1963-1970), que difunde en catalán los clásicos de la novela negra, sobre todo anglosajona, junto con Simenon y con algunos títulos del mismo Pedrolo. [Es característico de las forzadas servidumbres del mercado catalán el hecho de que durante los años cincuenta se hubieran publicado en Barcelona decenas de títulos de Simenon traducidos por literatos catalanes (como Ferran Canyameres, amigo personal del autor), pero en español: hacerlo en catalán era, por lo pronto, ilegal.] Bajo este impulso surgen otras colecciones: Ayma Editores lanza “El Enjòlit” (1964-1965), dedicada a las aventuras de James Bond (entonces en el cenit de la popularidad por el cine), pero también con títulos propiamente detectivescos (negros y policiales); Editorial Molino pulica “El Interrogante” (1965), con cuatro novelas de Agatha Christie, incluyendo las emblemáticas “El asesinato de Roger Ackroyd” y “Asesinato en el Orient Express”. Pero todas estas iniciativas acaban fracasando por la escasez de público lector: la masa popular a que se dirigía no estaba alfabetizada en su lengua, y, además, los equivalentes en español, de tirada amplio, eran mucho más baratos.

Sin embargo, algunos francotiradores hacen aportaciones al género: Lorenzo San Marcos (seudónimo de Juan Carandell y Marimon) con el díptico “Malas compañías” (1970) y “La brillante historia” (1971); Ramon Planes con “Crimen en la calle Tuset” (1973); Nuria Mínguez arranca con “Una casa en las Tres Torres” (1974). Algunos autores consagrados hacen crítica social en clave detectivesca, como Maria Aurèlia Capmany (“El chaqué de la democracia”, 1972) y Jordi Carbonell (“Un hombre cualquiera”, 1979).

Ya en el nuevo contexto sociocultural de los años setenta, un joven intelectual inquieto como Jaume Fuster (1945-1998), muy consciente de los factores que socavan persistentemente la proyección social del libro catalán, retoma el combate sistemático para la novela detectivesca en la lengua local, tanto con su obra (“Poco a poco se llena el vaso”, de 1972, “Tarde, sesión continua, 3,45”, 1976).

Es en los años ochenta, con nuevos condicionamientos sociopolíticos, cuando se produce la eclosión de la novela detectivesca en catalán, tanto de producción propia como traducida, en el marco de un auge de la novela de género que abarca también el erótico y, en menor medida, la ciencia ficción, la fantasía mítica, el humor y el terror. Se generaliza entonces (abusivamente) el término novela negra como designación global del género detectivesco. A Jaume Fuster (“La corona valenciana”, 1982) y al colectivo Ofelia Dracs (“Negra y consentida”, 1983) se suman autores procedentes de la literatura general, como Josep Maria Palau (“Asesinato en el club de los poetas”, 1983), Maria Antònia Oliver (“Estudio en lila”, 1985), Antoni Serra (“El azul pálido de la rosa de papel”, 1985), Margarita Aritzeta (“El correo de Trípoli”, 1990), Isabel-Clara Simó (“La vecina”, 1990 ), etc., etc. El clima “negro” alimenta también otros géneros, como la novela de acción en clave fuertemente política que cultiva el tándem Jordi Querol-Moisés Merced (“Antes moros que catalanes” y “Valencia 1977”.

El grueso de esta producción autóctona se inscribe en el subgénero negro-policial, mientras que Palau se inspira en Aghata Christie y George Simenon; quizás sólo Nuria Mínguez convierte en núcleo de su producción la novela-enigma, por otra parte homenajeada en pastiches como “A Mayerling, una noche”, de Néstor Luján, que reúne Holmes y Poirot en la investigación del célebre caso, o, ya en el campo del teatro, por Jaume Fuster en “Las cartas de Hércules Poirot”, desde la Cerdeña de los últimos cuarenta.

Mientras la mayoría de editoriales incluyen la novela detectivesca, catalana o traducida, en colecciones generalistas de narrativa, llegan a surgir dos colecciones especializadas en el género: Selecciones de la Cola de Paja (1985-1997), de Ediciones 62, reanudación de un clásico, ahora bajo la dirección de Xavier Coma y dedicada monográficamente a la novela negra, y La Negra (1986-98), de RBA, con autores catalanes y traducciones de autores coetáneos, sobre todo de otras literaturas europeas.

