Faulkner y la novela negra

La fórmula de André Malraux para su prefacio de Santuario: “la irrupción de la tragedia en la novela policíaca”, hizo fortuna. Fue una frase brillante, pero si consideramos la fase histórica y literaria de la novela negra americana, William Faulkner sobrepasó ampliamente las categorías del género.

Pero, en primer lugar, ¿qué es la novela negra? Más que una fórmula particular de la ficción policíaca, es –sin duda alguna– la expresión de una crisis de conciencia existencial, particularmente de la sociedad americana durante una treintena de años (grosso modo, desde 1930 a 1960). Si en el plano estrictamente formal la novela negra apareció como el relato de terror moderno y, por comparación a la novela policíaca canónica, como el relato que, en lugar de apoyarse sobre el razonamiento y la deducción lógica, otorga un lugar privilegiado a la acción inmediata, la pasión y la violencia, es imposible considerarla, comprenderla, penetrar los valores profundos y primordiales sin referencia precisa a aquello que pasó en los Estados Unidos, sin relación directa a sus problemas políticos, económicos, sociales y culturales.

Tal cual, la novela negra, ilustrada principalmente por Dashiell Hammet, Raymond Chandler, Horace Mac Coy, Chester Himes, James Cain, John Mac-Porland, y después por David Goodis, John D. Mac Donald, Charles Williams y Jim Thompson, es el mito del American dream llevado al paroxismo. Y, precisamente porque es portadora de un sueño imposible, tiene casi siempre los acentos de una tragedia.

Sueño de poder, sueño de dominación, sueño de sublimación, traduce el deseo del hombre contemporáneo proyectado al camino de una conquista (el dinero, el poder, el amor) para la que pone en juego todas sus fuerzas, y al término de la cual no encontrará más que el fracaso. En suma, el itinerario de un hombre solo en su marcha inevitable hacia la muerte.

Los protagonistas no son tampoco seres ordinarios. Su lógica reside en su extremismo; sus gestos, sus acciones en el frenesí: sus combates en el peligro; su psicología en la diferencia. Hombres y mujeres enfermos que, fuera de su maldición, no se realizaran jamás. Todo en ellos es excesivo. Víctimas y culpables al mismo tiempo, que son la encarnación de un desastre necesario en una sociedad donde triunfa la ilusión del triunfo. Tarados, degenerados, incapaces de asumir sus impulsos sexuales, de dominar sus deseos, vienen y van, guiados únicamente por su instinto, persuadidos de que nada les es imposible, de que todo está al alcance de su miseria y de su delirio, de la exacta desmesura de sus pasiones. Piensan poco –o nada–. Únicamente actúan.

Lo más frecuente, lo más destacable de la novela negra americana, es que se trata de una visión objetiva, explícita, que lleva un máximo de psicología, sin recurrir jamás al análisis psicológico tradicional, que representa un máximo de valores socio-culturales sin servirse nunca de un vocabulario apropiado.

Lo más frecuente, lo más destacable de la novela negra americana, es que se trata de una visión objetiva, explícita, que lleva un máximo de psicología, sin recurrir jamás al análisis psicológico tradicional, que representa un máximo de valores socio-culturales sin servirse nunca de un vocabulario apropiado.

En el momento en que está completa, la novela negra constituye, de este modo, un testimonio único y ofrece -tanto a nivel formal como de contenido- un indiscutible interés literario. El mundo de la corrupción burguesa (Chandler), la consagración de la mujer fatal (Cain), el racismo y el infierno de los guetos (Himes), el maccarthismo (Mac Coy), tal vez la realidad americana del segundo tercio del siglo XX jamás haya sido desarmado hasta ese punto, y hasta ese punto reconstruida.

Corifeos de una América que busca su identidad, su razón de ser, sus impulsos imperialistas, los autores de la novela negra escriben sin preparativos, sin ninguna retórica, los destinos despiadados de los que, en su horror de pertenecer a una sociedad en constante lucha –the struggle for life– que buscan en vano, incluso con el riesgo de perder la vida, forjarse una ideología del terror, considerándolo coma un ideal supremo.

En este contexto, la figura legendaria del detective privado no es, a decir verdad, más que puramente simbólica. Así pues, no es quien va a resolver un enigma o un conflicto, sino que es el testigo, el intérprete de una realidad social. Papel que, en la tragedia griega, estaba en cierto modo destinado al coro.

