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El infructuoso trabajo del poeta acecha “La Muerte de Virgilio”, de Hermann Broch

La muerte de Virgilio, novela total que Hermann Broch concibió durante cinco semanas de encarcelamiento en Alt-Ausse tras ser detenido por la Gestapo (la terminaría en el exilio gracias a la asistencia del P.E.N. Club de Londres y a una beca Guggenheim), se desarrolla desde diversos puntos de vista, el más importante el literario. Trata sobre la función del poeta y, en último término, sobre el sentido último de qué deba ser el arte en relación con el conocimiento. Broch, en una prosa honda y bella, cuenta  a lo largo de 556 páginas el drama imaginado de las últimas horas de la vida de Virgilio, en el puerto de Brindisi.

Hermann Broch es todavía un desconocido fuera del ámbito de la literatura germánica. No tiene la fama que merece, pero su prosa se afirma en la lenta progresión de las valoraciones y se sitúa, en su conjunto,  como una de las mayores obras del siglo XX, junto con las de Joyce y Proust. Cuando Thomas Mann leyó La muerte de Virgilio no vaciló en declarar que se trataba “del poema en prosa más importante escrito en lengua alemana”.

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Fascinado por su paisaje, Rilke demora su estancia en Ronda

El 29 de diciembre de 1926 moría en Suiza Rainer María Rilke, quizá el mayor lírico alemán contemporáneo. A los 90 años de su desaparición, y desde Ronda, que sigue fascinando con su paisaje intacto, primigenio, con el erguido pedestal de las rocas sobre las que se alza, y a la vez con su ambiente acogedor, podemos volver a preguntarnos por el significado de la estancia aquí del poeta más europeo de nuestro tiempo, el que se apoyó en tantos países, desde Rusia a España, para su realización como hombre y como poeta.

Rainer Maria Rilke, retrato de Helmuth Westhoff.
Rainer Maria Rilke, retrato de Helmuth Westhoff.

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Pier Paolo Pasolini o el sombrío discurso de la perversión

Yo empezaría diciendo que Pasolini no era un provocador, es decir, alguien que sin arriesgar nada se limitaba a hostigar al orden y la ley, sino un continuo querellante, es decir, alguien que en cada momento asumía el riesgo de su propia destrucción, el riesgo del castigo, y que miraba de frente a la muerte, entendida ésta como el grito de su deseo, en los dos sentidos del término: el riesgo como lo que da valor al deseo y al mismo tiempo como lo que hay que pagar por el deseo. Es por eso que, acerca de su muerte, pienso que fue lo más significativo y ejemplar de toda su vida.

La verdad del deseo no es la muerte, pero el deseo incluye la muerte como algo que nos atraviesa y que nos remite a un interrogante sobre la perversión, pues esta última es la única estructura donde se dice y se hace explícita la verdad de aquel. Lo que evidencia de una forma absoluta la perversión es que el sujeto no busca otra cosa que sacrificarse al objeto de su deseo. Es por esto por lo que hay una perversión primitiva, por así decirlo arquetípica, de la cual se desprenden todas las demás: el masoquismo.

De tal modo, todo lo que pensaba Ítalo Calvino acerca de una alternancia, en la obra de Pasolini, entre la violencia y la pureza o la nostalgia, no es más que una estructura distinta que viene a superponerse a la de la perversión y en última instancia al masoquismo, que atraviesan la vida y la obra de Pasolini. Intentaré desmontar la relación entre Pasolini y la perversión en tres niveles.

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Haroldo Conti infunde en su novela “Sudeste” el pálpito del gran delta del río Paraná

Entre lo cartográfico y lo mitológico,  Sudeste es el relato del viaje fluvial de su protagonista. El viaje es un itinerario existencial en busca de la utopía, entre lo local y lo universal, entre la voluntad documental y el impulso poético de un texto intenso e indagatorio, un texto de engañosa facilidad, lleno de zonas oscuras –como el paisaje, como el personaje-, de despliegues metafóricos – el más evidente la equiparación del río con el fluir de la vida- y de cargas de profundidad en su corriente insondable.

Documental y lírica, local y universal, realista y utópica, la primera novela de Haroldo Conti tiene una sorprendente fuerza y está basada en la minuciosidad del relato hasta el extremo de transmitir lo verdadero.

