Los hermanos Boris y Arkadi Strugatsky, maestros de la ciencia ficción soviética

aelita

Si más allá de las escasas antologías que circulan entre nosotros, hicieran falta pruebas definitivas para certificar la calidad y la vitalidad que tuvo la ciencia ficción soviética, dos novelas de los hermanos Strugatsky –reeditadas el pasado año en Argentina– bastarían para confirmarlo. Como sensata y diáfanamente lo afirma en su introducción nada menos que Theodore Sturgeon, él mismo uno de los más sugestivos escritores de nuestro tiempo: “La buena ciencia ficción es siempre buena ficción”. Es que se trata de un género tan singular –y vivo– que sus fronteras no pueden deslindarse claramente, puesto que llegan a rozarse directamente con la mismísima poesía.

Fueron estos autores judío-rusos los que elevaron el género de ciencia ficción en su país al nivel de la gran literatura. Juntos, constituyeron uno de esos insólitos casos de binomios logrados que solían darse antaño en literatura. Como bien dice Sturgeon, una de las circunstancias que más atenta contra la posibilidad de gozar auténticamente de estos y otros autores de ciencia ficción en la antigua Unión Soviética, es el hecho de que sus narraciones sólo pueden ser leídas en nuestro idioma generalmente a través de traducciones de otras traducciones. Es decir, que no se las vierte directamente desde su idioma original, sino después de una versión a otra lengua, preferentemente la inglesa. Es fácil imaginarse que, por haber resistido a tantos filtros, como ocurre felizmente en el caso que nos ocupa, tanto debe felicitarse a los autores como a los traductores (cosa que Sturgeon se apresura a hacer al concluir su prólogo).

Arkadi y Boris Strugatsky
Arkadi y Boris Strugatsky

En 1959 apareció su primer libro en conjunto, El país de las nubes purpúreas, en plena época del deshielo de Nikita Jruschov. Las obras que siguieron fueron alejándose cada vez más del realismo socialista, planteando temas morales nuevos y satirizando la burocracia soviética. Qué difícil es ser dios (1964), El lunes comienza en sábado (1965), El caracol escalando una montaña (1966-68) o La segunda invasión marciana (1967) son algunas de las obras que tuvieron que luchar contra la crítica de los ortodoxos.

Su obra más famosa es seguramente Picnic extraterrestre, novela que, con guion de los hermanos Strugatsky, fue magistralmente adaptada al cine por Andréi Tarkovski con el título de Stalker. La última obra conjunta de los hermanos Strugatsky fue la pieza de teatro Escuchen judíos de San Petersburgo, en 1990. Al año siguiente moría Arkadi. Boris Strugatsky, escritor legendario gracias a las novelas que siguió publicando después de la muerte de su hermano, falleció el 19 de noviembre del 2012 en San Petersburgo.

Picnic extraterrestre es el título que se ha adjudicado para esta reedición argentina al primer relato del libro, cuando en realidad su denominación original sería Un picnic junto al camino… Pero poco importa eso ante la significación y la acción misma de tan apasionante historia, que de inmediato nos atrapa en su fluir. Los Strugatsky imaginaron una visita de seres extraterrestres, algo así como un rápido picnic de paso, que deja sobre la Tierra después de su partida lo que para “ellos” serán sólo deshechos, sobras, basuras, cuando no objetos perdidos, y para los asombrados terrestres de la ficción maravillosos y seductores (cuando no terroríficos) inventos de otros mundos. Tamaña novedad genera inusitadas reacciones, que permiten a los hermanos Strugatsky ir diseñando una visión nada beatífica y sumamente trágica de la condición humana, a través de las reacciones y los acomodamientos con que los terrícolas se adaptan a esta nueva realidad: la prueba concreta de la existencia de civilizaciones extraterrestres sumamente desarrolladas. Con dignidad suprema, los autores dejan de lado todo efectismo para ir acentuando poco a poco los más altos valores humanos, culminando en una generosa parábola, en una vasta metáfora de lo que podría ser un mundo realmente mejor.

