Buscando la dirección de tu sepulcro

Tan blanca sobre el gris del aluminio, tan bien acomodadas las manos sobre el vientre. Virginal y castamente desnuda; los ojos, los labios, las piernas cerradas. Pefectamente hermosa y nacarada en tu inmovilidad de estatua, estética y estática. Fue, viéndote así, que abandoné el cuchillo. El horror –¿podía acaso ser de otra manera?– se fue diluyendo en ahogo, fiebre apretada en los muslos, en los puños cerrados, junto a la ropa mal amontonada contra la mesa, bajo el latir arrítmico de los pulsos… Dudé, extendí la mano y, antes de rozarte siquiera, golpeé con fuerza el cajón vecino. Me hice daño, aún me duele. Herido, tembloroso de ganas, entreabrí con mis dedos los tuyos para dejar asomar las puntas suavísimas del pubis. No quería probar, lo juro. Desvié la mirada cuando ya la lengua –rebelde a cualquier asomo de voluntad– calaba humedades de golosina bajo las uñas amoratadas. Lo demás fue lo de menos: Separar los brazos y las piernas en gracioso vaivén de colgaduras, ascender para luego descenderte y estallar en ti con la fuerza de un volcán mil años dormido. Luego huí. Tomé el cuchillo y huí aterrorizado, hambriento, confuso…

Hoy regresé a buscarte. Te habías ido. Cogí, además del hígado de un hombre, el libro de registros. Ambos están sobre la mesa: el paté, delicioso a los ojos, no me apetece. En el libro, desesperadamente como Susan, busco la dirección de tu sepulcro.

2 thoughts on “Buscando la dirección de tu sepulcro

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s