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Vanguardias rusas, el esplendor del arte moderno

A punto de concluir el siglo XIX, una poderosa oleada de movimientos pioneros del arte moderno, radicalmente opuestos a  las convenciones existentes en la pintura, surgen en las capitales rusas, fundamentalmente en San Petersburgo, pero también en otros territorios del Imperio ruso y, luego, de la Unión Soviética. En Bielorusia y Ucrania, por ejemplo, nacen algunos de los más conspicuos representantes de este amplio fenómeno que crea los fundamentos de un nuevo arte, el arte moderno, tal como hoy lo entendemos, entre ellos se cuentan Kazimir Malévich, Wassily Kandinsky y Aleksandra Exter. Las llamadas vanguardias rusas se desarrollan a través de diversos movimientos artísticos y conceptuales entre 1890 y 1930, aunque estos límites temporales no son, en absoluto, excluyentes.

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Los desdenes amorosos alientan los más bellos versos de Guillaume Apollinaire

El 26 de agosto de 1880, Angélica de Kostrowitzky, una joven polaca de veintidós años, hija de un noble polaco exiliado, da a luz en Roma un niño cuyo nacimiento fue registrado cinco días más tarde por la comadrona ya que la madre deseaba conservar el anonimato. Aquella hizo inscribir al niño con los nombres de Gillaume Albert y el apellido de Dulcigni.

Como se supo más tarde, el padre de Apollinaire era un noble italiano, antiguo oficial al servicio de los Borbones, que había seducido a la muchacha de 21 años. Dos meses después, la madre reconoce al niño y lo inscribe formalmente con los nombres de Guillaume Albert Wladimir Alexandre Apollinaire.

Marie Laurencin, "Groupe d'amis", 1908 (de izquierda a derecha, Picasso, Marie Laurencin, Apollinaire y Fernande Olivier)
Marie Laurencin, “Groupe d’amis”, 1908
(de izquierda a derecha, Picasso, Marie Laurencin, Apollinaire y Fernande Olivier)

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Los encargados

Este vídeo fue grabado en la madrugada del 14 de agosto de 2012 y presentado como pieza central de la exposición Los Encargados, una acción artística de Jorge Galindo (1965) y Santiago Sierra (1967), dos artistas que quisieron señalar de esta manera a los responsables de la situación límite española.

La “Generación Beatnik”, de la eterna juventud hacia la autodestrucción

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No vale la pena discutir acerca de si la llamada “Generación Beatnik” constituye realmente una generación, una “escuela”o un mero grupo de hombres más o menos amigos que en verdad tuvieron escasas conexiones literarias como para homologarlos bajo algún rótulo. No vale la pena porque cualquiera que los haya leído sabe que ninguno de las dos posturas es cierta; los Beatniks soportan dignamente la etiqueta de “Generación” por la cercanía cronológica de sus integrantes y especialmente por su juventud, pero no tienen ni por asomo entre esos mismos integrantes una comunidad férrea de estilo o ideología para considerarlos una escuela literaria. ¿Qué tiene que ver el lamento religioso y mortuorio de Big Sur de Kerouac con el humor corrosivo de los poemas de Corso, qué las novelas cut-up de Burroughs con el imperativo poema “Manifiesto populista” de Ferlinghetti?

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El arte actual sigue a los pintores postabstractos, herederos de las vanguardias

Un recorrido interesado por el arte actual, en muchos casos descrito con el confuso término de contemporáneo, permite concebir  casi de inmediato la idea de fragmentación en los trabajos de los pintores de este siglo. Una especial efervescencia de nombres, la actividad artística incesante, pero, sobre todo, una multiplicación de tendencias y modos  bautizados, a veces de modo caprichoso, se mueven en  Estados Unidos  de costa a costa junto a constantes intercambios con Europa.

Desde el postcubismo a las variantes evolucionadas del arte abstracto (la tendencia actual más extendida en la pintura norteamericana con representantes consagrados como Elizabeth Neel (Vermont, 1975) o Tomori Dodge (Denver, 1974), pasando por el graffiti y otros muchos estilos dispersos como las pinturas como fotografías, el arte pictórico del siglo XXI se ramifica hasta extremos desconocidos hace sólo unas décadas, cuando estaban bien establecidos, hasta cierto punto, es cierto, las escuelas y las adscripciones que los críticos ponían en orden. Destaca en este panorama, como germen de la abstracción moderna, la llamada escuela británica de pintores abstractos a la que pertenecen artistas como John Walker y Gilian Ayres.

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Juan Rulfo descubre la belleza recóndita en un paisaje desolado, de seres solitarios

A Juan Rulfo (Apulco, Jalisco, 1918-1986) le bastó una novela, Pedro Páramo, y un libro de cuentos para ocupar un lugar de privilegio dentro de la literatura. Creador de un universo rural inconfundible, el narrador plasmó en sus narraciones no sólo las peculiaridades de la idiosincrasia mexicana, sino también el drama profundo de la condición humana. El llano en llamas (1953) reúne quince cuentos que reflejan un mundo cerrado y violento donde el costumbrismo tradicional se desplaza para vincularse con los mitos más antiguos de Occidente: la búsqueda del padre, la expulsión del paraíso, la culpa original, la primera pareja, la vida, la muerte.

