Jorge Wagensberg: sobre el arte creador

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Sea el universo el conjunto de todo lo que existe. Estoy seguro de que el universo existe porque creo en la existencia de al menos una cosa: la mente (la mía, claro): «Cogito, ergo sum». Pero como la frase no es mía, es casi seguro que mi mente no es un caso insólito del universo. Parece, pues, más que razonable concluir que las mentes no sólo existen, sino que además tienen la facultad de influirse mutuamente. Dividamos ahora el universo en dos partes. Sea una de las partes una mente cualquiera de las que habitan el universo y sea la otra parte el resto del universo. Tal desproporcionada partición puede hacerse, claro, para todas y cada una de las mentes. Si las mentes se influyen mutuamente es porque algo fluye entre unas y otras. Es decir, parece claro que la mente es capaz de producir algo y que al menos parte de ese producto mental es exportable, y no menos claro parece que al menos parte de ese producto mental exportable es, a su vez, importable por otra mente que, tampoco está descartado, acusaría tal importación. ¿Qué puede ser ese algo producido por la mente capaz de alcanzar otras mentes? Llamemos imágenes a los productos de la mente, esto es, a las representaciones que la mente se hace del universo o de parte del universo. Algunas de estas imágenes tienen la facultad de alterar el estado de otras mentes, son transmisibles. Llamemos a tales imágenes de otra manera. Llamémoslas conocimiento. Conocimiento es, pues, el producto mental capaz de perturbar el estado mental ajeno. Admitiremos incluso, como caso particular, que la mente productora y la mente receptora puedan ser la misma mente; pero, dado que para recibir primero hay que emitir, el conocimiento en el que sólo se involucra una única mente debe, necesariamente, rebotar en algún punto del mundo exterior.

¿Qué es crear? Crear es crear conocimiento. Según esto, el mismo universo sería el conocimiento de Dios, y el arte y la ciencia el conocimiento de los hombres.

La ciencia es en el fondo la creación más dolorosa para el hombre, pues el primer principio del método científico obliga a la mente a excluirse del objeto del conocimiento. El beneficio es conocimiento objetivo y universal, el precio es la soledad cósmica del científico. El científico no está presente en el modelo del mundo. Es, como máximo, una anécdota curiosa. Su objetivo es formular buenas preguntas a la naturaleza. La respuesta es lo de menos, porque cada pregunta llega en realidad con la respuesta a cuestas. La respuesta es pura rutina. El momento de íntima trascendencia para el creador científico es cuando una pregunta rebota en alguna parte y se refleja en forma de una nueva pregunta. Es justamente en ese momento cuando el científico es consciente de su acto creador. Pero no hay ciencia si los demás no dicen que la hay. El científico nunca está seguro de haber hecho ciencia.

El arte no sirve a tan cruel principio. Más bien al contrario. La mente creadora se empeña en estar presente en el objeto de conocimiento. El verdadero y acaso único principio del arte es el que asegura la probabilidad de una especie de milagro: la comunicabilidad de complejidades ininteligibles. El acto artístico es un acto entre pares de mentes, la productora de conocimiento y la receptora. La emoción del arte está siempre en la mente receptora que cree recibir. Y el momento de trascendencia para el creador artístico es, claro, cuando experimenta su propio milagro. Una sola mente es suficiente para la existencia de arte. El artista siempre sabe muy bien si ha hecho arte.

Jorge Wagensberg

En “Ideas para la imaginación impura: 53 reflexiones en su propia sustancia.” Barcelona, Tusquets Editores

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7 thoughts on “Jorge Wagensberg: sobre el arte creador

  1. Amigo Rubén. Se agradece el cumplido, pero quisiera aclararte que esa frase pertenece al propio Jorge Wagensberg, autor del artículo.
    De nuevo, muchas gracias por la visita.

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  2. Superduque, Ignacio, 23joechip, Laura,

    Vuestras reflexiones sobre este artículo nos han parecido magníficas y por ello queremos daros las gracias. Es admirable el afán que siempre ha tenido el hombre por intentar responder a todos los interrogantes, tanto materiales como espirituales… Un anhelo, por cierto, que le lleva a buscar una forma sistemática y científica de responder a todas y cada una de las preguntas filosóficas.

    Un saludo cordial

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  3. No creo que sea necesario probar la veracidad de las ideas expuestas aquí por Wagensberg, pero si alguien desea hacerlo, bastan unos pocos conocimientos sobre el concepto del límite en las Matemáticas, que como bien sabrán muchos de sus lectores está por definir. Sin embargo, es una categoría de gran operatividad artístico-literaria, especialmente en el área de los estudios filosóficos. Ya saben, aquello de: sea (o no sea) un universo estético propio en el cual el canon se defina por la norma n, siempre que Lim r (n) = Ln{°} o, dicho de otra manera, dada (o no dada) una función f definida en una vecindad reducida A de la norma g1, se dice que f tiene límite S, cuando n tiende a nz3, cualquiera sea la sucesión {n7} de puntos de la vecindad Y que converja hacia nX, la sucesión de las imágenes {ft(zw0)} converge hacia L>6.

    Así de simple.

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  4. No he reflexionado lo suficiente sobre lo que dice Ignacio Lara, pero en principio no estoy de acuerdo. Me gustan las palabras de Wasenberg ” La emoción del arte está siempre en la mente receptora que cree recibir”. ¿Que estando formado, siendo culto y teniendo sensibilidad suficiente (¿quién dice cuánto es suficiente Ignacio?) se aprecia mejor el arte, sin duda, pero no puedo dejar de pensar que había nazis exquisitamente preparados para apreciar las mejores obras de arte. También es verdad que lo que es llamado el mercado del arte (deberíamos dejarlo en mercado sin más, pues todo se compra y se vende) nos deja alelados a veces con las pujas y precios exorbitantes que se consiguen. ¿Son Jeff Koons, Damien Hirst, Miquel Barceló, unas basuras? ¿Lo fueron Picasso y Dalí (éste último hecho broma crítica con el anagrama avida dollars de Breton?). Creo que he sido arrojado a este mundo como decía Sartre y me gusta lo que me gusta y no me gusta lo que no me gusta, con las pocas o muchas preparaciones y oportunidades que he tenido. Y bueno…, esto es lo que me ha sugerido decir esta entrada. Gracias y saludos.

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  5. Particularmente, soy de los que piensan que el arte debe proponer sin recurrir a artificios extraños. Este nos ayuda a liberar tensiones, expresar sentimientos y deleitarnos en la contemplación, pero hay que tener la formación, cultura y sensibilidad suficiente como para distinguir la basura de lo que verdaderamente vale la pena…

    Saludos

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