El volumen se completa con una segunda novela: Leyendas de la Troika. En un estilo diametralmente opuesto, que demuestra la amplitud de sus registros literarios, el ingrediente extraterrestre o futurista es aquí apenas una concesión, ya que el relato está mucho más cerca del humor negro a lo Swift o a lo Jarry que de la clásica ciencia ficción. El resultado es una sátira ferozmente eficaz –pero siempre risueña– contra la desatada irracionalidad que, en nombre de la razón, ejercita una delirante burocracia seudo-intelectual y zafia, en un mundo dividido en pisos (hasta hay un irrisorio Ministerio de la Felicidad Lineal) que sólo pueden comunicarse entre sí por medio de ascensores que funcionan deficientemente o que directamente no funcionan. Las dimensiones del absurdo que logran alcanzar aquí los Strugatsky son tan logradas, que permiten compararlas con las que alcanza un clásico tan impagable como Alicia en el País de las maravillas.

Cerrado el volumen, resulta doblemente admirable tanto la capacidad y variedad creadora de los hermanos Boris y Arkadi Strugatsky (incluyendo un sano respeto por sus lectores que los aleja permanentenente tanto del mal gusto como de la violencia gratuita y otros sensacionalismos), como las saludables reacciones en cadena, verdaderas incitaciones permanentes para el pensamiento, que dejan sus siempre agudas reflexiones –lanzadas aquí y allá, como de pasada– sobre el ser del hombre y el mundo futuro… o más bien contemporáneo.

6 thoughts on “Los hermanos Boris y Arkadi Strugatsky, maestros de la ciencia ficción soviética

  1. Muy agradecidos por la información que nos envías, Fernando.Teníamos algunas referencias acerca de esta edición catalana, pero ninguna sobre su publicación en México.

    Saludos cordiales.

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  2. Me gustaría recomendar a sus lectores –especialmente a todos aquellos interesados en la ciencia ficción– un libro de los hermanos Strugatski titulado “El caracol en la pendiente”, publicado recientemente en México, en el que se combinan dos relatos, relacionados en parte, y ubicados en torno a un misterioso bosque. El volumen es una pequeña joya, un ejemplo de la calidad literaria que, mayoritariamente, tenían las obras de ciencia ficción escritas en la URSS
    Saludos.

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  3. Amigo Strum: Es muy cierto lo que dices, y me parece que sólo hay una manera de corregir esta lamentable situación: editar buenos libros. Lo cual puede querer decir, por ejemplo, publicar obras que uno espera que sigan siendo válidas dentro de cien años, por poner un plazo corto. Lo cual quiere decir, a su vez: no editar libros innecesarios, necios, superficiales, sacadineros, prescindibles y un largo etcétera que contamina y usurpa los espacios culturales de todo tipo, y confunde a los lectores empujándoles finalmente hacia la televisión, aún más basurera pero también más barata. Sin embargo, sigo siendo totalmente pesimista al respecto: me temo que los malos libros van a continuar acosando a los buenos. Y los imbéciles a los inteligentes.

    Así es el mundo y no parece querer mejorar.

    ¡Salud y buena lectura!

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  4. La escasa difusión de la obra literaria de los hermanos Strugatsky en nuestro país –obra a la que yo no le añadiría adjetivo alguno– evidencia la deficiente estructura cultural que sigue vigente en España, que se mueve más en torno a intereses económicos concretos, que a necesidades comunicativas, de desarrollo, conocimiento e intercambio ideológico, profesional y artístico. Fuera de algunos autores, que por diversas circunstancias entran en los circuitos comerciales, son muchos los que apenas traspasan nuestras fronteras. Si no me equivoco, de Arkadi y Boris Strugatsky únicamente se han publicado tres de sus libros.
    Muchas gracias por recordarlos aquí.

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