El cine no es la vida ni tiene que ver con ella

arrebato

El tiempo no pasa para el buen cine, créanme. Lo he podido comprobar, una vez más, al visionar recientemente la película Arrebato, de Iván Zulueta, un film que acaba de cumplir nada menos que 34 años. Inicialmente, “Arrebato” fue concebida por el inolvidable cinesta y artista vasco como un cortometraje, pero el guión fue creciendo y el arquitecto Nicolás Astiárraga le ofreció a Zulueta medios económicos para convertirlo en un largometraje que, en principio, debía estar finalizado en quince días.

Pero esas dos semanas se sobrepasaron con creces y, lógicamente, el presupuesto inicial se multiplicó por cinco. La falta de dinero a mitad del rodaje y el caótico ambiente que se generó durante la filmación provocó la huida de varios técnicos. No obstante, el film logró terminarse gracias a una subvención ministerial, pero el público –no así la crítica– la recibió con indiferencia. El aumento en el presupuesto de producción supuso, según cuentan, la ruptura del realizador con Astiárraga, y al mismo tiempo, el inicio de la fama de Zulueta como director maldito.

“Arrebato” es la película más insólita del cine español de finales de los años 70. En su momento me pareció absolutamente única; hoy, situados en una perspectiva que nos aleja un poco pero que enriquece nuestra visión, la revisitamos con no menos interés, si bien situándola ya en su contexto cultural –en el que se inserta con un grado menor de excentricidad–, y apreciando más claramente su ironía.

Por otra parte, el cartel de “Arrebato” –realizado por el propio Zulueta– es la perfecta cristalización visual de la idea que la preside. No contiene la representación de una escena, sino una síntesis de su tema. Los tres protagonistas, sumergidos en la sombra de una sala oscura que ocupa la totalidad del campo, son “atacados” por la luz de un proyector que no vemos, contra una superficie clara –que sin duda es una pantalla de cine–, sobre la que se proyectan sus sombras. El actor Eusebio Poncela, situado en primer plano, hace con la mano ademán entre conjurador y autoprotector en relación con el chorro de luz. A su lado, Cecilia Roth se retira asustada hacia el fondo, aferrándose con la mano izquierda al brazo derecho de su compañero. Detrás de ellos Will More, casi tapado por sus sombras, cierra la composición triangular. De su rostro sólo vemos la boca, curvada en una mueca ambigua que bien pudiera ser de sorpresa. Parecen un grupo expedicionario de una película de selva africana, atacado por un rinoceronte furioso. Incluso sus atuendos corresponden vagamente a la iconografía del cine de aventuras.

Pero no es un rinoceronte quien les ataca: es la luz, están acorralados contra una pantalla y, sin embargo, no son personajes de celuloide, proyectan sombras. Pero pertenecen a una película. Se trata de una interesante mise en abîme sobre la que podría escribirse tan larga como innecesariamente. Este tipo de composición, por otra parte, es frecuente en el cine de Zulueta: personaje contra pantalla, personaje ante pantalla de cine, de televisión, personajes “actuando” –como Cecilia Roth imitando a Betty Boop– ante una pantalla. Una especie de venganza contra el cine, contra la planitud intranspasable del cine, una protesta inocente y violenta ante el hecho de que, irremisiblemente, el cine no es la vida ni tiene que ver con ella.

arrebato

“Arrebato” es, al mismo tiempo, la expresión de un sentimiento profundo y común: el del miedo al cine, a su magia devoradora, totalmente ficticia por otra parte y también nostálgica, inventada desde siempre por el hombre frente al misterio de lo figurativo, presente en la idea generadora de las pinturas rupestres, del cuento de Edgar Allan Poe El retrato oval y de El retrato de Dorian Gray de Oscar Wilde. La fantasía de la cámara asesina y engullidora es primitiva y al mismo tiempo muy moderna. Recrearse en ella sin ir más allá puede dar lugar a una interpretación empobrecedora y cinéfila del film de Zulueta. Cada vez que veo su película tengo la impresión de que éste trabaja no tanto sobre el propio cine cuanto sobre la muerte, sobre el deseo de muerte, sobre el supremo anhelo de ser engullido y aparecer tal vez en otra región, aliado del celuloide, porque todo lo demás –la vida cotidiana, el sexo, las relaciones, las comidas de trabajo, las basurillas nostálgicas del baúl de los recuerdos, los amores, las drogas–, son poca cosa y acaban aburriéndole a uno mortalmente. Mortalmente: he ahí la clave, tal vez. Ante el desolado panorama de la realidad sólo queda el arrebato final: la experiencia paradójica de la propia muerte.

Este es, seguramente, el origen y la meta de esta insólita película –para mí una de las mejores de toda la historia del cine español– que fascina bordeando lo hipnótico: la esencia de lo creativo. Porque cuando se crea se desaparece y el mundo que está siendo invocado se materializa. No sólo es una reflexión, pues sólo con la mente no se crea, sino pasión. Y sólo de la pasión surge el arrebato, la inspiración.

M. Arriflex

Ver la ficha técnica de la película aquí.