La euforia se adelgaza en los años noventa, tal vez por saturación del público, y Selecciones de la Cola de Paja y La Negra terminan cerrando. Queda, sin embargo, un buen grueso de traducciones y, sobre todo, la definitiva normalización del género en el seno de la literatura catalana, –fundamentalmente ambientada en Barcelona– por lo que, ya a un ritmo más pausado, siguen tanto la producción propia como la traducción, habiéndose convertido la novela novelística detectivesca una opción entre tantas.

12 thoughts on “Barcelona, escenario canalla de la novela negra catalana

  1. Thank you very much for your moving and loving words, Inese. Peace and understanding among people is the only thing we need now. Our best wishes to you. Un abrazo!

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  2. Excelente entrada!!! Aunque echo en falta al inspector Ricardo Méndez, del gran Paco González Ledesma, siempre a la sombra de Carvalho. Aunque por otra parte, me has hecho descubrir libros y autores que no conocía. Lo guardo en favoritos!

    Salud,

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  3. Gracias de nuevo, amigo Ruben. Fue un olvido no abrir los comentarios, pero ya están activados y se agradece especialmente el tuyo.
    Un fuerte abrazo!

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  4. Fernando, Jordi, Bideak, Vicente.

    Mil gracias a todos por sus generosos comentarios, estimados amigos. Es lo único que se me ocurre escribir en este momento, obligado como estoy a aprovechar los escasos minutos que dispongo de conexión a internet via satelital. Resulta que una impresionante tormenta caída sobre Taiohae (capital de las Islas Marquesas en la que me encuentro actualmente) me desconectó del mundo. Al parecer, en un par de días las comunicaciones quedarán restablecidas.
    Tout va bien!
    Un fuerte abrazo.

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  5. Hola, es de agradecer tu exhaustivo trabajo sobre la novela negra en Barcelona. La verdad es que para algunos que conocemos un poco la ciudad (muy poquito) nos bastaba recorrerla con las novelas de Manuel Vazquez Montalvan y Eduardo Mendoza. Tu artículo ha abierto una ventana a la que estoy dispuesto asomarme: transmite rigor y entusiamo, justo lo que necesitamos algunos. Felicitaciones.

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  6. Barcelona, una “ciudad canalla” en la que –sin embargo– el arte y la cultura se muestra en cada esquina. Claro que para descubrir su verdadera esencia se necesita bastante tiempo… Y tiene mucho de misterio también. Quizás sea ese misterio –que tan magistralmente han descrito escritores como Vázquez Montalbán o Eduardo Mendoza en sus novelas– lo que hace que a tantos creadores (incluido Woody Allen) les apasione esta ciudad.

    Salud y República!

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  7. Excelente artículo, excepto por la traducción literal de buena parte de los títulos catalanes. Por ejemplo, la novela de Jaume Fuster “De mica en mica s’omple la pica” fue traducida y publicada por Planeta como “El procedimiento”, y no como “Poco a poco se llena el vaso” o, Edicions 62 publicó la colección “Seleccions de la Cua de Palla” y no “Selecciones de la Cola de Paja”.
    La colección “La Negra” en los ochenta-noventa formaba parte de Edicions de La Magrana y no fue hasta más tarde que RBA la compró y la relanzó.
    Lástima, porque la visión general de la novela negra en catalán del artículo es bastante completa.
    Un saludo,

    Jordi CanalBiblioteca la Bòbila

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  8. En mi opinión, de todos los autores catalanes mencionados en este artículo, fue Manuel Vázquez Montalbán el intérprete más destacado de una Barcelona que pasó de ser una ciudad gris, pobre y cutre en los años sesenta a la capital centelleante del arte y diseño en los noventa. Mediante sus novelas, algunas de ellas ambientadas en el barrio del Raval de Barcelona, Montalbán reflejó fielmente ese territorio de perdedores ubicado en una ciudad con la cual se identificó y en la que muchos de sus protagonistas trataban de huir o sobrevivir a la miseria y a la crueldad del criminal régimen franquista.

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