Canetti, la lengua como lugar que permanece

ELIAS CANETTI: VIVIR EN LA LENGUA. Su nacimiento en 1905 en la ciudad búlgara de Rustschuk, la actual Ruse, entonces activo puerto del bajo Danubio y lugar de encuentro comercial, lingüístico y cultural, permite a Elias Canetti vivir los primeros años de su vida entre diversas lenguas.

Como Canetti escribe en Die gerettete Zunge. Geschichte einer Jugend (La lengua absuelta. Historia de una juventud), el primero de los tres libros que forman su autobiografía, en un mismo día se podían oír allí siete u ocho lenguas distintas. Un lugar de nacimiento que corresponde a la propia historia familiar y personal de Canetti. Elias Canetti, descendiente de judíos sefardíes que en su éxodo desde España vieron cómo su Cañete original, nombre de la población de Cuenca de la que procedían, se transforma en Canetti, tiene como lengua materna el judeoespañol, es decir, el español, lengua de su familia durante siglos, pero desde niño sabe oír y entender otras lenguas, y también hablarlas y tenerlas como instrumento de comunicación y de creación. Canetti, gran oidor, construye su forma de entender el mundo, poblado en su comunicación por una pluralidad lingüística, que es también literaria y cultural. El oír diferentes lenguas es decisivo para la personalidad de Canetti, que en todo momento está predispuesto para escuchar, para aprender, para interpretar críticamente.

La vida de Canetti se desarrolla con varios desplazamientos entre países, entre lenguas y entre culturas. El español, en su modalidad (diacrónica y diatópica) sefardí, es la lengua de su familia y de los amigos de su familia en Rustschuk, pero las muchachas campesinas que trabajan en su casa hablan búlgaro y de ellas aprende esta lengua el pequeño Elias, pero la olvidará por haber salido de su ciudad natal a la edad de seis años. En 1911 va con sus padres a vivir a Manchester, entrando así en contacto con la lengua inglesa, pero en la infancia de Canetti la lengua alemana es la lengua que hablan sus padres cuando quieren que no se sepa lo que están diciendo, es una lengua que él no entiende y por la que siente desde niño una especial atracción no ajena al misterio que es para él que sus padres hablen en una lengua que él no conoce.

LA LENGUA ABSUELTA

En La lengua absuelta recuerda Canetti sus primeras lenguas, el español sefardí, que nunca olvida, y el búlgaro, que sí olvida. Los hechos de los primeros años de su infancia se producen para él en español o en búlgaro y posteriormente, mientras los especialmente dramáticos se le quedan grabados en español, los demás y sobre todo los que están en búlgaro se le traducen en su mente al alemán, y así los conserva. No deja de ser interesante esta traducción al alemán, que le permite mantener los hechos en la memoria y escribir un texto autobiográfico. Sin que Canetti pueda explicar cómo, cuándo y por qué se produce esa traducción interior de la experiencia vital de su infancia, está convencido de que es una traducción que ha tenido lugar en el subconsciente, palabra que, por otro lado, evita siempre que puede.

La lengua es una elección de Elias Canetti, una elección en la que es importante la decisión de su madre, cuando enviuda, de trasladarse a Austria y, por tanto, al espacio geográfico de la lengua alemana. Tras morir su padre en 1912, Canetti abandona Inglaterra con su familia y se instala en Viena. Su aprendizaje del alemán comienza en el viaje a la capital austriaca: su madre le va diciendo frases en alemán y él debe repetirlas hasta que las pronuncie perfectamente. En alemán tiene constantes conversaciones sobre literatura con su madre y su aprendizaje del alemán supone para él conquistar la que era lengua privada de sus padres, es alcanzar un espacio vedado para él en los primeros años de la infancia. Y es el alemán la lengua en la que Canetti escribe su obra.