¿Es necesario, dentro de estas coordenadas, comparar la novela negra con las obras de Faulkner, de forma especial con aquellas en que la intriga posee un carácter policíaco, como Santuario, Requiem por una monja, Gambito de Caballo, hasta The Reivers?

Si Santuario, publicada en 1931, es generalmente considerada como una novela negra y, para algunos, como un modelo de este género, no cabe cuestionarse el hecho de clasificarla de la misma forma que las novelas de James Cain o de Horace Mac Coy. Aquí, Faulkner no se interesa verdaderamente por la realidad empírica de la época, aunque, como telón de fondo, se perciben las sacudidas económicas de finales de los años veinte, las consecuencias de la prohibición y los horrores del gangsterismo. Así como el hábito no hace al monje, el gangster tampoco hace la novela negra. De hecho, para Faulkner, lo principal es atrapar una “psicología” humana, describir determinados tipos de seres inadaptados, establecer paralelismos entre dos personajes abocados irremediablemente a encontrase y oponerse –Temple Drake y Popeye–, guiar al mismo tiempo dos destinos opuestos, el soplo del bien y el soplo del mal, la pureza y la degeneración, el candor y el sadismo, la inocencia y la perversidad. Contrariamente, quien consigue su objetivo es a través de una simulación, ya que Temple será violada con una mazorca de maíz.

Estos son precisamente los rasgos más sobresalientes de la célebre novela de James Hadley Chase, No hay orquídeas para Miss Blandish, (cuya primera versión data de 1938), que habitualmente es comparada con Santuario. Esta relación, en primer lugar, no es nada gratuita, pues los personajes de Chase recuerdan mucho a los concebidos por Faulkner, sobre todo la misma Miss Blandish y Slim Grisson. De este modo, si Popeye desde su más tierna infancia descuartizaba periquitos para excitar su placer, Slim Grisson sólo puede realmente experimentar el extraño amor que profesa por Miss Blandish a través de actos sádicos y violentos, por ejemplo cuando quiere sublimar su virilidad ante ella, haciendo uso de un cuchillo.

El hecho de que Chase se haya inspirado en Faulkner no parece ofrecer ninguna duda. La adecuación temática es patente. Sin embargo encontramos que en Santuario la acción policíaca es de las más sostenidas. El tono adaptado por Chase evoca mas a aquél inaugurado por Dashiell Hammet en El Halcón Maltés, aparecido en 1930, la primera novela negra de la historia de la literatura moderna, escrita según la asombrosa estética de la elipsis. Encontramos, sobre todo, que la visión de Chase, por eficaz que sea, jamás alcanza la intensidad trágica, la sombría y sensual rudeza, la majestuosidad desordenada y alucinante que recorre Santuario de una parte a otra. En la pluma de Chase, la tragedia queda convertida en un simple melodrama –una historia de acción en la que se inserta una historia de amor– y el mito, en anécdota; por cierto, verdaderamente magistral pero singularmente fría e insensible.

Por otra parte, Chase destila las escenas faulknerianos a lo largo de su obra, pero casi siempre para dar interés a una situación, para intentar suscitar un efecto de pánico, para provocar ciertos enfrentamientos. En The Double Shuffle, por ejemplo, nada justifica esencialmente la escena final, en la que vemos a una joven disminuida psíquica desenterrar el cadáver del hombre al que ha amado en secreto y acostarlo en su propia cama, como si allí, con el calor de su cuerpo, ella pudiese devolverle la vida. Una escena tal precipita el fracaso de la novela y lleva a la joven a cometer un crimen: el gangster de esta historia despachado a la manera ad patres, la moral queda salva. La imagen faulkneriana tiene, del mismo golpe, sólo la consistencia de un artificio.

Sin embargo, es necesario destacar que James Hadley Chase, era un autor inglés y que sólo tenía de los Estados Unidos, de su cultura, de su realidad política y económica, un conocimiento aproximado. Sabemos, en efecto, que sólo después de haber escrito docenas y docenas de novelas se dignó emprender el viaje a América para verificar, con sus propios ojos, sus intuiciones.

Si la relación entre Chase y Faulkner es esencialmente metafísica, podemos además pensar que la existencia entre el autor de Santuario y los principales representantes de la novela negra tampoco es directa ni sistemática. De manera general, extraerían más bien de la obra de Faulkner una psicología, tipos, perfiles, un clima humano y, de forma extrema, una determinada técnica novelesca. Así la percibimos en el uso del monólogo interior, muy hábilmente empleado por Horace Mac Coy en su obra maestra, Adiós a la vida, adiós al amor. Y también en la curiosa construcción de Energúmenos, de John D. Mac Donald, que evoca poco a la de El intruso.