7 Comments

  1. Muchas gracias por tus letras, Allvoxman. Es verdad que, después de tantos años, sorprende constatar que aquella película –aparecida como un objeto extraño mientras la mal llamada Transición española conducía al conformismo político y estético– sigue llevando dentro una reflexión tan profunda sobre el cine, pero sobre todo una experiencia límite, radical y absorbente del cine como una adicción a la que resultaba difícil sobrevivir. Muchos piensan que Zulueta se jugó la vida con “Arrebato”, haciéndola como si fuera el último film que podría hacer antes de morir. Y más o menos fue así, ya que después de rodarla se retiró prácticamente del mundo… Continuó existiendo durante casi treinta años, sí, pero como cineasta, Iván Zulueta desapareció destruido por la propia creación. Ciertamente, también actuaron los efectos devastadores de la heroína. Lo testimonia la misma película, íntimamente ligada a la experiencia personal del director y, por eso mismo, uno de los ejemplos más radicales del cine como autobiografía.

    Ante de la despedida, nos gustaría decirte que tu web-dossier sobre Zulueta nos ha parecido interesantísima. Volveremos a leerla con detenimiento y, si no es demasiado atrevimiento por nuestra parte, enviaremos algún comentario próximamente.

    Un fuerte abrazo!

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  2. Excelentemente escrita esta entrada y muy interesantes las conclusiones. La verdad es que esta película no para de dar de sí, cuantos más años tiene más grande se hace, al igual que la figura de Iván. Por cierto, os recomiendo esta web-dossier sobre Iván Zulueta que estoy confeccionando con material de prensa y algunos textos propios, a la que seguro que le vendrán bien vuestros comentarios también: http://ivanzulueta.net

    Gracias por compartir! Un cordial saludo.

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  3. Estimados Tusset, Gishman, Temboury, 23joechip.

    Nuestro más sincero agradecimiento por vuestros valiosos comentarios, tan ricos en referencias y detalles reveladores. Es muy grato saber que compartimos una profunda admiración por la obra de este portentoso cineasta.

    Un fuerte abrazo.

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  4. La entrada es perfecta, gracias DBD.
    Lo que dicen Temboury, Gishman y Tusset completa y enriquece, gracias, lo decís muy bien. No puedo agregar nada más, debería callarme, pero me mueve una necesidad física de atestiguar mi amor (no es la palabra exacta, aunque también), mi admiración y pasión por esta película. La ví poco tiempo después de su estreno y mi extrema juventud ya captó la esencia de su seducción (desde pequeño fui rarito y vanguardista), luego en su “segunda vida” la volví a ver y me pareció mucho más grande. Lo que al principio eran nada más que atmósferas de perfume exótico (¿sería el hachís:)?), ahora se convertía en una espiral de imágenes que vista desde la experiencia, conectaba con discursos no siempre racionales, pero sí verdaderos. Hay una conjunción de imágenes que casi nadie ha logrado, hay un estado creador que se siente y que la convierte en una obra de arte grande. Hay pocas así. Saludos

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  5. Mi más sincera felicitación por dar a conocer en tu blog a un director de cine español tan enormemente interesantes como fue Iván Zulueta. Yo ví Arrebato por primera vez en el festival de cine de San Sebastíán. El propio Zulueta la presentó y moderó un coloquio tras la película. Recuerdo que el film me impactó sobremanera. Cuando he visto el título del post me he dicho que tenía que comentar algo. Al acabar la lectura del mismo siento de verdad que no tengo nada más que añadir. Creo que el artículo describe perfectamente lo que hoy, 34 años después, se puede decir en unas líneas sobre esta película. Estoy seguro de que muchos al leerlo se lanzarán de nuevo a verla si ya la vieron o caerán en la tentación de conocerla si nunca la vieron.

    Saludos

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  6. Dice el autor de esta interesante reseña que “Arrebato es, al mismo tiempo, la expresión de un sentimiento profundo y común: el del miedo al cine, a su magia devoradora”, y coincido plenamente con él. La amenaza del tomavistas-vampiro, metáfora tal vez excesivamente objetivada en la película es refinada hasta el límite extremo en el afiche por medio del fuera de campo. No vemos qué “objeto” ataca a los tres personajes. Sólo percibimos que están violentamente iluminados y que algo les amenaza. Quien no haya visto el film ni sepa de él, pude pensar en el rinoceronte, en un pelotón de fusilamiento o en un edificio en llamas que se derrumba. Esta imagen misteriosa podría ser un emblema del género fantástico cinematográfico.

    Un cordial saludo desde Haifa, Israel
    D. Gishman

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  7. Curiosamente, Ivan Zulueta es más conocido acá en los Estados Unidos por el video-clip que realizó para la canción de Richard Evans “In the Year 2525”, que por sus películas. Ya entonces Zulueta experimentó con texturas y sonidos logrando una serie de hallazgos comparables a los de un film como “Un perro andaluz”, de Dalí y Buñuel.

    En cuanto a ‘Arrebato’, que se ha proyectado en bastantes Universidades norteamericanas y canadienses, me gustaría decir que hay películas que constituyen una experiencia individual tan fuerte que cualquier cosa que se diga de su contenido puede sobrar. Están ahí para ser vistas, o, mejor aún, para ser experimentadas. Esta película va más allá de sus valores técnicos, visuales o narrativos. Es una espiral de atmósferas y premoniciones. Hay en ella multitud de lugares, de mundos, de universos. El cine, el cine dentro del cine, las drogas usadas como fuente de inspiración, la infancia, los sueños infantiles enterrados, el dolor, el miedo, la soledad, el amor, los amores… «Es un mundo extraño», se decía en un momento de “Blue Velvet” (David Lynch, 1986). Arrebato comparte plenamente esa tesis.

    Gracias,

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