Cien años de “À la recherche…” de Proust

Marcel Proust

A propósito del centenario de la publicación del libro “Du côté de chez Swann”, primer volumen de la ingente novela “En busca del tiempo perdido” de Marcel proust, , el novelista Sebastien Lapaque escribe en “le Figaro” un artículo recordando la obra maestra del penetrante literato francés y su nostalgia por un conocimiento primigenio de sus páginas, del que reproducimos algunos párrafos.

Sólo hay una manera de probar -escribe Lapaque-  los famosos vinos que han sido acreditados como obras maestras del arte del vino: en jarra, sin ver la botella. Estas catas, que no han sido condicionadas por la visión de la etiqueta,  están llenas de sorpresas. Uno sueña con la posibilidad de una degustación similar de  monumentos de la literatura,  un retorno a su espíritu original,  antes de que el libro tuviera la etiqueta de “obra maestra”, antes de que fuera aprendido en la escuela y se repitiera en las historias de la literatura.

El pasado jueves 14 de noviembre se cumplió el centenario de la publicación, en 1913, del primer volumen de En busca del tiempo perdido por la editorial Grasset.  Uno quisiera  que le sirvieran Du côté  de chez Swann en garrafa, sin saber nada del libro, ni siquiera  de su autor .

          Tal ejercicio es por desgracia imposible. Habría que romper la hermosa cubierta y únicamente lograría una cata a ciegas de la lectura de las primeras líneas: “Durante mucho tiempo, me fui a la cama temprano. A veces, para apagar mi vela, mis ojos se cerraban tan rápido que no tuve tiempo para decirme: “me quedo dormido.” “… Todo el mundo lo sabe, incluso los que se quedaron en el borde de la selva oscura de la Recherche.

          Este bosque, que puede cruzarse sin autorización, desemboca, después de seis meses de una lectura cuidadosa, en el claro de El tiempo recobrado , séptimo y último libro en el  que el escritor finalmente nos entrega su secreto: “Yo digo que la ley cruel del arte es que los seres mueran y que nosotros mismos muramos agotando todos los sufrimientos, para que nazca la hierba no del olvido, sino de la vida eterna, la hierba firme de las obras fecundas, sobre la cual vendrán las generaciones a hacer, sin preocuparse de los que duermen abajo, su almuerzo en la hierba”. Oh, la hierba gruesa de las obras fecundas …

          Pero olvidemos  El tiempo recobrado , publicado en 1927, cinco años después de la muerte del “querido pequeño Marcel,” para volver a este otoño 1913 y a este rayo que fue la aparición en los escaparates de las librerías, de Du côté de chez Swann . Retomemos  esta novela olvidando nuestros condicionamientos y actuando como si fuéramos parte de los privilegiados que cortaron  los pliegos de una de las 1.750 copias de la primera impresión. Uno puede burlarse siempre de los lectores profesionales de la editorial Gallimard -que rechazó el manuscrito- los cuales no comprendieron en absoluto el libro cuando les fue presentado. En particular, André Gide a cuyo juicio estas páginas extrañas y bellas contenían “demasiadas duquesas”. No obstante, es preciso confesar que, en 1913, el riesgo de no tomar en consideración este texto era grande. ¿Quién puede decir que no habría juzgado también ciertas frases demasiado largas, las descripciones interminables, la intriga inexistente?.

Marcel Proust

Recordemos algunos géneros de novela que aparecen en Paris en la misma época: “La Colline inspirée” de Maurice Barrès, “Les Copains” de Jules Romains, “Jean Barois” de Roger Martin du Gard. Comparado con estos libros, “Du côté de chez Swann” es como mensajes enviados en una lengua desconocida desde otro planeta. En Francia hay otro libro que, en 1913, hace temblar el paisaje de una forma parecida, es una colección de poemas: “Alcools” de Guillaume de Apollinaire.

          Du côté de Swann , que termina un tanto abruptamente con la narración de un paseo de Odette de Crécy al Bois de Boulogne, pero que se anunció como el primer volumen de una trilogía, fue un libro hasta cierto punto inquietante para los primeros lectores pues “À la recherche…” se fundamenta sobre una estética basada en paralelismos de los cuales no podían tener noticia.

Nota ad hoc.  Arriba,  manuscrito de  “À l’Ombre des jeunes filles en fleurs”.

5 Comments

  1. Te perderás algo grande si no llegas a terminarla, estimada Aquileana. Ya nos contarás.
    Un fuerte abrazo. 🙂

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  2. Excelente post… He llegado al quinto tomo de la magna novela de Proust y entonces detuve la búsqueda del tiempo perdido… Queda en mis planes retomarla… Un abrazo~ Aquileana 😀

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  3. Desde que leí por primera vez su obra, Marcel Proust me fascinó. Y es que, cuando finalicé la lectura de “À la recherche…”, llegué a la conclusión de que el escritor francés no estaba realmente interesado en la novela, sino en la narración. Este proyecto de hacer ficción de la propia vida, un relato que había comenzado en Francia con Stendhal, encontró una nueva manera de narrar que fue a la vez novedad y tradición.

    Un cordial saludo y enhorabuena por su interesante blog.

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  4. “Porque la mejor parte de nuestra memoria está fuera de nosotros, en una brisa húmeda de lluvia, en el olor cerrado de un cuarto o en el perfume de una primera llamarada: allí dondequiera que encontremos esa parte de nosotros mismos de que no dispuso, que desdeñó nuestra inteligencia, esa postrera reserva del pasado, la mejor, la que nos hace llorar una vez más cuando parecía agotado todo el llanto.”

    ― Marcel Proust, À la recherche du temps perdu, Vol. II

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