Pero cuando los autores de la novela negra hablan con el lenguaje más simple y crudo, y no les importa girar alrededor de una palabra para encadenar las fases de una acción o expresar una idea, Faulkner, con un gusto pronunciado por la retórica caótica, hincha su escritura, amontona los epítetos y, en la exaltación del verbo, despliega una rara violencia motriz, según palabras de Alfred Kazin, la más polifónica de las letras americanas.

Lejos de adoptar un estilo lineal, Faulkner articula en función de los elementos del desorden para cristalizar mejor la necesaria, la absoluta complejidad de la angustia y la degeneración moderna, la perdición atávica del Sur. Todo en Faulkner tiende a provocar los obstáculos, los secretos, los rodeos hacia atrás, las confusiones, las interferencias, los saltos hacia adelante, las roturas, los equívocos, las dudas. En el plano formal, Hemingway está realmente más cerca de los autores de la novela negra que de Faulkner.

En el fondo, el universo faulkneriano y el universo de la novela negra únicamente convergen en la idea preconcebida del paroxismo, en la naturaleza intrínseca de los personajes puesta en escena. Individuos incrédulos, infelices, perversos, sin inteligencia, violentos, sádicos, impulsivos, desesperados, arrojados a una dolorosa lucha contra el tiempo. Intrusos, truhanes de pacotilla, animados por el terror de estar vivos. Todo un mundo de ambiciones locas y testarudez desmesurada. La certeza de que la violencia es la única riqueza universal y de que para combatirla, no existe más solución que asumirla y cogerla a manos llenas.

debedehaber

17 thoughts on “Faulkner y la novela negra

  1. Antes no podía leer tus artículos, hoy por fin pude hacerlo de abajo hacia arriba, tienen una mejor lógica interna y los asimilé bien. Me parece que el género de la novela negra está fundamentada en la psicosis de la violencia, es necesario vivirla para comprenderla.

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  2. Thank you for contacting DBD, Couver Mag. We sincerely appreciate your taking time to provide your interesting comment and feedback.

    Best regards.

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  3. The two best-known Howard Hawks films for which Faulkner received screen credit are “To Have and Have Not” (1944), the Humphrey Bogart/Lauren Bacall movie based on the Ernest Hemingway novel (screenplay by Faulkner and Jules Furthman); and “The Big Sleep” (1946), again with Bogart and Bacall, Hawks’ adaptation — from the script by Faulkner, Leigh Brackett, and Furthman — of Raymond Chandler’s first Philip Marlowe novel. Prior to working on this film Faulkner had expressed admiration for the authors of hard-boiled detective fiction, particularly Chandler and Dashiell Hammett.

    Warmest regards.

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  4. Reblogueó esto en Tengo sitio librey comentado:
    “Sueño de poder, sueño de dominación, sueño de sublimación, traduce el deseo del hombre contemporáneo proyectado al camino de una conquista (el dinero, el poder, el amor) para la que pone en juego todas sus fuerzas, y al término de la cual no encontrará más que el fracaso. En suma, el itinerario de un hombre solo en su marcha inevitable hacia la muerte.”

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  5. “Of all the gin joints of all the towns, in all the world; she walks into mine.”

    Esa es la mejor frase que ha pronunciado Humphrey Bogart.

    Gracias por compartirlo.
    Un saludo,
    Livia

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  6. Tu veredicto es rotundo y ha quedado meridianamente claro, estimado Jean Paul: Faulkner no, Hammett!
    Mil gracias por tu interesante y bien documentada opinión.
    Un fuerte abrazo.

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  7. “En sus momentos mejores nos parece superior a otros escritores que pasan por estar destinados a sobrevivir a su tiempo, como por ejemplo Hemingway y hasta Faulkner, tan aburridos ambos en mi experiencia de lector”, dice Luis Cernuda y dice bien. Y no, el taciturno poeta del 27, no se refiere a ningún candidato al Premio Nobel, ni al Pulitzer siquiera. Habla de un novelista, escritor sutil de impecable prosa nada poética, ex soldado, ex detective, ex ferroviario. Habla de Hammett, de Dashiell Hammett. Los amantes de la “buena literatura”, de la “literatura seria”, lo detestan pero, los cinéfilos, acaso identifiquen a Spade, Sam Spade, con el duro y escasamente sonriente rostro del inigualable Bogart en “El halcón maltés”. Y Spade es, sino la mejor, sí la más conocida creación de Hammett.

