Los resaltes rocosos situados en el lado oeste de las montañas destacan pintados de un rosa carne al ser alumbrados por un amanecer próximo a su final. En el horizonte, unos picos triangulares se recortan contra el cielo raso, de un azul aún apagado, como siluetas planas, inconsistentes. Más cercanas, algunas nubes, casi a ras del suelo, atraviesan el valle de norte a sur hasta alcanzar los cerros próximos, mientras las casas y las calles enroscadas desaparecen a su paso.
Inesperadamente, tambien nosotros nos vemos alcanzados por una densa niebla, atrapados en medio de un paisaje opresivo y misterioso. Aún debemos esperar unos minutos en la estación antes de continuar nuestro viaje a través de la ciudad envuelta en un opaco manto gris sucio.