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Pedro Páramo se publicó en 1955, dos años después de los relatos de El llano en llamas. En el arranque de la novela, Juan Preciado promete a su madre en el lecho de muerte ir en busca de su padre, Pedro Páramo, un pequeño cacique pueblerino a quien no conoce. «El olvido en que nos tuvo cóbraselo caro» le dice ella, y Juan parte hacia Comala, un pueblo imaginario que es el verdadero protagonista de estas páginas.

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Guimarães Rosa escribe un pilar de la novela moderna: “Gran Sertón: Veredas”

“Gran Sertón: Veredas” se publicó en Brasil en 1956, transformándose en un clásico instantáneo y al mismo tiempo indefinible. En palabras de su autor “es tanto una novela como un largo poema”. João Guimarães Rosa (1908-1967) ya era considerado uno de los autores más originales de la literatura brasileña después de la edición de los relatos de “Sagarana” en 1946 , pero con la aparición de “Gran Sertón” se convirtió en uno de los escritores brasileños más conocidos universalmente. (En la primera fotografía, Joao Guimaraes aparece en un viaje al Sertao Mineiro en 1952.)

En esta novela, cuyo escenario es el sertón –un área geográfica situada al nordeste del Brasil que figura en la literatura brasileña como una concepción de la identidad nacional–, la trama está constituida por un largo e ininterrumpido monólogo que el yagunzo Riobaldo le relata a un médico urbano. Se trata de un yagunzo (“un valentón asalariado que está ligado a la idea de prestación de servicios, típica en las disputas grupales o familiares” según Antonio Candido) que durante una etapa de su vida fue maestro. Su condición de maestro torna verosímil un monólogo cargado de citas, referencias y ecos de la literatura universal: desde el infierno dantesco a la urbs joyceana, pasando por la leyenda de Fausto y la literatura de caballería.

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Mutis, Guimaráes Rosa y García Márquez

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Tras una extenuante huida, Walter Benjamin se suicidó en Portbou hace 75 años

Los últimos meses de la vida de Walter Benjamin se pueden reconstruir sólo a partir de testimonios rarísimos. Huyendo de la llegada de los ejércitos alemanes, el filósofo y ensayista nacido en Berlín en 1892, logró llegar a Marsella, esperando obtener allí el visado que le permitiría viajar a Estados Unidos. En esta ciudad, se veía amenazado por las continuas redadas de la policía que detenía a toda persona en situación irregular. Numerosos emigrados se encontraron de este modo encarcelados, o rechazados fuera de la «zona libre». Benjamin debió vivir en Marsella con mucha frecuencia en la clandestinidad, como los personajes de la novela de Anna Seghers “Tránsito”, excelente novela que narra las crueldades de una burocracia implacable en la ciudad francesa durante aquellos años.

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Fotografía del pasaporte de Walter Benamin

Para todos los que no podían obtener la autorización de salida de Francia, el visado de tránsito hacia España que se concedía en Marsella, no era de ninguna utilidad y, como último recurso, no quedaba sino una huída por los Pirineos.

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Días tranquilos en Clichy: Henry Miller se une en París a Lawrence Durrell y Anaïs Nin

Henry Miller fue capaz de ofrecer una imagen indeleble de Nueva York, la ciudad donde creció y se formó, pero el hecho de establecerse luego en París le convirtió en un observador privilegiado de la vida en la capital francesa, y a través de las andanzas sexuales de dos amigos y compañeros

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de piso, Joey (Miller) y Carl (Alfred Perlès), traza una espléndida imagen del París nocturno, prostibulario y sórdido de 1933, en su novela corta Días tranquilos en Clichy, compuesto por dos episodios.  Los escarceos de Carl con una menor, las tretas para no pagar los servicios a las prostitutas o los encuentros con personajes singulares van yuxtaponiéndose hasta convertirlos en un recorrido acelerado y sincopado por diversos y fascinantes espacios que Miller retrata perfectamente con las mínimas palabras. Con justicia se ha convertido en un clásico de la literatura erótica. Ésta es quizás la obra de mayor fuerza visual y trepidante ritmo de Miller, fue llevada al cine en dos ocasiones, en 1970 por Jens Jorgen Thorsen y en 1990 por Claude Chabrol, y es todo un referente de la novela erótica.

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Durrell convierte Alejandría en un personaje más de su “Cuarteto”

El pasado febrero, sin fastos ni celebraciones, se cumplió el 103 aniversario del nacimiento de Lawrence Durrell, el escritor británico cuya obra más conocida, el Cuarteto de Alejandría, le concedió un lugar privilegiado y merecido en la literatura universal.

