Cayendo de pie

joan josep camacho grau***

“Kuas”, y no “Klo”, es la pronunciación exacta del apellido de mi familia, Klossowski, que significa “espiga de trigo”. Es una palabra eslava muy antigua que existe también en ruso. Mi padre se ponía furioso cuando alguien decía “Klo” –estaba muy orgulloso de ser polaco. Yo le quería mucho.

BALTHUS

ANIMAL LOCOMOTION, 1887

*
Otra jodida fotografía
en otro jodido museo.
Tras el cristal de seguridad
tres imágenes de Muybridge.

1.
El contorsionista levanta un pie
por encima de la cabeza.

2.
El contorsionista cruza los dos pies
por encima de la cabeza.

3.
El contorsionista esconde la cabeza
entre las dos piernas.
Y todo en calzoncillos
agarrado a dos aros de gimnasta.

Pensaba que el movimiento
se demostraba andando.
Pero por lo visto
no es así.

Ahora sé
que el mundo se retuerce
mientras cruza el universo
a horcajadas del hombre
retorciéndolo como un animal
que muestra el culo
y oculta el rostro.

NO ES EL HERMANO DE BALTHUS*

Klossowski piensa
que su matasanos
le está vaciando
la vida y el bolsillo.

Klossowski recuerda
la consulta de lujo
de su chamán particular:
escritorio de caoba,
incunables de siglos pretéritos,
una enfermera con dos tetazas.

Klossowski se lamenta
de su mala suerte:
sesenta papeles
por una mierda de receta:
“Deje de fumar y de beber.”

Como si no lo supiera.

Pero este Klossowski
no es aquel Klossowski,
el hermano de Balthus.

Se trata de un tío en un bar
sorbiendo una cerveza
y apurando un cigarrillo
mientras intenta leer
un libro de Klossowski.

No piensa ni en médicos
ni en cánceres ni en otras nimiedades
que no sean los pechos
y el culo de la camarera.
Se trata de un malentendido
y de un poema pésimo.

SINCERAMENTE, SUYO

La Poesía –me dijo-
se está convirtiendo
en una merienda de negros,
en un circo romano sin pan ni vino,
sólo con sangre.
—añadió—,
la cosa está mal, realmente, mal,
pero no podemos transformar
el desaliento en un espectáculo rociero.

Y mientras me dedicaba su poemario
de deslumbrante tapa dura
le dedicaba una sonrisa
al público que se agolpaba
haciendo cola ante su mesa
en el hall de El Corte Inglés.

MAL DE OJO

Ya no sé
si pisar mierda
es bueno o malo.

Desde hace unos meses
el malestar me está martirizando:
migraña, mareos, diarrea
y un virus verrugoso expandiéndose
por la planta de mi pie derecho.

El médico dice: “Todo bien”.
El curandero dice: “Todo mal”.

Alguien está haciendo vudú
con alfileres y un muñeco
muy parecido a mí.

Si el alma existe
y se asemeja a mi cuerpo,
más me vale
que visite al notario, al capellán,
o, directamente, al forense.

Más me vale.
*

LIENZO DE UNA PEQUEÑA MUERTE

Hoy no puedo
más.

Estoy en el dique seco.

Me masturbo mirando
una púber patiabierta en el despacho
de algún psiquiatra pedófilo
que una vez pintó Klossowski
(aunque no sé cual de los dos).

El posterior vacío
es una sensación semejante
a arrancarse un poema
adherido a las propias carnes.

Pero sólo parecida.

Hoy no puedo
más.

ACCIDENTE DE BICI*

Clavícula rota
a la espera de cirugía.

Quizás un par de clavos
y una lenta recuperación.

Semanas perdidas
en el abismo.

Ya lo sabes:
el dolor no es nada
hasta que lo es todo.
*

TORO SALVAJE, 1980

Mi padre no habla de las enfermedades
que se lo están comiendo vivo.

Yo tampoco pregunto.

Hablar sobre quistes leñosos
alojados en el cuello y otros achaques
no forma parte de nuestra conversa.

Cuando nos vemos me comenta
su nueva vida como taxista de mi hermana,
las plantas que cultiva, los pájaros que cría
y sus incursiones como pescador
en la Costa Brava.

Mi padre parece Jake La Motta
encarnado por Robert de Niro:
espaldas anchas, brazos musculosos
y un poderoso derechazo.

En el cuadrilátero es el rey.
Fuera de él es un niño perdido,
un hombre destrozado
por los años y los excesos.

Pero ahora es feliz.
Y eso cuenta
siempre.

Siempre.
*

PARECE VALLEJO*

Hace rato
que me aburro
sentado
en el umbral
de mi puerta.

Un tipo
se ha parado
en la calle
justamente
cuando sacaba
las llaves
para subir al piso.

Me ha pedido un cigarrillo.
Se lo he dado.
Me ha pedido fuego.
También se lo he dado.

De perdidos al río.

He encendido un cigarrillo.
El tipo es peruano
y me explica
historias inconexas
de su vida errante.

Parece salido
de un estercolero.

Me recita versos
que me son familiares.
Le digo
que son de Vallejo.
Me dice que no
que son suyos.

Me pide unas monedas.
Se las doy y se larga.

Se lo come la noche
como antes lo había vomitado.

He dicho
que me aburría
pero estoy seguro
de que este encuentro
es lo mejor
que me ha pasado
esta noche.

Sin duda.
*

AUTORRETRATO AL VACÍO*

En el espejo
ya
nada.

Ni el reflejo
de las grietas del tiempo
decorando los surcos de los ojos
y las comisuras de los labios.

Ni un atisbo
de la sonrisa más amable
ni del perfil agradable
de una figura conocida.

Ni la sombra
de tu sombra
despidiéndose
de todo.

Sólo
tiempo malgastado
y cenizas sin futuro.

Nada
ya
en el espejo.
**

OTRA VEZ KLOSSOWSKI
*

Klossowski, el Otro,
en una fotografía
en blanco y negro.

Este sí que es Balthus.
Lo dice el pie de foto:
“Balthus en Gstaad, 1997.”

El viejo decrépito
aguanta un cigarrillo
a medio apurar
y en la otra mano
—entre los huesos—
tiene un pañuelo.

Un crucifijo
le cuelga del cuello
y lleva puesto
un mono de trabajo
manchado de pintura.

El pelo blanco y lacio
no puede esconder el audífono
ni el rostro cadavérico
de mirada ausente
como claveteada en Dios.

No hay mucho más.

Es Klossowski, el Otro.
*

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