Pero el desplazamiento no se detiene: a causa del ambiente bélico existente en Viena, su familia se instala en Zurich, donde Canetti hace sus estudios elementales hasta 1921. Un nuevo traslado le lleva a Frankfurt del Meno, donde hace el Bachillerato; después, en 1924, va a Viena para estudiar Química. De nuevo en Austria, asiste a conferencias de Karl Kraus, que influye en él, y desde allí hace en 1928 un viaje a Berlín, donde conoce a Bertolt Brecht y también al escritor ruso Isaak Babel. En 1929 termina sus estudios en Viena, donde se casa con la escritora Veza Taubner-Calderón y donde vive hasta que en 1938, a causa del Anschluß y después de la noche de los cristales rotos, viaja a París y de allí a Londres, ciudad en la que vive durante muchos años, hasta el punto de obtener en 1952 la nacionalidad británica. Sin embargo, para Canetti, Suiza es siempre un espacio buscado, un país de acogida, y en los años 70 se traslada a Zurich, donde muere en 1994.

Desde su nacimiento en Bulgaria, en una de las ciudades de más intenso contacto entre lenguas y culturas, Elias Canetti se halla en un espacio en el que, aún sin desplazarse físicamente, como sucede en los seis primeros años de su vida, se producen constantes y cotidianos desplazamientos lingüísticos, culturales y sociales. La extraordinaria capacidad de percepción, recepción e interpretación de Canetti ya se manifiesta en esos años, como muestra en las páginas de La lengua absuelta que a ellos corresponden. El desplazamiento al que la infancia en Rustschuk había puesto las bases, adquiere una forma plena desde el momento en que el pequeño Elias viaja a Manchester y se proyecta, haciéndose más intenso con los traslados a Viena, a Zurich, a Frankfurt, nuevamente a Viena, a Berlín, nuevamente a Inglaterra y nuevamente a Zurich. Y en todos estos lugares, Elias Canetti sigue siendo una persona cuyo origen está en Bulgaria, y más concretamente en de la comunidad sefardí de este país. Los países en los que más tiempo de su vida pasa Canetti son Austria, Suiza (en la Suiza de lengua alemana) y Gran Bretaña, pero esto no cancela ni eclipsa sus raíces. Vivir la mayor parte de su vida en países de lengua alemana y de lengua inglesa alimenta la conciencia y la memoria del origen, pero de un origen que se ve enriquecido con el contraste con los espacios de adopción y con las aportaciones que a un espíritu receptivo y crítico como el suyo le ofrecen.

Canetti es un escritor de lengua alemana, uno de los más importantes autores del siglo XX en la literatura en lengua alemana, que es y ha sido la lengua de varios países y áreas geográficas de Europa, lo que da a esta lengua una función clave en la propia configuración de la cultura europea. En la concesión en 1981 del Premio Nobel de Literatura, que se le otorga por sus escritos marcados por una amplia perspectiva, riqueza de ideas y poder artístico, se tiene en cuenta que su obra está en lengua alemana y en esta lengua pronuncia Canetti, ciudadano del Reino Unido, su discurso al recibir el premio. Por propia decisión en los años de su infancia, aunque se trate de una decisión no ajena a la influencia de su madre, el alemán es la lengua de su obra literaria, tanto de su novela, de sus obras teatrales, de sus memorias y diarios, como de sus ensayos. Es la lengua elegida por Canetti para el arte y el pensamiento, y con esta función la utiliza esté donde esté, en su dilatada estancia en Gran Bretaña o en su también larga estancia en países de lengua alemana. Y Canetti nunca abandona la lengua alemana, permanece en ella y proclama su amor por sus más elevadas manifestaciones literarias clásicas.

LA LENGUA ALEMANA, SU LENGUA DE CREACIÓN

La lengua alemana es para Canetti su Heimatland, su patria, su tierra casa, su tierra residencia, su tierra por él habitada. Se trata, además, de una lengua que en la Europa de Canetti es una lengua transnacional e incluso transcultural, pues su ámbito se extiende por varios espacios políticos, geográficos y culturales. Si vivir en Austria, en la Suiza alemana y en Alemania es continuar en el espacio propio, y de por sí plural, de la lengua alemana, la infancia en Rustschuk y los años en Inglaterra suponen una lejanía del espacio geográfico del alemán, pero no una lejanía de la lengua alemana como espacio habitado. El anhelo del alemán que en su infancia en Bulgaria tiene Canetti, para quien es entonces la lengua de la intimidad de sus padres, tiene su correspondencia en los años ingleses, sobre todo en los que comienzan a contar a partir 1938, cuando Canetti se exilia a causa de la presencia del nacionalsocialismo en Austria con el Anschluß, la anexión de la República de Austria por Alemania. Canetti vive en la lengua alemana durante su ausencia de los países en los que ésta se habla y también cuando reside en éstos. La condición de lengua de llegada, de lengua meta, que el alemán tiene para Canetti en la peculiar traducción que su mente hace de los recuerdos de la infancia, de los conservados en español, pero sobre todo de los conservados en búlgaro, puesto que olvida esta lengua, intensifica su carácter de espacio en el que Canetti vive: el alemán es su lengua de interpretación del mundo que le rodea en cada momento de su presente, pero es también su lengua de interpretación del mundo que le envuelve cuando él aún no sabe alemán.