    Hammett fue el revulsivo norteamericano de ese género que, dice Cernuda, puede ser calificado de mercenario: la novela negra. Fue, también, el inspirador de la escuela del “hard-boiled” que, el hoy también olvidado Raymonf Chandler – ¿recuerdan ese delicioso libro titulado “Los peces de colores”? – pulió, limó y abrillantó a golpe de buen estilo y redondez en la novela.

    Acabo de releer “Cosecha roja”, la obra maestra de Hammett, una de mis novelas favoritas, donde la sangre se vuelve marea de trigo, pálpito del corazón y mancha en los ojos. La misma “Cosecha roja” que fascinó a Gide “ He podido leer con asombro considerable, bien cercano a la admiración “Cosecha roja” …”; y, más adelante, “He leído con vivísimo interés (y por qué no atreverme a decir que con admiración) The Maltese Falcón…”; y, de nuevo, “Curioso por leer la inencontrable “Llave de cristal”, que tanto me recomendaba Malraux, (…) avanzo con dificultad en “Chance”, el libro menos bueno de Conrad que yo conozca (…) Esa lentitud minuciosa parece aún más cansada tras el paso vivo de Dasiell Hammett.” (André Gidé, ‘Journal’ 1942-1949).

    Hammett retoma algunos elementos de Poe, iniciador del género en USA con “Los crímenes de la calle Morgue” y “El Misterio de Marie Roget” para transplantarlos, con humor y balas –muchísimas balas- a las calles de la América gringa habitadas por el tacón de aguja, los trajes oscuros de raya finísima y el whisky. Personajes atípicos, tugurios sórdidos, mentes retorcidas, callejones solitarios, vampiresas impecablemente peinadas a juego con bien lustrados zapatos de los matones de tercera… Estilo vivo, que no admite concesiones a la superficialidad ni al efectismo de la sangre que es mucha, constante, e inútil. Sin embargo, no es “Cosecha Roja” sanguinaria pese a los muertos -muchos muertos- balas a montones, dos que tres besos mal dados, media docena de miradas lúbricas y un detective gordo, feo, atrabancado…, que en nada se parece ni a Holmes ni a mi admirado Arsene Lupin, aunque resulte más eficaz que Holmes, Lupin y Dupin juntos. Aquí, como sucede en “Rififi” –un clásico francés del género, igualmente olvidado pese a ser inolvidable- bondad y maldad caminan sobre el mismo alambre en un juego inestable de equilibrios perfectamente sopesado por un Hammett magistral: nadie es bueno porque todos son malos, aunque unos lo sean menos que otros. Nadie es malo porque, dadas las circunstancias, todos poseen muy buenas razones para actuar del modo en que lo hacen, es decir, para eliminar cuanto espíritu viviente se atraviesa en su camino aunque, las razones de unos sean más válidas que las de otros. Aquí, como en Maquiavelo, el fin justifica los medios, esto es, las balas.

    Si “Las uvas de la ira” se considera la novela de la depresión, “La colmena” la de la posguerra española y, cualquier texto de Jane Austin una imagen fiel de la Inglaterra victoriana, Hammett, Dasiell Hammett, es, sin duda alguna, el cronista perfecto de los negros años de la ‘ley seca’. Acaso, en una de esas tediosas tardes de lluvia, que aprovechan las musas del Parnaso para ir de compras, sientas deseos de matar el tiempo con un libro no tan serio, no tan formal, no tan… tan… tan como esos libros que siempre aparecen en las listas de “los diez mejores libros que uno debe leer”… entonces “Cosecha roja”, “El hombre delgado”, “El halcón maltés”, “La llave de cristal”, “La maldición de los Daim” o el “Agente de la Continental”, pueden ser una excelente opción para descubrir que la literatura está llena de buenos escritores mercenarios, olvidados, empolvados por el tiempo y las academias que, sin embargo, son capaces pese al tiempo, el polvo y las academias, de seguir cautivando a sus lectores.

    Saludos cordiales y larga vida a ‘le romain noir’.

