Perfume de manzanas

Atesoro en la punta de la lengua la sangre que te mana de la herida y, golosa, la libo como néctar de ambrosía. Tinto en azul la niebla que reviste el cuerpo de tu sueño. Yo soy tu dirección, yo tu sentido. Ven, camina, atraviesa los márgenes que mecen los ríos de la pena que es mi pecho refugio que te espera solícito. Será por ti cornisa que te cubra, pilar que te sostenga y arbotante. Ven, camina, atraviesa el torrente de los llantos y busca en el regazo de mi enagua solaz que te proteja. Enrédate a mi vera, ácromas las miradas y caliente la piel. Soy sombra que refresca la palabra y en ella te adormezco. Yo soy tu dirección, yo tu sentido. Ven, camina, atraviesa el pesar y reposa en mi vientre las heridas…. Y, ahora, amor, presiénteme a tu espalda, las manos enredadas en tu pelo que el aliento acaricia. Siente los dedos largos, las uñas afiladas que aletean, el calor de las yemas, el rubor de las palmas y respira suave, una vez, otra y otra más… Soy yo y estoy ahí, contigo, para enjuagarte el llanto y sostenerte en un beso muy cálido, muy dulce, muy casto y muy pequeño de esos que sólo dicen: aquí estoy, contigo y a tu lado mientras quieras… recuesta la cabeza entre mis senos y respira el perfume de manzanas… Duerme… descansa… duerme.

Judith Israel

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