El Teatro de la Crueldad

Antonin Artaud en 1926

Antonin Artaud en 1926

Cuando Antonin Artaud llegó a París en 1920 sólo tenía 24 años. Allí se convirtió en actor teatral y, posteriormente, fue co-fundador del Théâtre Alfred Jarry, en el que produjo varias obras, incluyendo una suya, The Cenci, una ilustración de su concepto de Teatro de la Crueldad. Artaud utilizó este término para definir una nueva tesis de la dramaturgia que definió en su libro El Teatro y su Doble. Cabe suponer que la inspiración de sus teorías sobre la escena son herederas de las propuestas de Alfred Jarry. Los siguientes fragmentos de El teatro de la crueldad. Primer manifiesto han sido extraídos del citado libro de Artaud.

“No se puede seguir prostituyendo la idea del teatro, que tiene un único valor: su relación atroz y mágica con la realidad y el peligro. Así planteado, el problema del teatro debe atraer la atención general, sobrentendiéndose que el teatro, por su aspecto físico, y porque requiere expresión en el espacio (en verdad la única expresión real) permite que los medios mágicos del arte y la palabra se ejerzan orgánicamente y por entero, como exorcismos renovados. O sea que el teatro no recuperará sus específicos poderes de acción si antes no se le devuelve su lenguaje.

Se trata pues de hacer del teatro, en el sentido cabal de la palabra, una función, algo tan localizado y tan preciso como la circulación de la sangre por las arterias, o el desarrollo, caótico en apariencia, de las imágenes del sueño en el cerebro, y esto por un encadenamiento eficaz, por un verdadero esclarecimiento de la atención.

El teatro sólo podrá ser nuevamente el mismo, ser un medio de auténtica ilusión, cuando proporcione al espectador verdaderos precipitados de sueños, donde su gusto por el crimen, sus obsesiones eróticas, su salvajismo, sus quimeras, su sentido utópico de la vida y de las cosas y hasta su canibalismo desborden en un plano no fingido e ilusorio, sino interior.

En otros términos, el teatro debe perseguir por todos los medios un replanteo, no sólo de todos los aspectos del mundo objetivo y descriptivo externo, sino también del mundo interno, es decir del hombre considerado metafísicamente. Sólo así, nos parece, podrá hablarse otra vez en el teatro de los derechos de la imaginación. Nada significan el humor, la poesía, la imaginación si por medio de una destrucción anárquica generadora de una prodigiosa emancipación de formas que constituirán todo el espectáculo, no alcanzan a replantear orgánicamente al hombre, con sus ideas acerca de la realidad, y su ubicación poética en la realidad.

Pero considerar al teatro como una función psicológica o moral de segunda mano y suponer que hasta los sueños tienen sólo una función sustitutiva es disminuir la profunda dimensión poética de los sueños y del teatro. Si el teatro es, como los sueños, sanguinario e inhumano, manifiesta y planta inolvidablemente en nosotros, mucho más allá, la idea de un conflicto perpetuo y de un espasmo donde la vida se interrumpe continuamente, donde todo en la creación se alza y actúa contra nuestra posición establecida, perpetuando de modo concreto y actual las ideas metafísicas de ciertas fábulas que por su misma atrocidad y energía muestran su origen y su continuidad en principio esenciales.

Se advierte por lo tanto que ese lenguaje desnudo del teatro, lenguaje no verbal sino real, debe permitir, próximo a los principios que le transmiten su energía, y mediante el empleo del magnetismo nervioso del hombre, transgredir los límites ordinarios del arte y de la palabra, y realizar secretamente, o sea mágicamente, en términos verdaderos, una suerte de creación total donde el hombre pueda recobrar su puesto entre el sueño y los acontecimientos.”

8 Comments

  1. Espléndida reflexión la tuya, estimada Liliana. Estoy prácticamente de acuerdo con todo lo que expones en tu esclarecedor comentario, sobre todo con tu preferencia por la teoría teatral que siempre defendió Bertolt Brecht y –con anterioridad– el gran Henrik Ibsen. En mi opinión, son los autores que mejor representan un tipo de teatro que se caracteriza por el análisis psicológico de unos personajes que se oponen a las convenciones de la sociedad burguesa que les impiden ser libres; obras que se centran en unos temas y unas preocupaciones sociales que siguen siendo actuales… No obstante, y al margen de las tendencias que desde Platón vienen desarrollando unos y otros, está claro que el teatro sigue siendo necesario. A la gente se le debe facilitar la contemplación de un espectáculo en directo que le brinde la oportunidad de reflexionar, de aprender, de emocionarse.