    JPK

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  8. Estimados amigos/as seguidores/as de es te magnífico blog.
    Os quiero comunicar que acabo de publicar en Amazón mi libro decimotercero titulado “Te robé tu identidad”.Autor: Carlos Cebrián González.
    Se trata de una novela de género negro, policiaca (ya que la Policía tiene que resolver una cadena de crímenes), esotérica, con dosis de satanismo, vudú, sexo. La acción transcurre en Italia, Madrid y Zaragoza. Con este cóctel os garantizo que mi novela no os va a dejar indiferentes. Espero y deseo que os guste.
    Dirección para descarga del libro “Consejos para conseguir empleo” y “Te robé tu identidad: http://www.amazon.es/gp/feature.html/ref=dig_arl_box?ie=UTF8&docId=1000576363
    Te robé tu identidad: http://www.amazon.es/dp/B00CQT4PBS
    Por tan solo 2,68 euros, pueden descargarse vuestros lectores , mi libro “TE ROBÉ TU IDENTIDAD”, que podrán leer en:
    KINDLE, O EN APLICACIONES PARA KINDLE PARA: IPAD, IPHONE,PHONE O ANDROID.
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    SINOPSIS DE “TE ROBÉ TU IDENTIDAD”
    “Marta Bernad, de 35 años, es una mujer maltratada. Sufre en silencio y con resignación, durante años en Zaragoza, su vida conyugal sin alicientes y plena de estrecheces económicas. Un día decide romper con su matrimonio y un intento de violación que sufre, le lleva a convertirse en una mujer despiadada y a cometer una serie de crímenes y maldades.

    Pactará con Satanás, recurrirá al vudú para librarse de quien obstaculice sus proyectos de alcanzar la riqueza y el poder, que ambiciona. Se convierte casi sin darse cuenta en un “Ángel de la Muerte”.
    Decide irse a Madrid a reunirse con su hermana gemela homocigótica. Anabel, una abogada de gran prestigio, socia de un importante bufete, que goza de una excelente situación económica, casada con Eduardo, viejo y famoso arquitecto con proyección internacional.
    Marta odia a Anabel, pero decide pedirle ayuda para poder convertir en realidad sus ambiciosos proyectos. Un absurdo cambio de roles, desencadenará una serie de acontecimientos trágicos de sangre y muerte.
    “Te robé tu identidad” es una novela perteneciente al género negro, policiaco, llena de suspense, misterio, esoterismo, sexo, amor. Una cadena de crímenes nos mantendrá en vilo hasta que, gracias a las investigaciones de dos policías, se llega a un final sorprendente e inesperado.

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  9. Raymond Chandler fue, efectivamente, un maestro en la creación de esas frases lapidarias y redondas que todos hemos soñado decir alguna vez. Esta que pone en boca de su personaje Philip Marlowe, en “Playback”, es –si no recuerdo mal– la única que encontré en toda la novela:

    –Supongo que esto la impulsará a abandonarme. Una vez, hace un año y medio, tuve un sueño aquí mismo. Aún quedan algunos jirones. No me gustaría que el resto se desvaneciera.

    Y estas dos, pertenecientes a sus novelas “El sueño eterno” y “Adiós muñeca”, son dignas de Groucho Marx:

    1) Se me acercó y sonrió; tenía dientes pequeños y rapaces, tan blancos como el corazón de la naranja fresca y tan nítidos como la porcelana (…)
    –Es usted muy alto –me dijo.
    –Ha sido sin querer.

    2) –General, tenga cuidado con su hija. Ha intentado sentarse sobre mis rodillas cuando yo estaba de pie.

    Pero en mi opinión, la mejor y más irónica de las frases escritas por Chandler fue la siguiente: “Si mis libros hubieran sido peores de lo que son no me habrían invitado a Hollywood, y si hubieran sido mejores yo no habría venido”.

    Un cordial saludo. Aesth

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  10. Como muy acertadamente se afirma en este artículo, sólo ciertas obras de Faulkner pueden ser asociadas tangencialmente a la llamada novela negra. En mi opinión –y centrándome estrictamente en el ‘roman noir’– Raymond Chandler ha sido el gran maestro del género. El creador del irónico y cínico Philip Marlowe tuvo siempre muy claro que el deseo de contar una historia y atrapar con ella al lector permite pocas florituras y ningún titubeo. Lo accesorio no existía para él. Todas sus narraciones tenían que estar en función de la historia que pretendía transmitirnos. Si leemos “The Big Sleep” (“El sueño eterno”), por ejemplo, descubrimos que el novelista creó una historia exacta, ajustada, sin ningún pasaje prescindible. No en vano, es una obra maestra de la narrativa moderna.