Esta extensa narración está compuesta por una tetralogía de novelas que fueron publicadas, originalmente por separado, entre 1957 y 1960, obteniendo un gran éxito, tanto de crítica como de público. Presentan cuatro perspectivas diferentes de un mismo conjunto de personajes y acontecimientos que tienen lugar en Alejandría, Egipto, antes y durante la II Guerra Mundial.

En estas novelas, Lawrence Durrell investiga el amor en todas sus formas, y en ellas se mezclan pasajes de gran belleza con estudios sobre la corrupción y con una compleja investigación sensual.

Las novelas Justine (1957), Balthazar (1958), Mountolive (1958) y Clea (1960) que forman la tetralogía de Durrell son un despliegue de riquísimo y variado en cuanto a recursos lingüísticos, en el manejo de los personajes y las atmósferas, que la convierten en una obra de excelente y propositiva factura formal. “Como la literatura no nos ofrece Unidades, me he vuelto hacia la ciencia, para realizar una novela como un navío de cuatro puentes cuya forma se basa en el principio de la relatividad”, señala Durrell para explicar su aspiración de representar el espacio-tiempo en su novela.

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John Dos Passos escribe un fresco puntillista de la gente corriente de Manhattan

John Dos Passos, de origen portugués; seis pies de talla, desgarbado, miope, hizo sus estudios en la Universidad de Harvard. A poco de graduarse fue por primera vez a España. Luego, cuando los Estados Unidos entraron en la I Guerra Mundial, sirvió en el frente hasta que se firmó el armisticio.

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Dos Passos (1896-1970), ha sido considerado como un escritor representativo de la llamada generación “perdida”, o “maldita”, cuyas novelas, amargas y profundamente impresionistas atacan la hipocresía y el materialismo de los Estados Unidos entre las dos guerras mundiales y tuvieron una honda influencia en varias generaciones de novelistas europeos y estadounidenses. John Roderigo Dos Passos nació en Chicago (Estados Unidos), el 14 de enero de 1896.

Dos Passos fue miembro de la denominada Generación Perdida, en donde también se incluyen autores como Ernest Hemingway o Francis Scott Fitzgerald. Su estilo se encuadra en el realismo de la Escuela de Chicago, en el cual se desmitifica el sueño americano desde una gradación expresionista y una tonalidad desilusionada y pesimista.

Tras publicar en 1919 una novela de carácter autobiográfico, La iniciación del hombre, el éxito, aunque modesto,  le llegó con su segundo libro, Tres soldados (1921). Mucha más repercusión tuvo  posteriormente  uno de sus títulos clave, Manhattan Transfer (1925). Además de las obras  citadas, sus novelas más significativas son El paralelo 42 (1930), 1919 (1932) y El gran dinero (1936), tríada de novelas que componen la llamada Trilogía USA. Tampoco son desdeñables Hombre joven a la aventura (1939), El número uno (1943) y El gran proyecto (1949), títulos estos últimos que integran también otra trilogía, la denominada Distrito de Columbia.

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Sánchez Robles inventa duros, lúcidos monólogos de seres derrotados por la realidad

El escritor Miguel Sánchez Robles, en una foto reciente.

Miguel Sánchez Robles es uno de los mejores escritores españoles actuales según el criterio de DEBEDEHABER, a pesar de que sus obras no han tenido aún el reconocimiento que hubieran debido por su original estilo, por su crudeza a ras de suelo y, especialmente, por su grado poético.

Sanchez Robles nació en Caravaca de la Cruz en 1957 y es profesor de Historia en el instituto Ginés Pérez Chirinos de aquella ciudad. La tristeza del barro, ganadora del premio Fray Luis de León, fue la primera gran novela que llegó a manos de lectores avezados, aunque, como sus otras obras, no ha tenido la difusión y presencia en las librerías que se habría podido esperar de su prosa minuciosa y triste, en la que el sarcasmo asoma por doquier.

La mayoría de sus libros están editados gracias a los numerosos premios literarios que ha ganado; de ellos, gran parte, son volúmenes de poesía: Desecación de la Alegría (2004),  Arder, haber ardido (2004),  Cuento cosas del huésped que me habita (2001) y Palabras para un tiempo sin respuesta (1999), entre otros.

A sus dos principales novelas –escritas bajo el radical impulso de su talento poético–, la primera ya citada como obra mayor y la segunda titulada Donde empieza la Nada, se ha unido recientemente una más, Corazones de cordero, novela con la que Sánchez Robles ganó en 2013 el Premio Internacional Javier Tomeo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, editada por Ediciones Gens. Seguir leyendo “Sánchez Robles inventa duros, lúcidos monólogos de seres derrotados por la realidad”