    Un abrazo

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  2. Es interesante comparar las teorías del teatro de Rousseau (Carta a D’Alambert sobre los espectáculos en Ginebra) y las de Artaud. El primero proponía que no es posible un teatro moral —es decir, “político” o vinculado a la buena ciudadanía—, pues es imposible garantizar que el espectador acepte ser “educado” por el teatro y se convierta en buen ciudadano. Claro, Rousseau estaba frustrado por esta imposibilidad, y al igual que Platón en su República, rechazó el teatro como evento colectivo. Artaud, al enfocarse en la dimensión psicológica, descarta el vínculo ciudadano y se posiciona a favor de ritualizar la pasión o la dimensión irracional del individuo, desde un punto de vista, a mi ver, bastante ingenuo, sobre todo porque implica que, al vover a un estadio “primitivo” de la sociedad, el teatro nos hace más “libres”. Sin duda ambos teóricos del teatro estaban , como bien dices, olvidando la experiencia “literaria”, poética, o meramente cultural del gesto teatral. La pregunta queda sobre la mesa: por qué tratar de justificar el teatro “desde afuera”, tratar de someterlo a una utilidad que no agota su energía, doblegarlo al régimen de lo necesario, olvidando el placer que implica el disfraz, la impostura, el lenguaje exaltado, el gozo de salirse de la cotidianidad que queda cuestionada por el mero estar segregado —por el escenario, por la frontera virtual de la “actuación”— de esa experiencia del día a día. Prefiero a Bertolt Brecht, que al menos pretendía, quizás no adiestrarnos en los vericuetos del “pensamiento crítico”, pero sí en hacernos dudar de lo que creemos que sabemos… Muy buen comentario sobre Artaud! Lo he disfrutado. 🙂

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  3. ARTAUD, LE MÔMO

    Ah, mais il se peut que l’on n’ait rien à dire.
    Je veux dire que cela arrive.

    Mon corps vit par rapport à lui et non par rapport au vide d’un
    espace autour de lui.
    On n’en sort pas dans l’infini.
    L’espace est une illusion passagère.
    Sans parole, à l’extrême recul de lui.


    Avec mes salutations les plus cordiales,
    Claude Salas

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  4. Muchas gracias por tu comentario, Gloria. También aquí estamos convencidos de que las revolucionarias teorías teatrales de Antonin Artaud fueron, en gran medida, el resultado de su compleja e inestable personalidad. Una teoría literaria que muy pronto vinculó a Artaud al numeroso grupo de los grandes poetas y artistas alienados.
    Un afectuoso saludo.

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  5. Antonin Artaud fue el más grande de los malditos del siglo XX, ya que Baudelaire, Rimbaud y Verlaine escribieron en el XIX. El desequilibrio de este poeta dramático es anterior a sus primeras publicaciones, siendo cierto que la inspiración de sus teorías las heredó de Alfred Jarry. Por supuesto, estos fundamentos teatrales estaban además horadados de una u otra manera por su inestabilidad mental. Sólo desde la alienación, desde la lucidez de la alienación, claro está, puede alumbrarse la revolución que Artaud concibió para el teatro.
    Saludos cordiales.

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  6. Así es, Jean Paul, la estancia de Antonin Artaud en México resultó del todo fascinante para él. Es cierto que no se conocen demasiados detalles sobre su vida cotidiana en Ciudad de México, donde al parecer estuvo alojado en un conocido prostíbulo defeño. Mucho más se ha escrito (o especulado) sobre su convivencia con la tribu indígena de los Tarahumaras, donde experimentó con el peyote y otros alucinógenos. Tal vez esas vivencias le llevaran posteriormente a interesarse por la astrología y el tarot. Pero como muy bien dices, la única manera de conocer a fondo las experiencias que Artaud vivió en ese fantástico país es leyendo el libro que recomiendas.
    Saludos cordiales y nuestro sincero agradecimiento por tus letras.

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  7. Quisiera recordar a sus lectores que Antonin Artaud llegó a México en 1936, donde escribió algunos textos, pronunció varias conferencias y tuvo experiencias místicas con el peyote. Quería sentir y vivir una cultura, tan diferente a la europea, que él ansiaba conocer.
    Se desconocen muchos detalles de su estancia en México, y hasta dicen que la mayor parte del tiempo que estuvo allá lo pasó en un café de la calle Gante, e incluso que comenzó a relacionarse con el hampa de la Plaza Garibaldi… En una carta enviada a su editor, Artaud le dice: “Espero poder contarle a mi regreso muchas cosas extraordinarias. México es un país asombroso, posee reservas de fuerza, y las posee; se puede decir, al desnudo. Para nada me equivoqué al venir aquí.”
    Para conocer a fondo las experiencias vividas por Artaud en mi país, recomiendo la lectura de su libro “México y Viaje al país de los tarahumaras”.
    Reciba un cordial saludo.

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