Inglaterra es durante mucho tiempo para Canetti una opción de residencia territorial, de lugar en el que vivir sin los peligros que seguir en Viena implica, aunque, a causa la guerra, no es un lugar de absoluta seguridad. Pero la opción lingüística de Canetti está hecha desde mucho antes y en Inglaterra se mantiene fiel a aquélla, lo que significa que continúa escribiendo en alemán en una situación de doble desplazamiento lingüístico y cultural. Primero, el sefardí de Bulgaria cuya lengua materna es el español ha elegido el alemán como lengua propia y de expresión de su actividad artística y de pensamiento. Después, el autor en lengua alemana, que en 1925 ya hace un esbozo de su gran obra de pensamiento, Masse und Macht (Masa y poder), que publicará en 1960, y que ya ha escrito su novela Die Blendung(Auto de fe), terminada en 1931 y publicada en 1935, así como dos obras teatrales: Hochzeit (La boda) y Komödie der Eitelkeit (La comedia de la vanidad), se desplaza a un país en el que no se habla alemán, sino inglés, y allí prosigue su escritura en alemán. Este doble desplazamiento, primero a una nueva lengua y después a un espacio geográfico, estando en el cual se mantiene, no obstante, en el espacio lingüístico por el que ha optado previamente y del que ha hecho su verdadero lugar de residencia, pensamiento y creación, no lo lleva a cabo Canetti sin reconocer unos vínculos y, en función de éstos, establecer una intensificación de los mismos, que hacen de él todo lo contrario de una persona desarraigada, en contra de lo que pudiera parecer. La presencia de Canetti en Inglaterra a partir de 1938, en unos momentos en los que permanecer en Austria habría tenido para él consecuencias muy graves, hace más intenso su habitar en la lengua alemana, en la lengua de su obra.

Canetti no sólo hace del alemán su lengua propia, su lengua de creación, de comprensión del mundo e incluso de comprensión de otras lenguas, sino que, a través de ella, entra plenamente en la literatura alemana, como lector y como autor. Ofrece un gran interés su relación con dos grandes escritores en lengua alemana, el alemán Thomas Mann y el austriaco Robert Musil, por el diálogo que supone entre autores en lengua alemana, en la que Canetti ya está y en la que publica sus obras. En Das Augenspiel. Lebensgeschichte 1931-1937 (El juego de ojos. Historia de una vida 1931-1937), el tercer libro de su autobiografía, cuenta que en 1931 envía el manuscrito de Auto de fe Thomas Mann y que aquél se lo devuelve sin leerlo, con una carta en la que le dice que no puede leerlo por la insuficiencia de sus fuerzas, hecho que le desanima mucho. Cuando en 1935 se publica la novela, Canetti se la envía a Thomas Mann, quien la lee y le escribe una larga carta en la que se disculpa por su actitud de cuatro años antes y con la que quiere reparar su injusto proceder de entonces. Sucede después que en un encuentro de Canetti con Musil, en el que el autor de El hombre sin atributos elogia Auto de fe, a Canetti se le ocurre decirle que acaba de recibir una larga carta de Thomas Mann sobre su novela, al oír esto la actitud de Musil se transforma y termina la conversación con Canetti. La admiración de Canetti por Thomas Mann y por Robert Musil se ve agitada por la actitud de éste hacia aquél. Y quien dialoga con estos dos grandes autores en lengua alemana es otro gran autor en lengua alemana.

LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

Canetti vive en las lenguas, en el alemán que comienza a aprender con siete años de edad y que hace lengua propia y en el español materno, lengua de la familia y de la primera infancia. El reconocimiento de los vínculos y su intensificación incluyen en Canetti la lengua española y la cultura sefardí. Éstas están presentes a lo largo de toda su vida. Canetti no olvida su lengua materna y lengua de su infancia; olvida el búlgaro, pero no olvida el español. Frases, palabras y, sobre todo, la propia conciencia de la lengua materna aparecen en sus memorias como un hilo que las atraviesa y es explicitación de sus raíces vitales más hondas. Adquiere el alemán, se adentra en una lengua que para él era la que marcaba la frontera entre el espacio de sus padres como matrimonio y su propio espacio, y lo elige como lengua de su pensamiento y de su escritura, pero no olvida el español, lengua que le vincula con el ancestral espacio de Sefarad, perdido tras la diáspora que siguió a la expulsión, pero que también también le vinculará, aunque tardíamente, a partir de 1936, con todo lo que tenga que ver con una cultura y una literatura cuya atracción y valor reconoce.

Las expresiones en español de su infancia en Rustschuk permanecen siempre en la memoria de Canetti, quien no las olvida, como tampoco olvida su primera lengua, la lengua de su familia. Sin embargo, no siempre tiene Canetti una conciencia de la trascendencia de su conocimiento del español. En El juego de ojos escribe Canetti que en 1936 no ha olvidado las canciones y los refranes en español oídos durante su infancia, pero esos recuerdos no le han llevado a más, se han quedado dentro de él detenidos por su percepción de la que él llama altanería de su familia, que, por su condición de sefardí, considera que tiene derecho a todo lo español en tanto en cuanto lo pone al servicio de su orgullo de grupo, principalmente para sentirse superiores a los demás judíos, a quienes no son sefardíes, a los askenasis, que son llamados con desprecio todescos por aquéllos. La diferencia que el español como lengua de comunicación cotidiana establece en Rustschuk entre la comunidad judía sefardí y la comunidad judía askenasi le hace críticamente consciente de la prolongación de esas raíces en el pasado y del enlace con la procedencia de sus antepasados. Pero es en sus conversaciones en Viena con un admirado amigo, Avraham Sonne, el doctor Sonne, como Canetti pasa a tener una relación afectiva e intelectual con todo lo español, yendo así más allá del espacio de lo español de su infancia. En El juego de ojos dedica Canetti muchas páginas al doctor Sonne, persona con profundos conocimientos en muchísimos y variados temas con quien diariamente mantiene Canetti una conversación de unas dos horas. Es Avraham Sonne quien, en sus conversaciones sobre la guerra civil que está teniendo lugar en España, despierta la conciencia de Canetti respecto de la cultura española y de la lengua española que trasciende del espacio concreto de la vivencia del español aprendido en la infancia. Como nos dice Canetti, Sonne, judío askenasi, se le revela como un excelente conocedor de la historia y de la cultura españolas. Sonne, para quien son muy familiares las tres culturas que convivieron durante siglos en España, hace que Canetti conozca la poesía arábiga y la historia cultural y literaria de España. La Guerra Civil española objeto de estas conversaciones lleva a Canetti a reflexionar sobre la pintura de Goya, de quien dice que es el primer y más grande pintor moderno. De Goya le interesa sobre todo su conocimiento del ser humano y su aborrecimiento de la guerra. Reconoce Canetti que las conversaciones con Sonne, en las que se habla de la Guerra Civil y en las que constantemente, a raíz de aquélla, surgen nombres españoles, lugares que tienen vínculos con recuerdos históricos y literarios, son las que le permiten conocer España y lo español, tardíamente, pero con fervor. También reconoce que debe a Sonne la conservación de su lengua española materna:

«A Sonne no le arredraba emplear el presente de esta guerra civil, que llegaba a afectarnos más que los acontecimientos de nuestra propia ciudad, para corroborarme en mi pasado, un pasado que, gracias a él, se hizo efectivo y real. De esta manera se cuidó de que, cuando poco después hube de dejar Viena, llevase conmigo más de mí. Él me preparó para que llevase conmigo una lengua y la conservase con tal energía que en ninguna circunstancia corrí el riesgo de perderla».