    Les felicito por su excelente bitácora,

    Aesth Fieldman

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  11. Gracias por tu interesante comentario, David. Ignoramos si te decepcionó el hecho de descubrir que James Hadley Chase –al que consideramos un maestro del género– estructuró su “No hay orquídeas para Miss Blandish” (en el año 1939) de manera similar a como lo hizo Faulkner diez años antes con “The sound and the fury”. También nos sorprendió en su día descubrir, a través de un reconocido crítico literario, que esta fabulosa novela del escritor sureño está influida por el “Ulises” de Joyce, que como sabes se editó en 1922.

    No obstante –y como se dice en el artículo– la relación entre el autor de “Santuario” y los más reconocidos autores de la novela negra norteamericana no es directa ni sistemática. Más bien se debería hablar de una determinada técnica novelesca.

    Un cordial saludo, amigo.

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  12. Estimados amigos: Es absolutamente cierto que “No hay orquídeas para Miss Blandish” –la mejor y más existosa novela de James Hadley Chase entre las muchas que escribió– se ha comparado en muchas ocasiones con “Santuario”, pero también es verdad que a pesar de su popularidad el libro despertó la hostilidad de muchos críticos en el momento de su publicación, y no sólo por su violencia. Uno de ellos llegó a escribir que –más que una inspiración– el libro era un descarado plagio de la gran novela de Faulkner. De nada sirvió que George Orwell lo defendiera y llegara a calificar este libro como “una brillante pieza literaria”, ya que –de hecho– las acusaciones de otros escritores persiguieron a Chase durante toda su carrera, teniendo éste que pedir públicamente disculpas a Raymond Chandler.

    No obstante, Hadley Chase fue –sin duda– un novelista lleno de virtudes (además de la asombrosa capacidad que tenía para escribir). Y eso que concibió sus casi cien novelas americanas desde Inglaterra y sólo pisó dos veces el país natal de Faulkner. Sus fuentes eran las enciclopedias, los mapas, los diccionarios de jergas y su portentosa imaginación. Es una lástima que, siendo sus novelas tan populares en Europa, se le haya traducido tan poco al castellano. “The Double Shuffle”, ciertamente, no se ha llegado a editar en España ni en Latinoamérica; sin embargo (misterios de la industria editorial) se puede leer en francés, ruso, italiano, polaco, hindi, portugués y otros muchos idiomas.

    Decía Alfred Hitchcock que para él no existía un mayor placer que la soledad, una novela de Chase y una taza de café. Y es que James Hadley Chase sigue siendo el maestro de suspense de toda una generación.

    Les agradezco mucho la publicación de este interesantísimo y bien documentado artículo en su excelente website

    Saludos cordiales de un hispano-francés residente en Boston.

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  13. Gracias por tus enriquecedoras palabras, Ricardo. En la obra de Faulkner también llama la atención lo caótico de sus textos, que sin embargo esconden una belleza inaudita en el lenguaje.
    Saludos

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  14. Muy buen análisis y observaciones. En especial lo del “máximo de psicología” sin “vocabulario adecuado”, que se repite en tantos personajes iletrados, ignorantes, que tanto le gusta a Faulkner poner en escena.

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  15. Ciertamente caótica y compleja es la narrativa del gran maestro norteamericano, Juan Ignacio. “El sonido y la lluvia” es, desde luego, una de sus mejores obras. Sin embargo –y respetando absolutamente tus preferencias– nosotros creemos que “Absalón, Absalón” es la más compleja de todas sus novelas … Lo que Faulkner pretendía en ellas, en todo caso, es que el lector penetrase a fondo en los hechos y en los personajes de sus libros antes de que pudiese acceder al significado completo de la historia.
    Muchas gracias por tu visita. Saludos.

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  16. Les felicito por este interesante análisis sobre un aspecto tan poco conocido en la obra de uno de los más grandes escritores del siglo XX. “Santuario” es una novela magistral, aunque yo prefiera “El Sonido y la furia”, considerada por muchos críticos la obra más importante del maestro sureño.

    Como saben, el tema central (que también podría tener alguna relación con la novela negra tradicional) es el proceso de disgregación y decadencia de la familia Compson en el ambiente racista del sur de Estados Unidos. Faulkner utilizó técnicas modernas como el flujo de consciencia de los personajes, estructuras de tiempo y espacio no lineal y, sobre todo, diferentes voces narrativas (también lo hizo de alguna manera David Goodis en su “Shoot the Piano Player”) para componer esta historia sorprendente, que no pudo ser íntegramente comprendida en aquella época, como siempre dijo el propio autor.

    Reciban un cordial saludo y mi enhorabuena por su magnífico blog.

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