Canetti tiene, pues, una gran sensibilidad lingüística y cultural respecto de todo lo sefardí, pero también respecto de todo lo español en general. Siempre está atento a todo lo que encuentra relacionado con lo español. Sirva como ejemplo en sus notas londinenses, Party im Blitz. Die englischen Jahre (Fiesta bajo las bombas. Los años ingleses), su atención a las raíces del físico británico de origen irlandés Desmond Bernal, de apellido y de lejano origen español, descendiente de uno de los españoles que iban en las naves de la Armada Invencible que naufragaron frente a las costas de Irlanda.

LA ANTORCHA AL OÍDO

Y los desplazamientos territoriales no sólo no desplazan a Canetti de su vivir en las lenguas, sino que lo reafirman en él. Hacen que, ante el espacio geográfico cambiante, se aferre al espacio lingüístico propio, que para él no cambia. Podría considerarse que la literatura de Canetti es literatura desterritorializada, por los continuos desplazamientos de Canetti a otras lenguas y a otras culturas, pero su opción por el alemán hace que su obra esté perfectamente territorializada en esta lengua, en la que vive Canetti desde que opta por ella. La lengua alemana, una vez que Canetti se ha desplazado a ella, es su espacio propio, el territorio que va con él allí donde él vaya. Es su garantía frente a la desterritorialización, es el lugar que no abandona, el espacio desde el que no se desplaza aunque se desplace geográficamente. Pero la función de la lengua alemana como territorio, como espacio propio, también la tiene en Canetti la lengua española, como lengua de la más profunda raíz y puerta a una cultura que, para él antes parcialmente velada, se le descubre plenamente en las conversaciones con el doctor Sonne en Viena, donde su participación en conversaciones con diversas personas es su asistencia a «la escuela del buen oír», como escribe en el segundo libro de su autobiografía, Die Fackel im Ohr. Lebengeschichte 1921-1931 (La antorcha al oído. Historia de una vida 1921-1931). No carece de interés que una de estas dos lenguas es vehículo para la otra; si, por un lado, muchos recuerdos de infancia de Canetti pasa en especial traducción mental del español al alemán, por otro, el alemán como lengua de las conversaciones con Sonne permite el fervoroso conocimiento por Canetti de España y de todo lo relacionado con su lengua materna, el español.

Elias Canetti vive en la lengua alemana y vive en la lengua española, en la lengua libremente elegida y en la lengua materna, lengua salvada que no pierde ni abandona y que completa el territorio en el que vive y que ambas lenguas comparten.

Tomás Albadalejo Mayordomo © Universidad Autónoma de Madrid

4 Comments

  1. Mil gracias, amigo Ruben. Que el próximo año se cumplan igualmente tus deseos. Y que con la palabra, los idealistas como tú, mantengan a raya las dentelladas de los lobos sanguinarios que intentan someter a los pueblos.
    ¡Un gran abrazo lleno de esperanza solidaria!

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  2. He vuelto a releer recientemente los tres tomos que conforman la “Historia de una vida” de Canetti -La lengua salvada, La antorcha al oído y El juego de ojos-. Había leído dos de estos volúmenes hace diez años, pero ciertamente no les había exprimido el jugo como lo he hecho ahora. Y es que, estimados amigos, a medida que el ser humano envejece y va perdiendo la capacidad de disfrutar con los sentidos físicos, parece aumentar, sin embargo, su capacidad de disfrutar con los gozos del espíritu y del intelecto.

    Gracias por dar a conocer este interesante artículo. Saludos cordiales desde París.

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  3. Canetti es un escritor que contrapone la memoria viva al olvido y a la muerte. “Mantener a los hombres vivos con palabras, ¿no es eso acaso como crearlos con palabras?”, podemos leer en un apunte de 1945 incluido en “La provincia del hombre”. Y no es sólo la vida individual del autor de estas memorias lo que encontramos bajo el signo de la palabra que recuerda y conserva Canetti, sino también sus raíces en el peculiar y ya para siempre desaparecido mundo del judaísmo sefardí exiliado.

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